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    <title>Ecos Diarios</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Necochea.</subtitle>
    <updated>2026-08-06T15:18:15+00:00</updated>
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            Una única palabra
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p19P1pR_LHEnRFiUXrk0vXtwXT8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/poesia_nancy_almassio.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Si un día desaparecieran las palabras,se escondieran en el fondo del mar,los labios sellados,los sentimientos afloraran por tus ojos,destellos en tu pupilacomo signo y símbolo,el códice en las miradas,la escritura más verdadera,alma de tlacuilo.</p><p>Si un día volviéramos a la intemperie,a la desnudez del sentimiento,la ingenuidad humana,la necesidad de la tibieza del abrazo,agua, alimento y pampa,cielo, pastizal y sueñoy una historia que se escribe sin conciencia,la vida sin palabras,humanidad en libertad.</p><p>Si un día las palabrashuyeran de tu boca,avergonzadas de su destino:estigmas, clasificaciones, juicios.Ellas saben que han nacido blancaspara manifestar la belleza del mundo.Se traiciona su alma, ante la ofensay entonces,se repliegan en el rincón de los silencios.A salvo, en la mudez del exilio,esperarán el nuevo descubrimientode un lenguaje nuevo.</p><p>Si un día te regalaran la virtud de pronunciaruna única palabra en tu vida,¿Cuál dirías?</p>Sobre la autora:<p>NANCY ALMASSIO es poeta, investigadora y docente nacida en Necochea (Argentina). Participó en numerosos certámenes literarios y obtuvo diversas distinciones, destacándose el 1° premio internacional en el IX Concurso Poético Internacional UPF Argentina (2020) a la poesía: Mi paz, tu paz.</p><p>Publicaciones:&nbsp;</p><p>Hombres irreales (2017) De los Cuatro Vientos. Argentina</p><p>Mujeres reales (2018). De los Cuatro Vientos. Argentina</p><p>Amores invisibles (2020). De los Cuatro Vientos. Argentina</p><p>Poética de la esperanza (2024) De los Cuatro Vientos. Argentina</p><p>&nbsp;El exilio de las almas (2025) Sabersinfin y El Mundo Iluminado. México</p><p>Poesía infinita (2026) Sabersinfin y El Mundo Iluminado. México</p><p>Ganadora &nbsp;del 3° premio en el Concurso “Enrique Anderson-Imbert” de ensayo 2025 SADE Filial La Plata con el ensayo “La palabra poética como puente de transformación de la ausencia en presencia. Una mirada hacia el interior de la poesía de Jorge Boccanera”</p><p>Ganadora del Premio Nacional Faro de Oro Vip 2026 en la ciudad de Mar del Plata por su labor como escritora y poeta.</p><p>Es coordinadora de Sabersinfin en Necochea y conductora del programa “Poéticas del mundo”.&nbsp;</p><p>Es presidente de la Filial necochense de la Sociedad de escritores de la Provincia de Buenos Aires (SEP)</p><p>Jurado en el Concurso Buenos Aires Fantástica y de los Juegos Bonaerenses 2025 en la categoría Narración Oral Escénica, Necochea para contar 2025 organizado por la Municipalidad de Necochea y Ecos Diarios.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p19P1pR_LHEnRFiUXrk0vXtwXT8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/poesia_nancy_almassio.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Nancy Almassio]]>
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                                                <category term="ecos-literatura" label="Ecos Literatura" />
                                <updated>2026-08-06T15:18:15+00:00</updated>
                <published>2026-08-06T14:46:02+00:00</published>
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            Más de la mitad de los libros que se publican en Amazon ya fueron creados con inteligencia artificial
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4SjhHOxmeIVLJKGp_JEAdW-hUJ8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/libros_hechos_con_ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La inteligencia artificial ya no solo escribe artículos, responde consultas o genera imágenes. Ahora también está transformando el mercado editorial. Un reciente estudio reveló que más de la mitad de los libros publicados a través de Amazon presentan un nivel significativo de contenido generado por IA, un fenómeno que crece a un ritmo acelerado y que empieza a preocupar a escritores, editores y lectores.&nbsp;</p><p>La investigación, realizada sobre más de 14.000 libros de ficción autopublicados en Amazon entre 2023 y 2026, detectó que una gran proporción de las obras contiene al menos un 25% de texto generado mediante inteligencia artificial. Aunque estos títulos todavía representan una porción menor de las ventas totales, su presencia en el catálogo aumenta constantemente y cada vez ocupan más lugares entre los libros mejor posicionados.</p><p>En paralelo, otro análisis centrado en la categoría de autoayuda encontró un dato aún más llamativo: el 77% de los nuevos libros publicados en ese segmento entre agosto y noviembre de 2025 fueron generados con IA. Los investigadores analizaron 844 títulos y observaron que los libros escritos por personas obtenían, en promedio, muchas más reseñas que aquellos creados con inteligencia artificial, lo que sugiere una mejor recepción por parte de los lectores.</p><p>El fenómeno tiene un nombre cada vez más utilizado en la industria: "AI slop", una expresión que hace referencia al contenido producido masivamente con inteligencia artificial, generalmente con escasa supervisión humana y priorizando la cantidad por sobre la calidad.</p>Amazon ya tomó medidas<p>La empresa comenzó a reaccionar frente al crecimiento explosivo de este tipo de publicaciones. Desde 2024 limita la autopublicación a un máximo de tres libros por día por autor y, además, exige que quienes publiquen mediante Kindle Direct Publishing indiquen si el contenido fue generado con inteligencia artificial. Sin embargo, esa información no se muestra públicamente a los compradores.</p><p>Amazon diferencia entre contenido generado por IA, cuando el texto o las imágenes fueron creados directamente por una herramienta de inteligencia artificial, y contenido asistido por IA, cuando el autor utiliza estas herramientas únicamente para corregir, editar o mejorar un trabajo propio. Solo el primer caso debe ser declarado al momento de publicar.</p>Un mercado cada vez más saturado<p>Los investigadores advierten que la facilidad para producir libros completos en pocas horas está modificando el ecosistema editorial. El número de títulos disponibles crece mucho más rápido que las ventas, lo que reduce la visibilidad de los autores tradicionales y hace más difícil para los lectores distinguir obras de calidad entre miles de publicaciones.</p><p>Mientras algunos consideran que la inteligencia artificial democratiza el acceso a la publicación y permite que más personas escriban, otros sostienen que la avalancha de contenido automatizado amenaza con saturar las plataformas y perjudicar tanto a los escritores como a los lectores.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4SjhHOxmeIVLJKGp_JEAdW-hUJ8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/libros_hechos_con_ia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio detectó que la IA ya domina buena parte de la autopublicación y reaviva el debate sobre el futuro de los autores.]]>
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                                                <category term="tecnologia" label="Tecnología" />
                                <updated>2026-07-31T15:27:36+00:00</updated>
                <published>2026-07-31T15:22:07+00:00</published>
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            El visitante
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HgUSc2739Pf6k7hDF0zvtibm_n4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/el_visitante.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En mi barrio existe una historia, un saber que comparten tácitamente todos los que llevan el tiempo suficiente viviendo acá, pero que no conocerás a menos que hagas las preguntas correctas, o tengas la desdicha de experimentarlo.&nbsp;</p><p>Mi familia lleva generaciones viviendo en esta casa, los padres de mi abuelo la compraron y vivieron acá casi toda su vida, y mis abuelos después de ellos, y cuando la Pandemia dejo sola a mi abuela y aquellas paredes de repente se le volvieron demasiado grandes, mis padres que llevaban varios años huyendo de alquileres cada vez mas insostenibles, decidieron perpetuar la tradición.&nbsp;</p><p>En general era un barrio tranquilo, en la zona vieja de la ciudad, alejado del bullicio del centro. Yo que había pasado mucho tiempo con mis abuelos y prácticamente crecí en estas calles, para cuando nos mudamos allí, ya conocía y me llevaba bien con muchos de los vecinos.&nbsp;</p><p>Hacia unas semanas que habíamos llegado, yo me había desvelado intentando estudiar en una noche lo que no había estudiado en tres meses cuando lo oí. El que era mi cuarto entonces se encontraba de cara a la vereda y la casa en si estaba pegada a la de la vecina. Por lo que, pude oír con claridad como alguien había comenzado a llamar a su puerta.</p><p>La mujer era una anciana de esas que le hacen cuestionar a uno su propia juventud. Pues era tal su energía y vitalidad que apenas por su aspecto uno podría adivinar que pasaba los noventa años. Raro era pasar por su casa y no oír el sonido ahogado de voces animadas, así es que ya estaba acostumbrado a oír lejano el sonido de alguien tocando a su puerta. Por lo que, cuando esa madrugada, oí aquella rítmica sucesión de golpes suaves contra la madera, tardé mas tiempo del que me gustaría en comprender lo extraño de la situación.&nbsp;</p><p>Aunque la mujer no era ajena a reuniones nocturnas, no solían terminar muy tarde, y por lo que había oído hasta entonces, o más bien, por lo que no había oído, aquella noche se había acostado temprano.&nbsp;</p><p>Al cabo de un minuto o dos, los golpes volvieron a sucederse y yo, viendo en aquello una oportunidad para seguir escaqueándome de mis responsabilidades, me quede escuchando.&nbsp;</p><p>Nadie respondió y los golpes se sucedieron una vez más. Eran las 2:16 de la madrugada. Podía oír el viento empujando las hojas caídas de los arboles por las agrietadas baldosas de la vereda a través de la ventana, por demás, ni siquiera se escuchaban los motores de coches o motos lejanas.&nbsp;</p><p>No es una zona peligrosa, la mayoría de los que viven aca son ancianos y las personas más jóvenes que conocía, eran gente por demás respetable, pero vivimos en el país en el que vivimos y la posibilidad de que fuese alguien peligroso se me paso por la cabeza.</p><p>Oí un intento mas y ese fue el último, sin embargo, esperaba oír el sonido de los pasos alejándose en el inusual silencio de la noche, pero eso fue todo. &nbsp;Durante los siguientes minutos, no oí nada y cuando comprendí que me había quedado sin excusas, volví a lo que estaba haciendo, pero siempre fui una persona curiosa. Y, al día siguiente, cuando, saliendo de casa, encontré a la mujer sentada en un banco de piedra en a un costado de su puerta de entrada, tras saludarla, no pude evitar preguntarle</p><p>— ¿esperaba a alguien anoche?</p><p>— No, nene —contesto distraídamente —ayer me acosté temprano ¿Por qué?</p><p>— Porque ayer como a las dos y algo me pareció escuchar que le tocaban a la puerta.&nbsp;</p><p>La expresión usualmente jovial de la mujer se transformo de pronto en una mueca sombría como jamás le había visto. Aquello me incomodo y se me ocurrió que podría haber dicho algo que le resultase irrespetuoso, aunque no terminaba de comprender el que, pero entonces volvió a hablar con una voz que intentaba sonar tranquila, pero desbordaba intranquilidad por todos lados</p><p>—anda a saber… no, yo no esperaba a nadie. Me habrían llamado y en el celular no tengo nada.&nbsp;</p><p>—pensé en salir a ver, por cualquier… —pero me interrumpió, sobresaltándome.&nbsp;</p><p>— ¡no! —y pareció sentirse culpable por elevar tanto su tono y rápidamente volvió a aquel intento de indiferencia mal disimulado —cuando escuches algo así, nunca tenes que salir.&nbsp;</p><p>En aquel momento, atribuí aquella reacción desmedida a esa empatía casi paternal que suele tener la gente mayor por los mas jóvenes, sobre todo aquellos pertenecientes a familias de amigos cercanos, y aquella mujer había sido amiga de mis abuelos desde siempre. Por lo que no quise darle mas disgustos y decidí dejar el tema ahí.&nbsp;</p><p>Ese día y los siguientes a ese transcurrieron con normalidad, y pronto, las mil y una explicaciones posibles para lo que había ocurrido, lo fueron enterrando en lo mas profundo de mi mente hasta que casi me hube olvidado de ello. Y no volví a pensar en ello hasta casi una semana después, cuando iba de camino a lo de un amigo y un vecino me detuvo. Un hombre grande, no solo de edad sino de proporciones, que llevaba un pequeño taller mecánico en una esquina de la cuadra.&nbsp;</p><p>Así había sido desde que tenia memoria y no tenia pinta de que fuese a dejar de hacerlo mientras el cuerpo se lo permitiese. El taller en si era del tamaño de un comedor, por lo que además de sus herramientas y maquinaria, solo tenia espacio para un auto a la vez, y a los siguientes los atendía directamente allí en donde los dejasen estacionados. Cuando me llamo, primero con mi nombre y cuando me gire, con un gesto para que me acercase, tenia la camisa al hombro y una mano engrasada sosteniendo un mate de acero, al frente de las entrañas al descubierto de un Peugeot 504.&nbsp;</p><p>En el alfeizar de uno de los ventanales enrejados del taller, una gata negra y gorda — que había aprendido por las malas a NO tocar— se acicalaba al sol de la tarde.&nbsp;</p><p>— ¿Cómo le va? —saludé al acercarme.&nbsp;</p><p>&nbsp;—bien, bien. Che, ¿qué le dijiste a la Tere? —habló bajando la voz con tono de reproche&nbsp;</p><p>— ¿yo? —inquirí — ¿Por qué?&nbsp;</p><p>—no sé, desde que hablaste con ella el otro día, anda medio raro.&nbsp;</p><p>—el otro día… —intenté recordar y fue la primera vez que aquel suceso volvió a mi mente —la última vez que hable con ella, le fui a avisar que le habían estado tocando la puerta la noche anterior. &nbsp;</p><p>— ¿a la noche a qué hora?&nbsp;</p><p>—a eso de las dos de la mañana, creo.&nbsp;</p><p>El hombre se quedo en silencio un momento y pude ver en su rostro la misma expresión que la mujer hacia unos días, pero en el pude reconocer algo que ella había sido opacado por el miedo: Conocimiento.</p><p>— ¿vos lo escuchaste? —preguntó, ahora con un tono más preocupado.&nbsp;</p><p>—sí</p><p>—pero no saliste.&nbsp;</p><p>—no, pensé en salir, pero me quedé escuchando por si fuese cualquier cosa.&nbsp;</p><p>—bien que hiciste. —asintió. —escucha, si volvés a escuchar algo así, no se te ocurra salir.&nbsp;</p><p>Aunque aquellas palabras, en otras circunstancias, no deberían distar mucho de advertencias sobre no andar por ciertas zonas cuando oscurece o cuestiones similares relacionadas con la inseguridad, algo en la forma en que lo decía me resulto lo suficientemente extraña como para preguntar&nbsp;</p><p>— ¿Por qué?&nbsp;</p><p>El hombre, como si no se sintiese cómodo hablando de ello, dio una ojeada a su alrededor antes de preguntar&nbsp;</p><p>— ¿tu abuelo nunca te contó del Visitante?&nbsp;</p><p>Intenté recordar ese nombre. Con mi abuelo en particular había tenido muchas conversaciones y de muchos temas. Era un hombre con el que se podía hablar de todo, pero ese era un nombre que no recordaba que hubiese mencionado alguna vez.&nbsp;</p><p>—no, que yo recuerde. —conteste finalmente &nbsp;</p><p>El hombre suspiro, me puso una mano engrasada en el hombro —algo de lo que me percataría más tarde— y hablando bajo, mirando cada tanto de reojo a su alrededor, comenzó a relatar.&nbsp;</p><p>—hacía mucho que no pasaba, pero cada tanto aparece. No sabemos que es, pero la familia de tu abuelo y la de los Jerez —haciendo un ademan en dirección a la esquina de en frente— que son los que hace más tiempo que están acá, ya contaban que se les aparecía. Por ahí estas solo a la madrugada y te tocan la puerta, miras por la ventana y no hay nadie.&nbsp;</p><p>— ¿y qué pasa si abrís? —pregunte, sorprendiéndome a mi demasiado interesado por todo aquello.</p><p>—No importa lo que pasa si le abrís. —sentenció visiblemente afectado&nbsp;</p><p>—Si esperas gente a la noche, mas vale que te llamen al teléfono o que te toquen timbre, pero nunca tenés que abrir cuando te tocan la puerta tan tarde.&nbsp;</p><p>Aunque no soy Ateo, tampoco me considero una persona creyente ni supersticiosa, pero cuando ves el terror en los ojos de un hombre de esos que no expresan sus sentimientos ni con un arma en la cabeza al contarte una historia como la que acababa de escuchar, no te quedás indiferente.&nbsp;</p><p>Quería saber más, pero se notaba que no le gustaba hablar del tema, así que me mostré satisfecho con sus respuestas y pronto la conversación quedo terminada. El hombre volvió a lo suyo y yo seguí mi camino, aunque no pude quitarme aquel pedazo de historia de mi barrio, hasta que el ritmo de la conversación con el resto de mis amigos se fue por insondables derroteros y solo me permitió volver a pensar en ello cuando volvía a casa, en la tranquilidad de la noche, por demás común en aquellas calles, pero que entonces, ante mis ojos había adquirido un matiz siniestro del que probablemente no podría volver a despojarla nunca.&nbsp;</p><p>Se me ocurrió preguntarle a mi abuela. Tal vez mi abuelo no había querido contarme nada de lo que podía ser una superstición, pero tal vez a ella le había comentado algo. Y así había sido, pero no estaba precisamente feliz de hablar del tema. Mi abuela era una mujer profundamente religiosa, y tenia una postura radicalmente negativa ante cualquier creencia o elemento que estuviese del lado exterior de las inmediaciones de su iglesia. Así es que, el simple hecho de haber mencionado aquello, fue motivo para alterarla. Ordenándome que no hable de esas cosas, porque los estaría llamando.&nbsp;</p><p>Mentiría si dijese que no intenté preguntar una o dos veces mas por la cuadra, pero lo que sea que había oído hacia unas noches, había dejado una huella tan profunda en la memoria del barrio, que nadie se atrevía a contarme mas de lo que ya sabía. Así es que todo aquello fue quedando en el pasado. Enterrando nuevamente en lo profundo de los recuerdos, esta vez, durante varios meses, hasta la noche de ayer.&nbsp;</p><p>Me había quedado a cuidar a mi hermana y habíamos pedido comida, y en lo que llegaba, yo me había metido a bañar. Apenas unos minutos después, la escuche gritarme preguntando donde había dejado la plata. Le respondí, pero me resulto extraño que hubiesen tardado tan poco y no haber escuchado el bocinazo de ninguna moto. Cuando volví al comedor, vi la mesa vacía y voltee en dirección al sillón donde supuse que estaría mi hermana, pero ella no estaba y la puerta estaba abierta, dejando entrar el rumor de una noche inusualmente silenciosa.</p>Sobre el autor:<p>Mi nombre es Tobias, Naci en Necochea, Provincia de Buenos Aires. Siempre me gustaron el terror, el suspenso y el misterio. Lovecraft y su círculo han sido mis principales influencias, y tengo el loco sueño de ser Escritor. Pero no fue hasta la pandemia, hasta el encierro y la soledad, que todo esto se volvió una prioridad y, desde entonces, es a lo que le dedico todo mi tiempo libre.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HgUSc2739Pf6k7hDF0zvtibm_n4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/el_visitante.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Tobías - Ecos Literatura]]>
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                                <updated>2026-07-31T15:07:45+00:00</updated>
                <published>2026-07-31T15:06:31+00:00</published>
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            No más llanto
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/O1QM4gKbOGRFCDQc7ehtXj21KxM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/lluvia_asfalto.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Contra la acerachocael llanto del cielo.Qué coincidenciasabrá la nubede mi melancolía.El espejo me devuelveal finuna imagen de paz:Todo está en su lugar.De la desilusiónsurge la fuerza.Del errorel aprendizaje.Las perlas siguen cayendotransparentes y frías.Pero en este momentosiento que cantan.</p><p>Maryta Laino, nació en la ciudad de Necochea el 11 de octubre de 1958.</p><p>Participó de diversos talleres literarios, programas radiales y ateneos culturales</p><p>Algunas de sus obras se encuentran publicadas en diferentes antologías.</p><p>En diciembre de 2024 presentó su primer poemario: Hacia el Atardecer.</p><p>Actualmente integra la comisión de la Sociedad de Escritores de la Pcia de BsAs, filial Necochea</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/O1QM4gKbOGRFCDQc7ehtXj21KxM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/lluvia_asfalto.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Maryta Laino]]>
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                                <updated>2026-07-29T14:37:22+00:00</updated>
                <published>2026-07-29T14:34:15+00:00</published>
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            El oso del Quequén
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LClp1xuoIDUsMcyOmxsbEgEuZMg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/oso.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Habíamos caminado durante toda la jornada. Faltaba poco para el atardecer, Por los vientos nos íbamos acercando con Mogo (1) hacia el Gran Mar (2).</p><p>Teníamos que encontrar pronto un lugar donde pasar la noche. Ya habíamos divisado las altas arenas (3). Allí seguramente nos resguardaríamos de los vientos fríos que venían desde la costa.</p><p>Yo estaba protegido por mis pieles de Tabul (4), al igual que Mogo, y que juntos habíamos conseguido hace tiempo cazando ese animal. Teníamos hambre. Lo último que comimos fue un ave que logramos derribar de un certero piedrazo, y unas raíces de hierbas de gusto dulce que encontramos en nuestro viaje.</p><p>Eso fue hace ya una salida de sol (5) Mogo confiaba que pronto hallaríamos más animales para cazar ni bien nos acercáramos hacia la playa del Gran Mar. Seron, nuestro venerado anciano de la tribu nos había dicho que no probemos sus aguas pues no era buenas Así lo haríamos.</p><p>Calmamos nuestra sed en ríos que fuimos cruzando en el viaje y en pequeñas piedras que íbamos chupando. En un momento dado estuvimos al pie de las altas arenas y al subirlas logramos divisar el Gran Mar. Era inmenso, de color azul, y se perdía en el horizonte.</p><p>Traspusimos las mismas y llegamos a la playa, luego de bajar corriendo y contentos para tocar las aguas del Gran Mar. En la corrida Mogo perdió el cuchillo que llevaba en su cintura entre sus pieles. Lo vi detenerse a juntarlo mientras yo llegaba junto a la playa y mis pies se introducían en las aguas del Gran Mar. De pronto sentí el frio del agua en los pies. Recordé las palabras de Seron.</p><p>No debía probar el agua. Salí de allí enseguida para ver dónde había quedado Mogo. Al levantar la vjsta vi ese animal gigante. Era descomunal, parecido a Tabul, aunque quizá más pequeño. Grite a Mogo que también se había quedado mirándolo.</p><p>Nos juntamos enseguida en posición defensiva sosteniendo fuertes nuestras lanzas. La bestia estaba a unos veinte pasos y se acercaba despacio hacia nosotros peligrosamente. Decidimos movernos alejándonos despacio, pero pensamos que deberíamos cazarlo. Seria una buena presa y buena comida. Era el o nosotros.</p><p>Así que nos fuimos acercando y rodeando. Cada uno le clavaría su lanza. Cuando estuvimos a unos cinco pasos, la bestia se levantó de pronto y erguido en sus dos patas traseras, comenzó a emitir gruñidos abriendo grande su boca amenazadora mientras sus brazos gigantes que poseían poderosas zarpas en forma de garras, blandian al aire. Algo asustados retrocedimos.&nbsp;</p><p>Mediría unos tres o cuatro pasos de largo (6). Su cuerpo estaba cubierto con mucha piel color marrón oscuro. Teníamos que tener mucho cuidado que nos nos golpease con esas zarpas, pues nos despedazaria. En un momento Mogo le clavó su lanza contra el costado derecho de la bestia, mientras yo lo hacia hacia la izquierda, justo debajo del brazo y entre las costillas.</p><p>Sentí que mi lanza se introducía bien profundo en el cuerpo del animal. Al instante la bestia hizo un giro rápido lanzando un agudo rugido seguramente por el intenso dolor que le estábamos infrigido, y partiéndole de un manazo su lanza y dándole un fuerte golpe en la cabeza que hizo se le desprendiera parte del cuero cabelludo. El golpe hizo que lo derribara a Mogo quien cayó pesadamente al piso ya exánime</p>Sobre el autor:&nbsp;<p>Jorge Nista, jubilado, nació en&nbsp; Necochea en 1947. Es autor de las biografías "Un médico italiano en Necochea. Dr. Rodolfo Faggioli" (2024) y "El ing. Edgar Gatti y el Parque Miguel Lillo" (2025), y del cuento "El Oso del Quequén. Una cacería en el Cuaternario" (inédito), Es miembro de la Sociedad de Escritores de la Prov de Bs.As. Filial Necochea.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LClp1xuoIDUsMcyOmxsbEgEuZMg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/oso.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Jorge Nista]]>
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                                <updated>2026-07-24T15:32:10+00:00</updated>
                <published>2026-07-24T15:28:14+00:00</published>
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            Banquemos los trapos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EH28Eotwxb8STDqb2uQFTcPmPds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/foto_festejo_argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Banquemos los trapos, gente,aunque el resultado no sea el esperado.Sigamos con las camisetas puestas,con las banderas y los estandartesque esta Selección nos enseñó a levantar.</p><p>Todos fuimos Lo Celso y el Licha con el trapo de Malvinas.Hay símbolos que trascienden un partidoy viven para siempre en la memoria del pueblo.Por eso, banquemos los trapos.</p><p>Porque no se juega solo con una pelota,sino con amistad,compañerismo,equipoy el orgullo de caminar juntos.</p><p>Que una derrota no nos deje abatidos.Mostremos al mundode qué está hecho el pueblo argentino:trabajo silencioso,sacrificio cotidiano,esfuerzo incansabley una perseverancia inigualable.</p><p>Venimos de una tierraque aprendió a ponerle el pecho a la adversidad,que conoce el dolor,pero también la esperanza.</p><p>Y cuando nos bancamos entre todos,no hay tropiezo que nos venza,ni sueño que se apague.</p><p>Por eso, hoy más que nunca,banquemos los trapos,abracemos los coloresy demos gracias a estos muchachos,que nos recordaron que lo más importante es estar unidos.</p>Sobre la autora:<p>Jorgelina Serrano. Coordinadora de Ecos Literatura, &nbsp;abogada, escritora y estudiante de periodismo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EH28Eotwxb8STDqb2uQFTcPmPds=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/foto_festejo_argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Jorgelina Serrano]]>
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                                <updated>2026-07-20T12:35:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T12:22:25+00:00</published>
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            Todo en 10.6 segundos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gPsuuPpxVeD9Ez911dc33EmawVg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/pelota_cancha.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un hombre corría perseguido por un vendaval. No era un viento común. Tenía piernas largas, respiración de caballo y una sombra que parecía estirarse por toda la cancha. Lo sentía detrás de mí desde el instante mismo en que la pelota llegó a mis pies, allá lejos, donde el campo se vuelve una llanura y los arcos son apenas dos puertas diminutas abiertas en el horizonte.La tarde tenía el color de los duraznos maduros, esos que mi viejo conseguí camino a casa allá cuando junto a mis hermanos imaginábamos juegos de todo tipo. El estadio rugía como un océano encerrado en una botella. Yo estaba cerca de la mitad de la cancha cuando recibí el balón.Entonces ocurrió. El tiempo decidió detenerse. No fue una metáfora. Lo vi claramente. Un papel que volaba sobre el césped dejó de moverse. Una paloma quedó suspendida en el aire. Incluso las voces del público se transformaron en una nota interminable, como el sonido de un órgano gigantesco.Y en ese silencio imposible escuché mis propios pensamientos.“Corré”. No era mi voz. Era la voz de todos los chicos que alguna vez habían jugado descalzos detrás de una pelota hecha de trapos. Era la voz de los potreros, de las paredes descascaradas, de los arcos dibujados con piedras.Di el primer toque. La pelota avanzó pegada a mi botín como si hubiera nacido allí.El primer rival apareció de inmediato. Era un hombre enorme, con brazos de molino y ojos de toro cansado. Quiso cerrarme el paso. Antes de moverme ya había imaginado cómo dejarlo atrás.Lo vi en mi cabeza cayendo hacia la izquierda mientras yo escapaba por la derecha. Entonces ejecuté la imagen. Sucedió exactamente igual. El defensor quedó girando sobre sí mismo, buscando una sombra que ya no estaba.Seguí corriendo. Detrás de mí el vendaval continuaba. Escuchaba sus pasos acercarse y alejarse al mismo tiempo. Era como si corriera dentro de un sueño donde las distancias obedecen leyes caprichosas. Yo no paraba de correr… él tampoco.A los pocos metros apareció el segundo rival. En ese instante el césped dejó de ser césped. Se transformó en el patio de mi infancia. Vi los charcos después de la lluvia, los perros dormidos junto a los postes, las ventanas desde donde las madres llamaban a cenar.El jugador intentó quitarme la pelota. Yo recordé a un perro viejo que me perseguía cuando era niño. Para escaparme de él siempre hacía una pausa inesperada antes de acelerar. Repetí aquel movimiento. Frené. El defensor siguió de largo. Aceleré. Listo, un rival menos.La pelota y yo continuamos viaje. El estadio empezó a desaparecer. Ya no escuchaba a la multitud. Escuchaba tambores. Miles de tambores. Como si un ejército invisible marchara junto a mí.El tercer rival llegó desde un costado. Era rápido. Muy rápido. Pero en mi imaginación se convirtió en un árbol. No un árbol cualquiera. Un ombú gigantesco que bloqueaba el camino. Y yo recordé que los árboles nunca persiguen a nadie. Sólo hay que rodearlos.Le hice un amague corto. Después otro. El hombre quedó inmóvil. El árbol quedó atrás.Seguí avanzando. Ya había recorrido más de cincuenta metros. Lo sabía porque la cancha parecía estirarse como una cinta interminable. Y porque el vendaval seguía detrás. Podía sentir su aliento. Podía escuchar el roce de sus botines. Podía imaginar su desesperación. Pero no podía alcanzarme.El cuarto rival apareció de frente. Entonces vi algo extraordinario. Sobre su cabeza revoloteaban mariposas azules. Cientos de mariposas. Como aquellas que acompañaban a los personajes de las historias antiguas que contaban mis abuelos.Las mariposas me indicaron el camino. “Pasá por ahí”. Por ese hueco diminuto. Por esa rendija imposible. Obedecí. La pelota atravesó un espacio que parecía inexistente, y yo también. El hombre quedó atrás mirando el vacío. Y las mariposas desaparecieron.El quinto defensor fue el más difícil. Esperaba cerca del área. Sereno. Paciente. Como un pescador. Por primera vez dudé. El vendaval estaba cada vez más cerca. Podía sentirlo a menos de un brazo de distancia.Entonces comprendí algo. Toda mi carrera había sido una conversación con la pelota. Nadie más podía escucharla. Pero ella hablaba. Siempre hablaba.Y en aquel momento me dijo:“No mires sus piernas. Mirá sus miedos”.Levanté la vista. Vi el miedo del defensor. Era pequeño. Tenía forma de niño. Y estaba escondido detrás de él. Entendí hacia dónde debía ir. Toqué la pelota apenas un instante. El hombre se lanzó hacia un lado. Yo escapé hacia el otro. El último obstáculo había caído. Ahora sólo quedaba el arquero.Y el vendaval. El perseguidor seguía corriendo detrás de mí. Había recorrido toda la cancha intentando alcanzarme. Pero una fuerza desconocida parecía sostenerme.Era como si cada persona que alguna vez soñó con una hazaña imposible estuviera empujándome desde atrás.Entré al área. El arquero salió desesperado. Abrió los brazos. Se hizo enorme. Tan enorme que durante una fracción de segundo ocupó todo el horizonte. Pensé que ya no había espacio. Que el sueño terminaba allí. Entonces recordé algo. Los gigantes sólo existen mientras uno les cree.Sonreí. Toqué la pelota hacia un costado. El arquero cayó al césped. El mundo recuperó el movimiento. La paloma volvió a volar. El papel continuó su viaje. El rugido del estadio regresó de golpe. Y yo empujé la pelota hacia el arco vacío. Rodó lentamente. Con una tranquilidad insoportable. Como si quisiera disfrutar cada centímetro de su recorrido. Hasta que finalmente cruzó la línea.Gol.No escuché el grito de la multitud. Escuché explosiones, como bombas y balas de metralleta. Escuché un mar golpeando las costas del sur de mí país. Escuché la voz de millones de personas celebrando al mismo tiempo.El vendaval desapareció. Los defensores desaparecieron. La cancha desapareció. Todo comenzó a disolverse en una luz dorada.Y entonces desperté. Abrí los ojos sobresaltado. La habitación estaba en penumbras. A mi lado dormía mi compañero. A través de la ventana entraba la claridad incierta del amanecer. Era el 22 de junio de 1986. Ciudad de México.Permanecí unos segundos sentado en la cama, respirando despacio. Todavía podía sentir la pelota pegada a mi pie. Todavía podía escuchar el eco de aquel gol imposible. Mi compañero abrió un ojo y me miró con curiosidad.“¿Qué pasa?”, murmuró.Yo sonreí. Miré hacia la ventana, donde comenzaba a nacer el día. Y respondí:“Anoche soñé un gol que todavía no existe... pero tengo la sensación de que hoy millones de argentinos van a recordarlo para siempre”.</p>Sobre el autor:<p>Maximiliano CaloniNació en la ciudad de Mercedes (Buenos Aires), en marzo de 1978. Vive en Necochea desde el año 1985. Está casado con Flavia Scaglia y tiene dos hijos: Bautista Ignacio y Gennaro Augusto.Es periodista deportivo, egresado en el año 1998 de DeporTEA Mar del Plata.Trabajó como periodista en el diario necochense Ecos Diarios entre los años 2001 y 2010. Fue asesor de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires entre los años 2015 y 2019. Luego, fue Director de Comunicación de la Municipalidad de Necochea hasta el año 2021.Desde el año 2023 es el Secretario de Redacción de Ecos Diarios.</p><p>Este cuento fue seleccionado este mes de julio como una de las 23 obras finalistas del Concurso Internacional de Cuentos Alrededor del Fútbol organizado por Editorial Etérea. La convocatoria reunió 987 textos, de los cuales 964 quedaron fuera de la selección final tras el proceso de lectura, evaluación y deliberación del jurado, lo que convierte este resultado en un reconocimiento al valor literario de la propuesta.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gPsuuPpxVeD9Ez911dc33EmawVg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/pelota_cancha.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Maximiliano Caloni]]>
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                                <updated>2026-07-18T12:16:36+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T12:02:16+00:00</published>
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            Martína Jensen: &quot;El momento de la narración oral es mágico, es revolucionario&quot;
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            Poesías y relatos futboleros
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/B_idEi9mlVs18nYwlj5cky9XPDQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/poesia_argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Jugadores argentinos&nbsp;<p>hombres empecinados&nbsp;</p><p>con el triunfo&nbsp;</p><p>atletas de la vida&nbsp;</p><p>En cada partido</p><p>ponen en alto</p><p>la patria&nbsp;</p><p>gambeteando imposibles</p><p>Adueñándose del balón</p><p>que en alto vuelo</p><p>llena el arco de</p><p>estrellas</p><p>&nbsp;</p><p>Jugadores argentinos</p><p>latinos apasionados&nbsp;</p><p>enamorados de la&nbsp;</p><p>pelota&nbsp;</p><p>Magos e ilusionistas</p><p>artífices de goles&nbsp;</p><p>increíbles&nbsp;</p><p>Orgullo nacional&nbsp;</p><p>Portadores de alegría</p><p>para un pueblo</p><p>que se ha olvidado</p><p>de sonreír&nbsp;</p><p>Un pueblo que se une</p><p>en cada canción&nbsp;</p><p>en cada lágrima&nbsp;</p><p>en cada triunfo</p><p>Jugadores argentinos</p><p>Hoy, inscriben en la&nbsp;</p><p>historia&nbsp;</p><p>su resiliencia&nbsp;</p><p>Quedan en la cancha&nbsp;</p><p>Gotas de sudor&nbsp;</p><p>Y una camiseta argentina</p><p>empapada</p><p>María del Carmen Croceri&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Somos la Cuarta Estrella<p>Como relámpagos albicelestes</p><p>en la tarde del estadio,</p><p>así estalla la tribuna,</p><p>miles de voces y un solo canto.</p><p>Vestimos el cielo</p><p>bordado de esperanza,</p><p>con el bombo y su latir,</p><p>la pasión, nunca descansa.</p><p>El balón es como un sol</p><p>que en los pies brilla y se afianza;</p><p>un cometa cruza la cancha</p><p>y entra al arco como lanza.</p><p>Con el alma en la red</p><p>Y el corazón en la altura</p><p>Grito ¡Vamos Argentina! ¡Vamos Selección</p><p>¡Queremos ser bicampeones!</p><p>¡Y que siga esta locura!</p><p>Sandra Altolaguirre</p><p>&nbsp;</p>Once almas.<p>Once almas en la cancha,</p><p>Devoción por competir.</p><p>Carreras contra el viento,</p><p>Pases, jugadas, por definir.</p><p>Grita la hinchada desaforada,</p><p>Teñida, entera, en celeste y blanca.</p><p>Pasión de vida, no hay otra igual,</p><p>Es mi Argentina, Islas Malvinas,</p><p>Contra Inglaterra, hay que ganar!</p><p>Pasión de vida, sueño argentino,</p><p>Ganamos siempre, hoy es distinto!</p><p>Juega la Historia, juega el destino,</p><p>Hay un deseo, recuerdo vivo.</p><p>Ganen muchachos! Pueblo argentino!</p><p>Once almas en la cancha,</p><p>Nacerán miles de gritos.</p><p>Hay un deseo, recuerdo vivo,</p><p>Un desafío, juego divino,</p><p>Ganen muchachos! Pueblo argentino!</p><p>&nbsp;</p><p>Daniela Fernanda Cáceres.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; “ O JUREMOS CON GLORIA MORIR ”<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; El último verso del himno es un clarín&nbsp;</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;para once luchadores que en la cancha</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;su gran corazón tendrá el mismo latido.</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Son millones que acompañan festejando</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;las gambetas, tiros libres y cada gol.</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Hoy todo es celeste y blanco</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;hoy juega la selección y nos invita a soñar</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;hoy el Diego acompaña gambeteando el más allá</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;hoy gritemos todos juntos:</p><p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; ¡¡ ARGENTINOS A TRIUNFAR!! &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p><p>Beby Roldan&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;Vamos Argentina<p>&nbsp;Hay un modo sutil de plantear el juego</p><p>y una manera prodigiosa de jugar.</p><p>Hay un equipo que tiene un hincha desde el cielo</p><p>y en la cancha un jugador ejemplar.</p><p>¡Vamos Argentina!</p><p>de celeste y blanco estás vestida.</p><p>¡Vamos Argentina!</p><p>para alentar al campeón, unida.&nbsp;</p><p>Hay un cielo que se funde con tu bandera</p><p>y con millones de corazones al palpitar.</p><p>Hay una camiseta que es el emblema</p><p>de gran patriotismo y de hermandad.</p><p>¡Vamos Argentina!</p><p>de celeste y blanco estás vestida.</p><p>¡Vamos Argentina!</p><p>para alentar al campeón, unida.&nbsp;</p><p>Nancy Almassio</p><p>&nbsp;</p>El sueño del pibe<p>Llegué temprano, justo para la formación. Hoy es un día de esos en que el frío cala</p><p>los huesos.</p><p>En otro tipo de escuelas con -5°C grados hubiesen suspendido las clases por baja</p><p>temperatura y falta de calefacción. Aquí en esta es indistinto... Los alumnos tienen más frío</p><p>en su casa que en la clase, igual en el aula faltan un par de vidrios en las ventanas.</p><p>Una mirada rápida al aula y claro hoy es martes, Nicolas Gonzalo todavía no llegó.</p><p>Seguramente llegará más tarde y después pedirá las cosas.</p><p>Antes de terminada la clase él entra. Con su camiseta reluciente, la última que salió</p><p>y sus botines caros. Paramos la clase, es el momento de él. Los compañeros lo saludan,</p><p>golpean entre ellos sus manos, su espalda y con su amplia sonrisa saluda a todos</p><p>anunciando que se preparen porque el próximo martes seguro vienen a buscar más valores.</p><p>Y llega otra vez el martes… A la salida del colegio están esperando. El barrio está</p><p>conmocionado, todos corren a la canchita. La canchita es un potrero de tierra con dos arcos</p><p>todavía improvisados con unos postes, Nicolas prometió que cuando ganara más dinero</p><p>compraría los arcos.</p><p>Un poco más lejos se ven dos camionetas cero kilómetro, de las que bajan varias</p><p>personas vestidas con ropa deportiva, lucen impecables.</p><p>Los chicos copan la cancha y los recién llegados revolean dentro del perímetro un</p><p>par de pelotas. Entonces comienza el espectáculo y cada uno empieza a hacer jueguitos</p><p>como si fueran el Diego, gambetas, tacón y hasta chilena con tijereta, demostrando así sus</p><p>habilidades.</p><p>Otros cabecean en plancha casi al ras del suelo para pavonear su mejor</p><p>movimiento. Los hay zurdos, diestros y ambidiestros.</p><p>Los entrenadores observan y anotan en sus planillas las tácticas, pases y</p><p>rendimiento en el juego.</p><p>Suena el silbato y se organiza el partido…</p><p>Otro martes, esta vez faltan dos alumnos a la clase. La camioneta del club pasó por</p><p>ellos apenas pasada la medianoche del Lunes para llevarlos a entrenar y los traerá a la</p><p>escuela antes de terminar la primera hora.</p><p>Toda la clase colabora con ellos pues llegan muy cansados. Por supuesto la</p><p>canchita ya tiene sus arcos.</p><p>Ellos son los héroes del barrio. Los elegidos.</p><p>Ellos son “El sueño del Pibe”.</p><p>Ariana Libré</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/B_idEi9mlVs18nYwlj5cky9XPDQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/poesia_argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Varios autores de Necochea y la región se unen en una publicación bien futbolera]]>
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                                                <category term="ecos-literatura" label="Ecos Literatura" />
                                <updated>2026-07-15T18:35:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-15T18:28:53+00:00</published>
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            De qué trata el nuevo libro de cuentos de la autora Sonia Balcarce
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/de-que-trata-el-nuevo-libro-de-cuentos-de-la-autora-sonia-balcarce" type="text/html" title="De qué trata el nuevo libro de cuentos de la autora Sonia Balcarce" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jfHAr6EUZgv8Cb1wNWYD9pQw7IM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sonia_balcarce.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;JULIETA MORENO | Redacción&nbsp;</p><p>Sonia Balcarce presentó su nuevo libro de cuentos infantiles "El gato Tomás y el bosque donde todos importan”, una propuesta que busca acercar a los niños los valores democráticos y algunos principios de la Constitución Nacional Argentina mediante relatos sencillos y personajes del mundo animal.</p><p>La obra está compuesta por dos cuentos en los que, a través de distintas situaciones, se abordan conceptos como la organización en democracia, la cooperación, la libertad de acción sin perjudicar a los demás, la igualdad, el respeto por la diversidad y la participación de todos en la vida en comunidad.</p><p>"La idea es que las familias puedan dar lectura a estos cuentos a sus niños", explicó Balcarce. El libro está pensado para chicos de entre 5 y 8 años, una etapa en la que, además de disfrutar de las historias, pueden fortalecer la lectura y la comprensión de textos. "A través de la historia se van retomando esos artículos de la Constitución, desde el respeto, la diversidad y la cooperación", señaló.</p><p>La autora contó que el proyecto nació hace más de dos años y surgió a partir de un trabajo conjunto con la abogada Karen Pereyra Cortez, especialista en Derecho de Familia de Bahía Blanca. "Siempre hablamos de la niñez y de algunos temas que ambas observamos desde nuestras profesiones. Dijimos qué bueno es llevar el derecho al hogar, los derechos y las obligaciones que tenemos todos los ciudadanos", relató.</p><p>También te puede interesar: https://elecos.com.ar/hoy-la-juventud-necesita-estar-resguardada</p><p>“Que todos tengan voz”</p><p>Desde su formación como psicopedagoga, Balcarce escribió los cuentos, mientras que Pereyra colaboró en el asesoramiento jurídico para adaptar distintos artículos de la Constitución Nacional a un lenguaje accesible para las infancias.</p><p>Uno de los ejes centrales del libro es mostrar que la convivencia implica tanto derechos como responsabilidades. En una de las historias, los animales tienen distintas ideas sobre cómo utilizar el bosque, pero finalmente comprenden que deben buscar acuerdos para compartir el mismo espacio. "Todos tienen distintas formas de pensar, pero al final observan que tienen que tener un lugar donde puedan convivir todos", explicó la escritora.</p><p>En ese sentido, destacó que el mensaje también apunta a fomentar la inclusión desde edades tempranas. "Qué importante es no hacer esa separación, siempre incluir al resto. Que todos tengan voz también. Por eso se llama El gato Tomás y el bosque donde todos importan. La palabra de los niños es algo más que importante", afirmó.</p><p>Como en sus anteriores publicaciones infantiles, Balcarce eligió que los protagonistas fueran animales. "Los personajes siempre llevan la línea de los animales porque es lo que más acerca a los niños. La idea es tomar términos complejos y lograr bajarlos a un lenguaje simple", explicó. Si bien la editorial se encargó de las ilustraciones, la autora participó activamente en la creación de cada personaje, definiendo sus nombres y expresiones.</p><p>"El gato Tomás y el bosque donde todos importan" se suma a otros dos libros infantiles escritos por Balcarce: “El mundo de la inclusión” y “Eso no”, este último orientado a la prevención del abuso sexual infantil. "Mi línea siempre en la parte infantil ha sido desde la prevención", sostuvo.</p>La autora contó cómo surgió su nuevo texto<p>Sus otros libros</p><p>Además de esas publicaciones, la autora escribió los libros para adultos “Lo invisible de la realidad” y “Educación en contextos de encierro”, obra nacida a partir de experiencias reales y de su trabajo en proyectos educativos desarrollados en la Unidad Penal de Batán.</p><p>Balcarce, quien trabaja en el ámbito educativo, señaló que las primeras devoluciones de su libro por parte del público infantil fueron muy positivas. "Lo que más les llama la atención son los animales, cómo se unen para lograr algo y compartir un espacio", comentó. Agregó que el material también despertó interés entre trabajadores sociales por las distintas posibilidades que ofrece para abordar la convivencia, la inclusión y la participación en actividades educativas.</p><p>La autora adelantó que su intención es acercar su trabajo a la biblioteca, librerías y otros espacios de la ciudad para que pueda llegar a más familias. ///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jfHAr6EUZgv8Cb1wNWYD9pQw7IM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sonia_balcarce.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La psicopedagoga de Necochea recupera artículos de la Constitución Nacional Argentina con un lenguaje sencillo para el público infantil]]>
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                                                <category term="14" label="La ciudad" />
                                <updated>2026-07-15T01:45:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-14T22:05:24+00:00</published>
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            Murió Sam Neill, el inolvidable protagonista de Jurassic Park
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XpGaVXPFBBO3Yvc6QT3VFSJAr4E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sam_neill.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El actor neozelandés Sam Neill, recordado en todo el mundo por interpretar al paleontólogo Dr. Alan Grant en Jurassic Park (1993), murió este lunes a los 78 años en Sídney, Australia. La noticia fue confirmada por su familia, que informó que el fallecimiento fue repentino e inesperado.</p><p>Según el comunicado difundido por sus seres queridos, Neill estaba libre de cáncer al momento de su muerte, luego de haber superado un linfoma que había hecho público en los últimos años. La familia no dio a conocer las causas del fallecimiento.</p><p>Aunque construyó una carrera de más de cinco décadas y participó en más de 150 producciones, Sam Neill alcanzó la fama mundial al protagonizar Jurassic Park, la película dirigida por Steven Spielberg que revolucionó el cine en 1993. Su interpretación del Dr. Alan Grant lo convirtió en uno de los personajes más queridos de la franquicia, papel que retomó en entregas posteriores, incluida Jurassic World: Dominion.</p><p>Además de la saga de dinosaurios, Neill dejó actuaciones memorables en películas como El piano, La caza del Octubre Rojo, En la boca del miedo y Horizonte final, además de destacarse en series como Peaky Blinders y Los Tudor.</p><p>Nacido en Irlanda del Norte en 1947 y criado desde pequeño en Nueva Zelanda, Sam Neill fue considerado uno de los actores más respetados de su generación. También era reconocido por su pasión por la vitivinicultura y por compartir con humor momentos de su vida cotidiana en las redes sociales.</p><p>Con su partida, el cine despide a uno de los rostros más emblemáticos de una generación de clásicos que marcaron a millones de espectadores en todo el mundo. Su legado permanecerá para siempre en la pantalla grande, especialmente en el universo de Jurassic Park, donde su personaje quedó grabado en la memoria de varias generaciones.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XpGaVXPFBBO3Yvc6QT3VFSJAr4E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sam_neill.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El actor que dio vida al Dr. Alan Grant falleció a los 78 años y deja un legado imborrable en la historia del cine]]>
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                                                <category term="104" label="Espectáculos y arte" />
                                <updated>2026-07-13T11:45:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-13T10:55:03+00:00</published>
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            “Este libro es un homenaje a la Necochea de mis recuerdos”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6USabXQ78Q2IXYzV9wP7FCkUrPA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/escritora_berjman.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Aunque hace décadas que vive lejos de la ciudad, Necochea nunca dejó de ocupar un lugar central en la memoria de Mónica Berjman. Psicóloga de profesión y escritora por vocación, la autora presentará en septiembre su tercera novela, titulada justamente “Necochea”, una obra en la que la ciudad se transforma en mucho más que un escenario.</p><p>Nacida en Necochea, Berjman cursó aquí sus estudios primarios y secundarios y conserva recuerdos imborrables de aquella etapa de su vida. “Yo nací en Necochea. Allí cursé la primaria y la secundaria en el Colegio Nacional y también en el Divino Maestro, que se inauguraba en ese momento a principios de los 60”, recordó.</p><p>Además de los recuerdos, mantiene un fuerte vínculo familiar con la ciudad. Su abuelo, Moisés Berjman, fue fundador de la firma “Moisés Berjman y Compañía”, una aceitera que se convertiría en La Necochea Quequén.</p><p>La escritora describe a la Necochea de su infancia como una ciudad elegante y tranquila, marcada por espacios que hoy forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.</p><p>“Era una Necochea preciosa; una ciudad señorial, elegante y discreta. Esa es la que aparece en todos mis escritos, donde transcurre mi infancia y parte de mi adolescencia”, señaló.</p><p>Entre los lugares que todavía recuerda con nitidez mencionó la Casa Gómez, el Club Rivadavia, el Cine Gran Sud, el Cine París y el Atlantic. También evocó la tradicional Confitería La Armonía, donde los vecinos se reunían para conversar y leer el diario.</p><p>“Tengo muy presente la Confitería La Armonía, donde la gente se juntaba a leer el Ecos Diarios”, comentó.</p><p>&nbsp;</p><p>Vocación por las historias</p><p>Cuando su familia se trasladó a Buenos Aires, Berjman inició sus estudios universitarios en la Universidad de Buenos Aires. Allí encontró en la psicología una profesión que le permitió profundizar en aquello que siempre le despertó interés: las personas y sus historias.</p><p>“Mi profesión me gusta mucho porque me interesan las personas y sus historias; soy muy curiosa sobre las relaciones humanas y por eso elegí la psicología”, explicó.</p><p>Sin embargo, la escritura nunca quedó relegada. Desde muy joven comenzó a desarrollar relatos y cuentos que llegaron a publicarse en revistas nacionales.</p><p>“La escritura siempre fue una vocación paralela. Ya desde adolescente escribía cuentos que mandaba a Buenos Aires y fueron publicados en una revista de la época llamada ‘Damas y Damitas’”, recordó.</p><p>Una ciudad que cura</p><p>En su nueva novela, Berjman eligió convertir a Necochea en protagonista. La historia gira en torno a un hombre que atraviesa una profunda crisis personal luego de perder su trabajo y ver fracasar su matrimonio.</p><p>“Este tercer libro intenta ser un homenaje a la ciudad de mi niñez. En la novela, Necochea es la protagonista principal”, afirmó.</p><p>El personaje principal decide abandonar su vida anterior y emprender un viaje sin rumbo definido. En la terminal de Retiro pregunta cuál es el primer ómnibus que parte hacia la costa atlántica. La respuesta es Necochea.</p><p>A partir de allí comienza una experiencia transformadora. El protagonista llega a la ciudad, se hospeda en un hotel y establece vínculos con distintas personas que también atraviesan conflictos y búsquedas personales.</p><p>“Necochea se convierte en un lugar que los cobija, los contiene y los sana”, resumió la autora.</p><p>La novela propone así una mirada afectiva sobre la ciudad, atravesada por la memoria, los encuentros humanos y el poder reparador de determinados lugares.</p><p>&nbsp;</p><p>El deseo de volver</p><p>Tras la presentación realizada en Buenos Aires, Berjman proyecta dar a conocer la obra en Necochea durante los primeros días de septiembre. Para ello mantiene contacto con la Biblioteca Popular Andrés Ferreira, institución a la que la unen recuerdos de infancia.</p><p>“Estoy en contacto con la Biblioteca Andrés Ferreyra, que tiene un lugar en mi corazón porque allí estudiaba inglés de chica”, contó.</p><p>A pesar de los años transcurridos, Berjman asegura que el vínculo con la ciudad permanece intacto. “Sigo siendo de Necochea”, afirmó.</p><p>Quizás por eso uno de sus mayores deseos sea regresar por un tiempo y reencontrarse con las calles que inspiraron gran parte de sus recuerdos y ahora también su nueva novela.</p><p>“Tengo el deseo de instalarme un tiempo allá para caminar la ciudad”, concluyó.///</p>Un libro sobre Necochea]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6USabXQ78Q2IXYzV9wP7FCkUrPA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/escritora_berjman.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La psicóloga Mónica Berjman volvió a escribir sobre la ciudad en su tercera obra, que va a presentar en septiembre]]>
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                                                <category term="14" label="La ciudad" />
                                <updated>2026-07-11T19:45:08+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T18:25:04+00:00</published>
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            El oleaje interior
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HEDV5eXIjMDYB4EvJDiWZkL40pw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/amanecer_embarazada.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>No sé calcular cuánto tiempo pasó desde que la llamada telefónica me arrojó acá. Mis manos se apoyan instintivamente sobre mi panza, convertida desde hace meses, en esta esfera tibia que contiene una nueva vida. Aprieto fuerte los ojos y los recuerdos se avivan.— ¿Qué quieren comer hoy? —pregunta la abuela, tomando el delantal que cuelga en el gancho de la cocina.&nbsp;El abuelo y yo nos miramos y gritamos juntos: ¡tortilla!&nbsp;Saltando en un pie, voy hasta el comedor, donde el abuelo corta sobre una tabla de madera una mortadela que compramos en el almacén del pueblo y arma un sanguchito para cada uno. Sirve vino en un vaso de vidrio con lunarcitos azules y me pide que le agregue soda. Cuando aprieto el gatillo, brota un chorro potente que salpica y nos da mucha risa. La abuela grita desde la cocina porque le ensuciamos el piso que enceró esa mañana. Del vaso se desprende un olor a madera y fruta que queda por un rato en el ambiente.Cuando llega el momento de poner la mesa, hacemos volar varias veces el mantel hasta que lo aterrizamos bien estirado. Él pone los platos y yo los cubiertos. Yo las servilletas y él los vasos. Cuando llega la abuela con la tortilla, aplaudimos y almorzamos los tres sobre el mantel naranja.</p><p>Gluc.&nbsp;Mi pececito interior baila su danza acuática, mientras afuera todo parece detenerse. El tubo del teléfono cuelga desde el escritorio sostenido por el cable, lanzando un pitido recto y agudo. &nbsp;Lo cuelgo y el silencio se abalanza sobre la sala. Un escalofrío me recorre, tomo una manta y me cubro de pies a cabeza, como cuando era niña y algo me asustaba. Me ovillo en el sillón e imagino cómo mi cuerpo encierra y repite la forma de ese ser que flota dentro mío. Afuera flota la ausencia. Abuelo, susurro mientras lágrimas y mocos se mezclan en una amalgama que fluye desde mi cara hasta el sillón.</p><p>Estoy en el campo y el abuelo me invita a buscar las ovejas para encerrarlas en el corral antes de que llegue la noche. Mientras caminamos cantamos, siempre cantamos con el abuelo. Los perros corren adelante, ladrando. De pronto estamos rodeados de una marea blanca que trae consigo un potente olor a lana húmeda y pasto. &nbsp;El balido insistente de las ovejas se mezcla con el grito de los teros, que ven en riesgo sus nidos.Vamos a la quinta a regar. Parece que el abuelo hubiera utilizado una regla gigante para trazar los surcos. &nbsp;Ponemos la manguera en uno y esperamos a que el agua avance, lentamente, transportando hojas y bichos pequeños hasta la otra punta. Ese es el momento en que hay que cambiarla al surco siguiente. Así uno por uno hasta que el suelo quede oscuro y con olor a tierra mojada. Por la humedad del terreno, los yuyos que crecen entre las plantas, no oponen resistencia a nuestras manos. Al terminar, armamos un ramo enorme de perejil para llevarle a la abuela, junto con zanahorias y varios tomates.</p><p>Gluc.Acaricio mi panza, mi nadador está inquieto y me pregunto si querrá despojarme de esta tristeza que me agobia o buscará distraerme. Quizá solo disfruta de su mundo de agua cálida y envolvente al que yo quisiera regresar. Miro la hora y pienso que Josefina pronto llegará del jardín con sus ojitos inquisidores y sus agudas preguntas. ¿Cómo explicarle lo que yo aún no logro aceptar? &nbsp;Es la primera vez que voy a hablar con mi hija de la muerte. Pienso que es una palabra demasiado corta y demasiado simple para nombrar &nbsp;lo que me atraviesa, y temo que al pronunciarla todo se vuelva más real. A veces, las palabras pesan demasiado, y más cuando su significado es definitivo.</p><p>Estamos en el Peugeot del abuelo rumbo a Necochea. Al costado de la ruta, los postes de alambrado pasan como imágenes fugaces. Yo tengo que ir mirando hacia adelante porque los viajes en auto me marean. Llevo sobre las piernas una toalla y me encargan que avise con tiempo si necesito parar. El abuelo siempre propone &nbsp;juegos para que el viaje se sienta más corto. Pregunto varias veces si falta mucho, y me contestan que no. Mi cabeza asoma entre los dos asientos delanteros. A veces le acarició el pelo blanco, duro por la gomina que usa para peinárselo hacia atrás.En la playa, los flecos de la sombrilla verde y naranja se agitan con el viento. Tomo de la mano al abuelo &nbsp;y corremos hacia el agua. El mar nos levanta y nos baja en un movimiento acompasado. Esa noche habrá calesita, &nbsp;y buscaré al abuelo mientras giro para mostrarle que me saqué la sortija y gané una vuelta más. Después vendrá el helado, las manchas de chocolate en el vestido y las manos pegajosas. &nbsp;</p><p>Gluc.&nbsp;Mi pequeño habitante se empecina en &nbsp;romper el silencio y traerme de nuevo al presente. Recuerdo que hace unos días vi al abuelo parado en la puerta de su casa &nbsp;y noté que estaba viejo. Fue apenas un instante, como si una sombra translúcida lo cubriera y él se librase de ella al agacharse con los brazos abiertos, para recibir a Josefina. Tal vez la muerte estaba cerca, rondando en un juego perverso de escondidas.&nbsp;Gluc. Desde adentro la vida empuja mientras afuera la muerte se asienta.&nbsp;</p>Sobre el autor:<p>Marcela Goizueta. Nació en Tres Arroyos, pero desde hace 8 años su vida transcurre en Necochea frente al mar. Ejerció y disfrutó de la docencia en Nivel Inicial hasta el momento de su jubilación.&nbsp;Desde chica devoraba todo libro que se cruzara en su camino, gusto que sigue conservando.&nbsp;En época de pandemia comenzó a escribir y participar de talleres de escritura, donde continua aprendiendo y desarrollando su escritura.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HEDV5eXIjMDYB4EvJDiWZkL40pw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/amanecer_embarazada.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Marcela Goizueta]]>
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                                <updated>2026-07-11T18:12:19+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T18:09:29+00:00</published>
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            Hermandad bajo los escombros
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VlDDskUbgC0Y7UsHYzwlUkmQgLQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/venezuela_poesia_altolaguirre.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Venezuela, hoy tu tierra tiembla y duele.Dos rugidos rompieron el silencio,y el Caribe se viste de lutoentre escombros y velas.Pero donde cae un muro,se levanta una mano,manos de Latinoamérica y el mundo que ya llegaron:diecisiete países en camino.Solidaridad no es una palabra,es hospitalidad,un plato caliente,&nbsp;un abrazo entre desconocidos.Por La Guaira rota,&nbsp;por Caracas que resiste,Por cada nombre que falta&nbsp;y cada vida que buscan.Que el mundo no mire al costado:hoy somos Venezuela.Porque cuando un pueblo llora,&nbsp;el otro responde: aquí estamos.¡Fuerza a las familias, a los rescatistas y a todo el pueblo venezolano!</p>Sobre la autora:<p>Sandra Altolaguirre. Psicóloga, psicoanalista y escritora. Amante del arte en todas sus expresiones, la naturaleza y los viajes.&nbsp;Desde niña se destacó por su pasión por la escritura. Desde hace dos años integra el Grupo de Mar Necochea dedicado a gestionar eventos culturales relacionando el arte, la poesía, la educación y la Paz (escritores independientes 2024-2026)Coautora del libro “Ponte en mis zapatos”, premiado por el Senado de la Nación en el año 2011 en la categoría “Mujeres Innovadoras”, coautora del libro “De Orugas a mariposas” (2017) y “El ser confinado: diarios de una pandemia”. (2021).Miembro de la SEP Filial Necochea (Sociedad de Escritores de la Pcia de Bs As).Participó de dos libros de escritura colectiva: Abrazados y Enlazados, varias antologías de alcance nacional e internacional, varias presentaciones en la Feria del Libro Local, y &nbsp;de Bs As hasta la actualidad. Actividad permanente en varios grupos de escritura internacional a través de las redes sociales.Coordinadora de la antología “La voz inefable, escritos del mundo” (año 2025) y “Cosecha de sueños: poesías y experiencias artísticas” (2026).</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VlDDskUbgC0Y7UsHYzwlUkmQgLQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/venezuela_poesia_altolaguirre.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Sandra Altolaguirre]]>
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                                <updated>2026-07-11T18:15:47+00:00</updated>
                <published>2026-07-09T18:13:00+00:00</published>
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            Un escritor necochense obtuvo una mención en un certamen literario provincial
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Wj17hblAfNe5zPZvS0hDSL8kyL4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/escritor.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El escritor necochense Fernando Pablo Party fue reconocido con una mención en el concurso literario provincial "Memorias Mayores: 50 años, 50 voces", una iniciativa impulsada por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires en el marco de los 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar.</p><p>Party recibió la distinción por su obra "El quinto plato", que fue seleccionada entre los trabajos destacados del certamen, destinado a personas mayores de 60 años residentes en la provincia.</p><p>El concurso convocó a 264 participantes provenientes de 66 municipios bonaerenses, quienes presentaron relatos breves vinculados a la memoria, los derechos humanos, la verdad y la justicia. De todas las obras recibidas, un jurado integrado por representantes de la Mesa Interinstitucional para el Abordaje Integral de las Personas Mayores eligió 50 textos que formarán parte de una antología que será publicada por la editorial MeVeJu de la Subsecretaría.</p><p>La iniciativa se desarrolló en el marco del decreto del gobernador Axel Kicillof, que declaró al 2026 como "Año de los Derechos Humanos por la Memoria, la Verdad y la Justicia. A 50 años de la última Dictadura cívico-militar".</p><p>En esta edición, el primer premio fue para "Andate vos", de Stella Maris Jean (9 de Julio); el segundo correspondió a "La ollita de la resistencia. Relato de insilio", de Juana Elsa Miranda (Quilmes); y el tercero a "Una nube gris", de Jorge Ernesto Gil (La Plata).</p><p>La distinción obtenida por Fernando Pablo Party representa un reconocimiento para la producción literaria de Necochea dentro de una convocatoria que buscó rescatar y preservar, a través de la escritura, las experiencias, recuerdos y reflexiones de las personas mayores sobre uno de los períodos más significativos de la historia argentina.</p><p>Party, además, ha publicado en más de una oportunidad sus textos en la sección Ecos Literatura de Ecos Diarios, donde ha compartido cuentos y relatos con los lectores del medio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Wj17hblAfNe5zPZvS0hDSL8kyL4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/escritor.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Fernando Pablo Party fue distinguido por su obra El quinto plato en el concurso "Memorias Mayores: 50 años, 50 voces", organizado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia]]>
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                                <updated>2026-06-30T14:55:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-30T14:49:21+00:00</published>
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            Observatorio
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/chOJcSSow62xsciM8bCvTWF2quc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mar_calmo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mar en calmaEmite una melodía angelical.Brilla, acumulandoLos rayos solares,Conservando en sus entrañasAlgo más de la vida.Testigo fiel, de las oraciones,De silencios, de vacíos.Sucesión limitada por los diosesQue conservan su belleza.</p>Sobre la autora:<p>Adela Disteffano. Escritora autodiscata, auxiliar de biblioteca y archivista. He sido premiada en varias ocasiones&nbsp;a nivel nacional e internacional. he sido jurado en certámenes literario realizados en Necochea y Quequén. he editado 10 libros con los géneros: biográfico, históricos, poesía, novela, y poesía infantil. he realizado varios talleres literarios para afianzar aun mas la escritura.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/chOJcSSow62xsciM8bCvTWF2quc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mar_calmo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Adela Disteffano]]>
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                                <updated>2026-06-17T17:25:07+00:00</updated>
                <published>2026-06-17T17:16:39+00:00</published>
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            Por cincuenta años
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cVUuqlhNuKcr0LG4kC8h1MwJT1Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/daniela_caceres_relato.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sonará la alarma y te despertarás. Apenas la dejarás sonar para que nadie en casa se despierte, aunque hace tiempo has notado que nadie lo hace. Te levantarás con absoluto sigilo y recogerás las ropas que has dejado preparada a los pies de la cama. Te guiarás de memoria por el pasillo oscuro. Tampoco encenderás las luces para hacerlo, no es necesario. Cada uno de tus pasos sucede al otro. Se mueven a un ritmo totalmente coordinado como si estuvieran interpretando un vals de Strauss, por lo que ya ni tocas el suelo, te deslizas.</p><p>Flotan los volados de tu camisón color cielo que vistes hace tanto tiempo. Permites que te abrigue en este duro invierno y ya no te interesa que no esté tan nuevo. Se notan sus transparencias que muchas veces, se confunde con la tuya propia. Has adelgazado demasiado. Trabajas mucho, estudias mucho, cuidas de tus hijos, tu marido, tu casa. Repartes las horas como puedes para cumplir con todos.</p><p>Sin prender las luces, encenderás la hornalla de la cocina y apenas, la lumbre de la llama ilumina el espacio. Parecerás una sombra que carga la pava y vacía el mate. Otras sombras se mueven por ahí: Ema, Ulises, Pichín, Puca… Terminarás de vestirte mientras tanto y todavía, en absoluto silencio, prepararás la mesa y correrás la silla. Te sentarás. Y mientras el agua se calienta, verás pasar los recuerdos de tu vida…</p><p>Primer mate. Silencio. Segundo mate. Mas silencio. Y así, entre mate y mate, llega el momento en que te abrigas para por fin salir. Ya has peinado tus trenzas y puesto el guardapolvo. Te colocarás la bufanda blanca de lana de oveja, con nuditos, y por fin la misma campera de abrigo que compraste una vez, cuando los cuatro fueron de paseo a Mar del Plata, un fin de semana del que ya no puedes recordar la fecha. Se trabarán tus frágiles dedos, fríos, transparentes, cuando intentes subir el cierre y colocarte la capucha. Por último, tomarás tu bolso lleno de libros y carpetas y lo cruzarás sobre tu hombro, en diagonal, para llevarlo más cómoda. Ahora te pondrás los guantes tejidos con la misma lana blanca de ovejita y abrirás la puerta levemente, no necesitas demasiado espacio. La puerta no cruje: hasta pareciera que no la has abierto.</p><p>Comenzarás a caminar bajo la lluvia y la helada profunda de la mañana. Nadie en la calle. Transitarás en soledad todo el camino hasta la ruta donde como cada mañana desde hace años, te pararás al lado del cartel de velocidad para hacer dedo.</p><p>Pocos autos transitarán hoy. El día se presentará demasiado frío y demasiado oscuro. Las luces de las columnas permanecerán apagadas hasta que los empleados de la usina puedan repararlas. Se rompieron por la tormenta de anoche.</p><p>Pasarás por el Hospital Municipal que también estará a ciegas. Usarán reflectores de emergencia y sólo verás moverse las siluetas incansables de los médicos y enfermeras que corren de un sector al otro. No verás ambulancias en la puerta. Todas se fueron a cubrir situaciones desesperadas de las familias que viven en lugares y zonas totalmente vulnerables. Eso te hará pensar en los pocos niños que asistirán hoy a tu escuela. Pararás unos segundos en este lugar porque recordarás cuando estuviste allí; primero para parir a Kevin, después para hacerte la quimio y por última vez, por el accidente… Te correrá un escalofrío por tu cuerpo gastado que nunca pudo desprenderse de esas sensaciones. Ya no las sientes…</p><p>Continuarás tu marcha hacia la ruta. Cercana y lejana a la vez. El camino se alargará y se acortará sin sentido, como si desearas llegar y no pudieras, como si la pesadilla la estuvieras viviendo despierta.</p><p>Caerá la lluvia con más intensidad. Los autos pasarán a tu lado y no se detendrán. El viento helado golpeará tu rostro, pero no lo sentirás. El frío ya no te dañará. El viento, el frío y tú, serán uno.</p><p>Nadie te verá. Todos pasarán a tu lado ignorándote. Antes, todos los autos se detenían para que vos y tus compañeras pudieran subir. Recordarás los momentos de risas y de bromas, las peleas para saber quién subiría primero y quién seguiría haciendo dedo. Hasta que todas se reencontrarían por fin, al cabo de una hora, en la cocina caliente de la escuela, con el pan tostado y la manteca esperando arriba de la mesa.</p><p>Te detendrás en la calle 106, mirarás la Rural y las sombras de las vacas que todavía no se han despertado por lo que no escucharás sus mugidos.</p><p>Llegarás a la curva de la ruta y no mirarás para atrás para cruzar, porque vas sumergida en tus pensamientos. Llegará un camión de pollos y huevos que viajará hasta Tres Arroyos, morderá la banquina y se desplomará sobre ti. Y te verás a ti misma debajo de sus ruedas, con la bufanda puesta, teñida de rojo. Verás tu cuerpo allí pero también te verás continuar tu marcha hasta el cartel de velocidad, caminando a paso lento. Demasiado lento…</p><p>Ese día no llegarás a la escuela. Los niños tampoco.</p><p>Ese día marcó un final, pero también un nuevo comienzo.</p><p>No dejarás de ir a tu casa, de levantarte cada mañana sin ser oída, de prepararte para salir hacia la ruta.</p><p>Repetirás esta rutina por los próximos cincuenta años.</p><p>Algunos viajeros te verán. Otros, preferirán no verte nunca.</p>Sobre la autora:<p>Daniela Fernanda Cáceres nació en Necochea, el 14 de octubre de 1967. Es docente de Educación Primaria, profesión que ejerce desde hace más de 30 años, de los cuales 20 fueron como maestra rural en Ramón Santamarina. También es profesora de Lengua y Literatura en decundaria de adultos y terciario.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cVUuqlhNuKcr0LG4kC8h1MwJT1Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/daniela_caceres_relato.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Daniela Fernanda Cáceres]]>
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                                <updated>2026-06-12T17:26:28+00:00</updated>
                <published>2026-06-12T17:11:32+00:00</published>
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            Seis caballos negros
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V6hCVr3JFhpE5587kBOXqieTaNg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/relato_seis_caballos_negros.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Necochea, 1950</p><p>Hermenegildo Herrera vivía feliz en su chacra de tres hectáreas, ayudado por su esposa Josefa cuidaban la huerta, los cerdos, algunas ovejas, tres vacas y cuatro caballos de montar que, circunstancialmente ataba al sulky para ir hasta el centro de la ciudad o al médico. &nbsp;&nbsp;</p><p>Como ya dijimos, Hermenegildo vivía feliz, le gustaba levantarse temprano, ordeñar las vacas, darles de comer a las gallinas, a los cerdos y tomar mate bajo el añejo nogal del patio. No había vecino que pasara por su casa y se fuera con las manos vacías, siempre había verduras y algunas botellas con leche para obsequiar.&nbsp; Algo cambió aquella mañana de octubre, cuando reparaba el alambrado que daba sobre la calle que llevaba al Cementerio. Un ruido acompasado de cascos sobre la calle empedrada y una carroza negra tirada por seis majestuosos caballos negros lo dejaron por un momento sin respiro, luego no pudo menos que admirar al cochero y a los dos lacayos que lo acompañaban, los tres vestidos de negro, con galeras y manos cubiertas con guantes blancos. Aquel cortejo impactó de tal manera en la vida de Hermenegildo Herrera que produjo un cambio total en su conducta.</p><p>Josefa lo miró extrañada cuando le dijo “desde el día de hoy, se terminaron los regalos para los vecinos, si quieren verduras que las siembren o las paguen, si quieren leche que tengan vacas. Nosotros tenemos que ahorrar dinero, no sé cuánto, pero mucho. Mañana te digo.”</p><p>A la mañana siguiente, Hermenegildo se levantó temprano, tomó unos mates, ató uno de sus caballos al sulky y comenzó a desandar las cuadras que lo separaban de la casa de pompas fúnebres. Al llegar encontró a un hombre cepillando la crin de un caballo negro y pensó “quiero seis” luego dijo “Buen día”, el hombre lo miró con desgano, sin dejar de cepillar el caballo, preguntó “¿Quién se murió?”</p><p>──Que yo sepa nadie. Quiero hablar con el dueño.</p><p>El hombre le señaló una puerta negra y le indicó que golpeara antes de entrar.</p><p>Golpeó la negra puerta y entró, lo recibió una sala en penumbra con un escritorio, dos sillas y un gran crucifijo iluminado en un lado y otra puerta también negra, más grande que la de entrada. Tosió Hermenegildo para que supieran que estaba allí y por la negra puerta apareció un hombre alto, delgado, vestido con traje negro, camisa impecablemente blanca y corbata negra, que le tendió una huesuda y flácida mano. Al estrecharla, Hermenegildo sintió un estremecimiento y tuvo miedo de quebrarla con sus rústicos dedos.</p><p>──Siéntese-dijo el hombre- es la ley de la vida, pero nosotros haremos que sea menos doloroso ¿Quién se le murió?</p><p>── Nadie-dijo Hermenegildo</p><p>── ¿Y qué hace acá? - preguntó el hombre.</p><p>──Quiero saber el precio de dos entierros.</p><p>“Nadie se muere dos veces” -pensó el hombre, pero era su negocio y preguntó:</p><p>── ¿Está enfermo?</p><p>── No. Es para cuando “me toque irme” y para mi mujer.</p><p>──Bueno mire, yo le doy todos los precios, usted los estudia y cuando esté seguro me avisa, hacemos el contrato, guardamos los ataúdes y si de una cosa tiene que estar usted seguro es que, siempre, pero siempre hemos cumplido con todos nuestros compromisos, jamás nadie se ha quejado de nuestros servicios. Acá tiene todo, lo estudia y si le parece bien, vuelve. “Este, está loco o ¿Pensará matar a su mujer y suicidarse? Qué suerte que se fue” pensó.</p><p>La puerta negra se cerró detrás de Hermenegildo Cuando salió, el hombre seguía cepillando el caballo y la calle era acariciada por una suave brisa.</p><p>Josefa lo esperaba enojada, pero no supo cómo reaccionar a lo que le estaba contando su esposo, se cruzaron por su mente mil pensamientos distintos, desde se está volviendo loco como su finado padre a le hicieron un “trabajo”.</p><p>La voz de Hermenegildo la sacó de sus cavilaciones:</p><p>── Ya elegí. Seis caballos negros. Ahora a guardar, moneda sobre moneda, para poder pagar. ¡Que sepan que el Hermenegildo no es ningún muerto de hambre! ¡Seis caballos negros, Josefa!</p><p>A partir de aquel día, trabajaban desde el amanecer hasta la noche, descuidaron su aseo y su alimentación.</p><p>&nbsp;</p><p>Los lunes eran los días que Hermenegildo llevaba el dinero hasta la casa de pompas fúnebres. Fueron cinco años.</p><p>Los encontraron muertos, en medio de la quinta, con las herramientas listas para trabajar.</p><p>Llovía torrencialmente el día que dos carros fúnebres con seis caballos negros cada uno, pasaron por el lugar desde donde los había visto Hermenegildo, solo que esta vez no había nadie mirando la calle. El cortejo era un solo señor alto, delgado, con un traje negro y guantes blancos.</p>Sobre el autor:<p>Antonio Alberto Pereyra, escritor necochense, autor de: “El Extraño Visitante” (Cuentos), “El cazador de libertades” (Cuentos) “Los Ángeles no se venden” (Novela), “Los diálogos secretos del agua” (Novela).</p><p>Exterioriza: La pasión por la lectura me ha acompañado desde la infancia, despertando en mí la necesidad de expresarme a través de la literatura. Siempre he escrito mirando lo que pasa a mi alrededor, el amor, los sueños, las alegrías, las tristezas, en definitiva, la vida misma. Necochea con su presencia mágica, su mar, su rio, la inmensidad de su cielo, es fuente constante de inspiración que motiva permanentemente y hace que nuestra imaginación creativa encuentre las palabras para comunicar el sentimiento y la entrega de vida que es la escritura. Han pasado muchos años desde la publicación de mi primer libro y hoy, veo con alegría que nuevos escritores dan a conocer sus trabajos a través de las distintas posibilidades que brindan las redes sociales.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V6hCVr3JFhpE5587kBOXqieTaNg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/relato_seis_caballos_negros.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Antonio Alberto Pereyra]]>
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                                <updated>2026-06-05T14:18:17+00:00</updated>
                <published>2026-06-05T14:17:02+00:00</published>
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            La frase
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/obCPOY6FePnudKFNqpLlEbkBhck=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/senora_ciega.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El sonido del teléfono, hace que interrumpa su lectura, al atender&nbsp;oye la voz de su nieta, hablaron, como era su costumbre, largo&nbsp;rato de temas diversos, tras despedirse sonríe recordando tantasy tantas conversaciones sostenidas a través de los años, así&nbsp;viene a su mente una que el transcurrir &nbsp;del tiempo haría tan&nbsp;especial, revive aquella tarde de lectura compartida con cadauna sumergida en la magia de su libro.Cuando de pronto la niña, levantando la vista del mismo&nbsp;preguntó:¿ Qué es lo peor que podría pasar en tu vida, abuela?luego de pensar unos momentos contestó:Perder la vista y no poder leer.Con la sabiduría que suelen tener los niños, su nieta respondió:Braille, abuela, Braille... y continuó leyendo.</p><p>Hoy, después de muchos años de aquel diálogo, le resulta&nbsp;sumamente placentera la mancomunión que existe entresus dedos y cada uno de los puntos del Sistema Braille,&nbsp;que le ha permitido volver a sumergirse en la magia de la&nbsp;lectura, que la hace soñar, viajar, llorar y mucho más.</p><p>Fue una larga lucha y mucho dolor, no fue fácil la adaptación&nbsp;a esta nueva realidad en la cual su visión iba poco a poco&nbsp;desapareciendo y la depresión se hacía presente cada día.</p><p>Fue su nieta, ya adulta, quien un día se presentó con una&nbsp;decisión tomada.Vamos abuela, le dijo sin dar lugar a una respuesta negativa,hoy, empiezas a aprender Braille.</p><p>Al principio costó mucho, había resistencia de su parte, con eltiempo, el aliento de su familia y amigos lo logró.</p><p>Hoy, hay días en que siente nostalgia del olor, el dar vuelta las&nbsp;hojas de los libros que tanto la habían acompañado en otras&nbsp;épocas, cuando esto sucede toma uno, lo huele, lo acariciacomo agradeciéndole los momentos compartidos.</p><p>Estos recuerdos hacen que escuche una vez más lapremonitoria frase de su nieta:Braille, abuela, Braille.</p><p>Beby Roldán, jubilada. &nbsp;Desde pequeña evidenció su pasión por la lectura. Se formó como escritora en distintos talleres literarios. Escribe poesía y narrativa. Narradora de leyendas tradicionales. Conductora de espacios radiales.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/obCPOY6FePnudKFNqpLlEbkBhck=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/senora_ciega.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Beby Roldán - Ecos Literatura]]>
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                                                <category term="ecos-literatura" label="Ecos Literatura" />
                                <updated>2026-06-03T17:16:38+00:00</updated>
                <published>2026-06-03T17:15:06+00:00</published>
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            Invitan a celebrar el Día del Libro con una jornada de formación para escritores y lectores
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1ES1i5qWpvHTDQMWo1UIXiszK3k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/derechos_de_autor_en_libros.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco de las actividades por el Día del Libro, la filial Necochea de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (SEP) y Ecos Literatura realizarán una jornada formativa abierta a la comunidad, destinada tanto a escritores como a lectores interesados en el mundo de las letras.</p><p>El encuentro se llevará a cabo este jueves 18 de junio, a las 18, en la sede del Colegio de Abogados de Necochea, ubicada en calle 62 esquina 55. Según informaron los organizadores, será una tarde pensada para compartir experiencias, aprender y fortalecer los vínculos entre quienes disfrutan de la escritura y la lectura.</p><p>Durante la jornada se abordarán temas vinculados a los derechos de autor, se compartirán espacios de poesía y habrá propuestas orientadas a la creación literaria. La actividad busca generar un ámbito de intercambio y reflexión, además de celebrar la pasión por las palabras.</p>Una fecha para promover la lectura<p>El Día del Libro se celebra en la Argentina cada 15 de junio. La fecha tiene su origen en una iniciativa impulsada en 1908 por el Consejo Nacional de Mujeres y fue oficializada años más tarde por el Gobierno nacional con el objetivo de fomentar la lectura, la producción editorial y el acceso a los libros.</p><p>La conmemoración busca destacar el valor de los libros como herramientas fundamentales para la educación, la cultura y la transmisión del conocimiento, promoviendo además el hábito de la lectura en todas las edades.</p><p>En ese contexto, la propuesta organizada por la SEP Filial Necochea y Ecos Literatura se presenta como una oportunidad para compartir saberes, conocer más sobre el trabajo de los autores y celebrar el libro como uno de los principales vehículos de expresión y crecimiento cultural.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1ES1i5qWpvHTDQMWo1UIXiszK3k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/derechos_de_autor_en_libros.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La actividad será este jueves 18 de junio en la sede del Colegio de Abogados, con charlas sobre derechos de autor, poesía y creación literaria]]>
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                                                <category term="ecos-literatura" label="Ecos Literatura" />
                                <updated>2026-06-29T18:25:07+00:00</updated>
                <published>2026-06-01T10:53:00+00:00</published>
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