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    <title>Ecos Diarios</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Necochea.</subtitle>
    <updated>2026-08-09T02:16:37+00:00</updated>
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            Díaz Vélez, el primer hospital que hubo en Necochea
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aSWYRf36hJdBK4x6063Ft6qU7Go=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/10/foto-historia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Juan José Flores</p><p>Ecos Diarios</p><p>&nbsp;</p><p>En 1949, una licitación efectuada por la Dirección de Arquitectura provincial anunció una obra de ampliación del Hospital Díaz Vélez por 791.707 pesos. El nosocomio había sido fundado poco después que la ciudad por iniciativa de la Sociedad Protectora de los Pobres de nuestra ciudad.</p><p>La ampliación proyectada a fines de los 40 comprendía un anexo para enfermos infecto contagiosos y fue adjudicada a la empresa constructora de Roco Tomagra.</p><p>Pero el 18 de diciembre de 1950 la Sociedad de Beneficencia decidió el abrupto cierre del nosocomio. Ese fue el último día de actividad.</p><p>Los pocos enfermos que quedaban internados fueron trasladados al Hospital Municipal, que había sido inaugurado unos años antes. En enero de 1955 en varios diarios de la zona se publicó un anuncio de remate.</p><p>Los acreedores habían demandado a la Sociedad de Beneficencia y la</p><p>Justicia dispuso el remate de todas las existencias para satisfacer el reclamo.</p><p>Finalmente, la subasta, a cargo de un martillero de Tres Arroyos, fue suspendida. La Sociedad de Beneficencia había logrado subsistir durante décadas gracias a la contribución de la gente y las subvenciones oficiales</p><p>Pero con el retiro de las subvenciones la Sociedad quedó imposibilitada de atender los servicios del hospital y afrontar los gastos de personal y materiales.</p><p>Al aprobar la subasta, la Justicia no tuvo en cuenta los 50 años que la entidad prestó servicios de asistencia social.</p><p>Finalmente, el Ministerio de Salud provincial se hizo cargo de la existencia del ex hospital y aportó los fondos para el pago de haberes adeudadas.</p><p>Un penoso final</p><p>«Libros desparramados por los pisos, pedazos de cimientos, restos de un pasado labrado en dolor y comprensión humana, ya poco y nada queda de aquello que fue fuente de salvación para muchos enfermos».</p><p>El texto era parte de un artículo publicado el miércoles 26 de diciembre de 1979 en Ecos Diarios y hacía referencia a la demolición del viejo Hospital Díaz Vélez, que en esos días aún permanecía de pie en la intersección de la avenida 42 y Jesuita Cardiel, frente a la Escuela Industrial.</p><p>«Este pedazo ya moribundo de la historia de nuestra ciudad ha sido condenado a la desaparición por el paso inexorable del tiempo, que lo ha llevado a una situación permanente de posible derrumbe, razón por la cual la Municipalidad de Necochea ha comenzado días atrás su demolición”, añadía el artículo.</p><p>Hasta principios de agosto de 1979 había funcionado en el viejo edificio del Hospital Díaz Vélez la Escuela Diferencia da N° 502.</p><p>El edificio, que cayó bajo la piqueta a fines de 1979, hace 30 años, había sido el primer hospital de nuestra ciudad y también uno de los más importantes de la región a principios del siglo XX.</p><p>&nbsp;La fundación</p><p>En 1893, por iniciativa de Mariana G. de la Moneda, se fundó en nuestra ciudad la benemérita institución denominada Sociedad Protectora de los Pobres.</p><p>«La comisión directiva del Hospital de Caridad -como rezaba la respectiva documentación- fundado en Necochea el 12 de mayo de 1895 por la Sociedad de Beneficencia protectora de los pobres, estaba integrada por la presidente Cruz P. de Murga; vice, María B. de Salcinés; tesorera, Purificación R. de Trilles; protesorera, Eustaquia D. de Olivera; inspectoras, Carmen M. de Moreno, Natalia G, de Fernández y Juana A. de Battioni; secretaria, Manuela I. Murga; prosecretaria, Estéfa Espetal; vocales, Matilde L. de Dozo, Mariana E. de Canosa, Julia Uriarte, Rosa C. de Perijo y Ramona R. de Oribe. Padrinos: Margarita V. de Pieres y Emilio Castellano».</p><p>La labor meritoria y silenciosa de la Institución no sólo fue por parte de sus fundadores o sostenedores, también tuvieron parte integral en ello sus primeros empleados.</p><p>El 12 de septiembre de 1900 ingresaron como empleados del hospital José Escobar y Teresa Iguacel de Escobar, que casi cumplieron medio siglo en la institución y cooperaron silenciosamente en la gran obra humanitaria del primer establecimiento asistencial de la ciudad.</p><p>Ecónomo y administrador, José Escobar y sus descendientes pasaron casi toda su vida entre las viejas paredes del Hospital.</p><p>Eduardo Escobar, uno de sus hijos, es por antonomasia el poeta de la ciudad y su hermoso libro «Necochea, ciudad progresista y poética» una fuente de documentación histórica sobre los primeros pasos de la ciudad.</p><p>El nombre</p><p>El nombre de «General Díaz Vélez» fue impuesto por agradecimiento a las tierras donadas por Carlos Díaz Vélez, descendiente del prócer de la Independencia argentina -nieto del mismo-.</p><p>A la entrada del Hospital existió hasta los últimos años -ignorándose su posterior paradero- un busto de la dama que hizo muchísimo por la entidad: Cruz P. de Murga. Se alzaba sobre un pedestal su blanca y marmórea y una pequeña placa decía: «Hizo el bien por el bien mismo».</p><p>Cuando Necochea cumplió 50 años, la Sociedad de Beneficencia Protectora de los Pobres era presidida por Manuela J. Murga de Rodríguez; vicepresidente, Margarita e. de Arana; tesorera Sara L. de Garré; protesorera Hermenegildo M. de Marttegu; secretaria Valeriana Setién; vocales inspectoras Joaquina L. de Vilela y Geno veva Pilón de Marine y actuaba como prosecretaria Haydée Moreno Murga.</p><p>La misma sociedad también tenía a su cargo la atención del Dispensario de Lactantes «Encarnación Hurtado de Bard» y se proponía llevar a término en esa época el Hogar de Ancianos, en construcción en el mismo perímetro.También se pretendía llevar adelante la ampliación del Hospital con un subsidio de $50.000 que había sido votado por el Congreso a iniciativa del ex diputado nacional doctor Leopoldo Bard.</p><p>En el primer año de servicios el hospital atendió siete enfermos y al siguiente nueve. у Sin embargo, con el paso de los años se convirtió en el principal centro de salud de la localidad. En 1944, en plena actividad, alcanzó un récord de 2.221 enfermos internados externos y 25.927 por consultorios</p><p>Los tres primeros médicos que prestaron servicios en el hospital fueron Fernando de la Moneda, primer director y también principal impulsor del nosocomio, Anselmo Ochoa y Alberto Nazarre. Estos tres médicos eran los únicos médicos radicados en Necochea. Luego llegaría el doctor Emilio Ferreyra.</p><p>Hacía 1937 el cuerpo médico lo formaban Carlos A. Acuña, como director y jefe de la sala general de mujeres; José García Landera, jefe de la maternidad y subdirector del Hospital; José Brun, jefe de la sala general de hombres; Francisco Mailland, garganta, nariz y oído; doctor Víctor Mercante, jefe de rayos; doctor Elizari Zabalza, enfermedades y operación de los ojos y el doctor Mauricio Serebrinski, odontólogo.</p><p>El consultorio externo era atendido por los doctores Carlos Acuña, Horacio Ayorolo, Juan Bilbao, Juan B. Flores, Néstor Montagnaro e Ismael Burdman. Masajista era la señora Zelmira Guzmán de Carinci. Según los casos, concurrían también al hospital los doctores Emilio Ferreyra y Roberto Ramovecchi.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aSWYRf36hJdBK4x6063Ft6qU7Go=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/10/foto-historia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La Sociedad Protectora de los Pobres forjó la creación de un nosocomio para la ciudad]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-08-09T02:16:37+00:00</updated>
                <published>2026-08-09T02:09:00+00:00</published>
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            Hace 132 años llegaba por primera vez el tren a Necochea
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/hace-132-anos-llegaba-por-primera-vez-el-tren-a-necochea" type="text/html" title="Hace 132 años llegaba por primera vez el tren a Necochea" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ePvM3Dq79b-zhgG3VLDru7cwL1g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/tren.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Archivo</p><p>Ecos Diarios</p><p>&nbsp;</p><p>Al fundarse la ciudad, los pioneros ya imaginaban que en un futuro no muy lejano la desembocadura del Quequén se podía convertir en un puerto importante, las comunicaciones con las otras nacientes ciudades del interior bonaerenses eran tan lentas como los vehículos a tracción a sangre de la época.</p><p>La nueva región pampeana carecía de ríos navegables (a diferencia del cordón del cereal en los Estados Unidos, que tuvo acceso al Mississippi) y la carretera no era un transporte económicamente idóneo para mercaderías de bajo valor por unidad de peso.</p><p>En 1883, dos años después de la fundación de Necochea, la tonelada transportada por carretera costaba $7,50 oro por cada 100 kilómetros, mientras que por barco de vela sólo costaba $1,40 oro.</p><p>En esas circunstancias, la construcción del ferrocarril (el costo de transporte era de $1,50 oro la tonelada/cien kilómetros) aparecía como condición indispensable para hacer rentable la explotación económica de vastas extensiones pampeanas.</p><p>Sendas de hierro</p><p>El ferrocarril llegó a Necochea el 1º de agosto de 1894. La línea había comenzado su tendido en la Capital Federal y llegado hasta Chascomús, para luego continuar hasta Dolores en 1857.</p><p>El tramo entre esta última población y Ayacucho se habilitó en 1863, para después concretarse los 88 kilómetros hasta Balcarce.</p><p>Las vías tardaron varios años en cubrir los 105 kilómetros que separan a esa ciudad de Quequén.</p><p>El 24 de noviembre de 1892 arribó el primer convoy hasta la estación de la vecina localidad.</p><p>Para materializar el enlace entre Quequén y Necochea -sólo 1,5 kilómetros- transcurrieron dos años más, aunque la construcción del puente ferroviario había comenzado en 1890.</p><p>Más de 500 trabajadores tomaron parte en la construcción de este paso, realizado con materiales que llegaron en 1891 a través del naciente puerto local.</p><p>La llegada del ferrocarril a Necochea significó un revolucionario avance para el transporte de la época.</p><p>La jornada del 1º de agosto de 1894 resultó una verdadera fiesta para la ciudad, cuando arribó ese primer tren con vagones de pasajeros y cargas.</p><p>Entre los viajeros ilustres y personalidades se destacaba el doctor Carlos Pellegrini, ex presidente de la Nación.</p><p>El primer jefe de la estación, Lorenzo Revol, hizo repicar 21 veces la campana y numeroso público se dio cita en el lugar para adherirse a la celebración.</p><p>Impacto en la región</p><p>Al trazar una pintura de la época, el historiador necochense Egisto Ratti escribió que “el 20 de noviembre de 1908, al inaugurarse el ramal Tamangueyú-Lobería-Tres Arroyos, el ferrocarril cruzó importantes zonas productoras de cereal, dando paso a ventas y remates de tierras en la denominada mejor región triguera del mundo”.</p><p>El tren también motivó la conformación de poblados como La Dulce, que es la localidad más antigua del interior del distrito, y el pueblo Cooper, luego Defferrari.</p><p>El 15 de octubre de 1908 se inauguró la línea Necochea-Lobería-Tandil y, en consecuencia, los trenes comenzaron a llegar a nuestra ciudad por vía Tandil y vía Ayacucho.</p><p>El ferrocarril continuó siendo el principal medio de transporte de pasajeros con el que contó la ciudad durante décadas.</p><p>Decenas de personas trabajaban en la estación. En aquella época los trenes eran a vapor y además de los guardas, se hacía necesario el empleo de maquinistas y foguistas para poder hacer funcionar los gigantes de hierro.</p><p>No obstante, la aparición de los servicios de ómnibus de larga distancia y la falta de mantenimiento del puente ferroviario comenzaron a atentar lentamente contra la continuidad del tren en Necochea.</p><p>El desgaste del puente hizo que el paso de trenes fuera cada vez más dificultoso, hasta que en diciembre de 1968 se decidió clausurarlo y Necochea se quedó definitivamente sin tren. Si bien la estación continuó funcionando durante varios meses más como expendedora de boletos.</p><p>El cierre definitivo de la&nbsp; Estación significó el fin de un ciclo que cerró en 1980, con la caída del puente ferroviario durante la inundación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ePvM3Dq79b-zhgG3VLDru7cwL1g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/tren.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Ocurrió el 1º de agosto de 1894. Significó un revolucionario avance para el transporte de la época]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-08-01T23:40:42+00:00</updated>
                <published>2026-08-01T23:38:38+00:00</published>
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            Un escultor que dejó su marca en Necochea
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/un-escultor-que-dejo-su-marca-en-necochea" type="text/html" title="Un escultor que dejó su marca en Necochea" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mg32C4DVFaF_2Z08YEvCydis43k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/monumento_al_general_san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Archivo&nbsp;Ecos Diarios</p><p>En septiembre se conmemorará el 46º aniversario del fallecimiento del escultor Franco Fúrfaro.</p><p>Este hombre marcó la geografía necochense. Sus obras se encuentran en lugares estratégicos. El general San Martín que mira hacia la Villa balnearia desde el monumento de Diagonal y 59 es creación de este artista. También el Irigoyen de 46 y 59 y el busto de Murga.</p><p>El escultor también colaboró en la realización del busto al General Necochea que se encuentra en el ex Colegio Industrial.</p><p>Falleció el 23 de septiembre de 1980 y Ecos Diarios publicó en su página de sociales una nota cuyo título sintetizaba el sentir de los necochenses que habían conocido al artista: “Se fue un amigo de nuestra ciudad”.</p><p>“En su residencia de la ciudad de City Bell, cercana a La Plata, ha fallecido un notable representante de la escultura ítalo argentina y gran amigo de los necochenses”, indicaba la nota necrológica. “Fúrfaro amaba esta ciudad con entrañable cariño”, añadía.</p><p>Unos meses antes el artista había realizado una exposición en el Hotel Marino.</p><p>Una relación especial</p><p>Fúrfaro había iniciado su relación con Necochea en 1937, cuando actuó como jurado del primer Salón de Arte realizado en el Royal Hotel. Luego realizaría una serie de obras que comenzaron a definir el paisaje urbano necochense.</p><p>Fue el autor del monumento al General San Martín en la rotonda de avenida 59 y Diagonal, del busto a don Hipólito Irigoyen y también del Discóbolo, que hizo erigir el Club Rivadavia en el cementerio local en homenaje a los deportistas desaparecidos. El busto a Angel Murga también es de su creación.</p><p>Además, donó 43 obras de arte a la Municipalidad. “Antes de donarlas a otras comunas, prefiero Necochea”, manifestó Fúrfaro en febrero de 1970, en una de sus visitas. El escultor sugería que las obras donadas podían utilizarse para la fundación de un Museo Municipal como los que existían en otras ciudades turísticas.</p><p>Nacido en Italia</p><p>Fúrfaro había nacido en Calabria, Italia, el 7 de noviembre de 1901. Llegó a nuestro país en 1927 y vivió en La Plata hasta 1969, cuando se mudó a City Bell.</p><p>Fue uno de los socios fundadores de la Peña de Bellas Artes de esa ciudad y su trabajo fue distinguido con premios en distintas exposiciones de pintura y escultura.</p><p>Uno de los temas escultóricos preferidos de Fúrfaro fue la madre. Realizó una escultura de grandes dimensiones sobre este tema en el Club Atlético City Bell.</p><p>También realizó otros monumentos a la madre en la plaza central de Villa Elisa, en Los Hornos y en Berisso.</p><p>Entre los grandes monumentos hay dos inspirados en la figura del General San Martín, uno en Magdalena y el otro en nuestra ciudad.</p><p>En el Museo de Ciencias Naturales de La Plata también se encuentra una cabeza de indio toba y en la Iglesia San Ponciano de la capital provincial, una imagen de la Virgen María. En City Bell también realizó un busto de Manuel Belgrano, que años después fue destruido.</p><p>Durante años, Fúrfaro también trabajó como artista en el Museo Policial de La Plata.</p><p>Según el artículo publicado en Ecos Diarios con motivo del fallecimiento del artista, Fúrfaro fue “un escultor de escuela, muchas de sus obras alegran diversos paseos públicos de la República”.</p><p>Además de “pintor de fina sensibilidad y gran artista que trajo desde su patria toda la gama de conocimientos que plasmó en su patria adoptiva”.</p><p>Debido a su larga relación con Necochea, en 1959, cuando la Municipalidad aprobó una partida para impulsar la construcción del monumento a San Martín, Fúrfaro fue el artista elegido para esculpir la estatua del prócer. Incluso se contó con la aprobación del Instituto Nacional Sanmartiniano.</p><p>Actualmente, las obras de este artista son parte de la ciudad, pero muy pocos necochenses conocen el nombre de su creador. Sus esculturas han logrado el mayor reconocimiento al que puede aspirar un artista, son parte del entorno.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mg32C4DVFaF_2Z08YEvCydis43k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/monumento_al_general_san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Franco Fúrfaro creó el monumento al general San Martín, ubicado en Diagonal y avenida 59]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-07-26T02:47:01+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T01:32:00+00:00</published>
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            El piloto olvidado que compitió con Fangio en Necochea
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/el-piloto-olvidado-que-compitio-con-fangio-en-necochea-1" type="text/html" title="El piloto olvidado que compitió con Fangio en Necochea" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WFOmtf2bcuKdUnJs_k9733fqrAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/carlos_arzani.webp" class="type:primaryImage" /></figure>ArchivoEcos Diarios<p>Hubo una época en que Necochea fue escenario de algunas de las más grandes competencias del automovilismo. Juan Manuel Fangio, los Gálvez, Benedicto Campos y otros grandes pilotos de aquellos años corrieron en los circuitos callejeros de nuestra ciudad.</p><p>Competían en el circuito Urbano Pradera, en el camino a las Dos Hermanitas y luego en un trazado que comprendía la actual zona portuaria de nuestra ciudad y la Villa balnearia.</p><p>El circuito recorría la Diagonal San Martín, la avenida 59, el Puerto, la avenida 2 y la avenida 79.</p><p>Hasta 30.000 personas asistieron a aquellas competencias de las categorías Fuerza Limitada, Ford T y Fuerza Libre.</p><p>El Club Rivadavia, Huracán, Progresista de Quequén, Quilmes y luego el Necochea Automóvil Club organizaban aquellas legendarias pruebas.</p><p>Entre los pilotos necochenses, sólo Benedicto Campos y Domingo Alcuaz continuaron compitiendo luego del período de inactividad provocado por la Segunda Guerra Mundial.</p><p>El quequense Benedicto Campos llegó a competir en Europa, en el equipo de Juan Manuel Fangio.</p>Días de truenos<p>Algunos de aquellos automovilistas que corrieron en Necochea y obtuvieron grandes triunfos han quedado en el olvido. Es el caso de Carlos Arzani.</p><p>No sólo de nombres que alcanzaron la gloria, como Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, se nutre la historia del automovilismo.</p><p>A principios de 1938, Carlos Arzani, nacido en Río Ceballos, compitió en Necochea. En aquella carrera hizo su primera presentación oficial un joven piloto de Balcarce: "Chueco" Fangio.</p><p>Aquella tarde de marzo, en la prueba denominada Circuito Ciudad de Necochea, Carlos Arzani fue implacable con su Alfa Romeo.</p><p>Participaban figuras como Ernesto Blanco, Fermín Martín, Hugo Abramor, Plácido Ruiz y Ángel Garabato.</p><p>El circuito recorría la Diagonal San Martín, la avenida 59, el Puerto y la Costanera hasta la avenida 79.</p><p>La prueba reunió a aficionados de Tres Arroyos, Gonzales Chaves, Benito Juárez, Tandil y Bahía Blanca.</p><p>Participaban marcas como Alfa Romeo, Chrysler, Bugatti, Ford, Fiat y De Soto.</p>La previa<p>Desde varios días antes la ciudad comenzó a vivir el clima de fiesta.</p><p>En diálogo con Ecos Diarios, Carlos Arzani había manifestado: "Todos los que vienen tienen chances".</p><p>En las pruebas de clasificación, Carlos Arzani marcó el mejor tiempo, seguido por Fermín Martín, Hugo Abramor, Ernesto Blanco, Juan Manuel Fangio, Enrique Moyano, Atilio Pedrazzini y Ángel Garabato.</p>Día de carrera<p>La lluvia dejó el circuito resbaladizo antes de la largada.</p><p>En la primera serie se destacaron Fermín Martín, Enrique Moyano y Ángel Garabato.</p>Segunda serie<p>A las 15.10 se largó la segunda serie con Carlos Arzani, Hugo Abramor, Juan Manuel Fangio, Atilio Pedrazzini y otros pilotos.</p><p>Carlos Arzani dominó ampliamente la competencia y logró el mejor promedio.</p>La final<p>En la final participaron Carlos Arzani, Fermín Martín, Ernesto Blanco, Hugo Abramor, Plácido Ruiz, Ángel Garabato y Juan Manuel Fangio.</p><p>En la largada, Juan Manuel Fangio tomó momentáneamente la punta, pero Carlos Arzani recuperó rápidamente el liderazgo.</p><p>El cordobés ganó con autoridad y el público invadió la pista para saludarlo.</p><p>La excelente organización convirtió al Circuito Ciudad de Necochea en una de las competencias más importantes disputadas en la ciudad.</p><p>Al año siguiente, Carlos Arzani ganó el Campeonato Argentino de Pista.</p><p>Su desempeño le permitió ser convocado por Alfa Romeo, equipo conducido por Enzo Ferrari.</p><p>Pero la Segunda Guerra Mundial puso fin a las competencias europeas y obligó a Carlos Arzani a retirarse en el mejor momento de su carrera.//</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WFOmtf2bcuKdUnJs_k9733fqrAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/carlos_arzani.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En marzo de 1938 Carlos Arzani se impuso en una prueba que tenía entre sus participantes a un joven de Balcarce que realizaba su primera presentación oficial.]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-07-19T02:10:08+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T22:23:11+00:00</published>
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            La noche en que Serrat conquistó Necochea
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SQqUeyjIzeUf1e6gnAncaODDgYw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/la_noche_en_que_serrat_conquisto_necochea.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSÉ FLORES</p><p>&nbsp;</p><p>Redacción</p><p>El jueves 18 de febrero de 1971, Necochea fue escenario de una de las presentaciones musicales más recordadas de aquella temporada estival. Joan Manuel Serrat, que con apenas 27 años ya se había convertido en una de las figuras más importantes de la canción en español, ofreció un recital en la confitería Rimini ante un salón completamente colmado.</p><p>Su paso por la ciudad quedó reflejado en la edición del 20 de febrero de Ecos Diarios, a través de la sección "Tu Verano", espacio dedicado a registrar la intensa actividad turística y cultural del verano necochense y que años más tarde daría origen a la tradicional "Hola Verano".</p><p>La expectativa por la llegada del artista era enorme. Según relató el cronista, "todo Necochea dentro o fuera de Rimini" parecía resumir el clima que se vivía aquella noche. La capacidad del salón estaba colmada y cientos de personas permanecían en las inmediaciones con la esperanza de verlo de cerca.</p><p>Un fenómeno de la canción</p><p>Cuando llegó a Necochea, Serrat atravesaba uno de los momentos más importantes de su carrera. Después de iniciar su trayectoria artística en Cataluña durante la década de 1960, había logrado trascender las fronteras españolas gracias a canciones que combinaban poesía, sensibilidad y una mirada profundamente humana sobre la vida cotidiana.</p><p>Temas como "Penélope", "Tu nombre me sabe a hierba", "Poema de amor" y "Poco antes de que den las diez" ya integraban el repertorio que lo había convertido en un referente de la nueva canción en lengua española.</p><p>Su actuación en Rimini confirmó ese fenómeno. Durante unos cuarenta minutos, el silencio del público acompañó cada interpretación. El periodista de Ecos Diarios describió un ambiente inusual para una confitería: el respeto y la atención de los asistentes hacían pensar "más en un templo que en un salón de espectáculos". Al finalizar cada canción, los aplausos estallaban con intensidad.</p><p>Una entrevista de madrugada</p><p>Antes del recital, Serrat había participado de una conferencia de prensa junto a periodistas locales y enviados de distintos medios nacionales, entre ellos Radio Belgrano, Canal 9 de Buenos Aires y corresponsales de Córdoba.</p><p>Pero la conversación más extensa llegó después del espectáculo.</p><p>Ya entrada la madrugada, el cantante recibió al cronista de Ecos Diarios en la habitación del hotel donde se alojaba antes de partir rumbo a Mar del Plata. Eran las 2.15 cuando comenzó una charla que se prolongó durante más de una hora.</p><p>El periodista describió con detalle la escena: camisa bordó, pantalón vaquero, un apretón de manos cordial y un modo pausado de hablar. Lo retrató como un hombre reservado, de respuestas meditadas, voz suave y el inconfundible acento catalán que acompañaba cada frase.</p><p>"Hago lo que siento"</p><p>Durante la entrevista, Serrat repasó sus comienzos musicales. Recordó que empezó a hacer música en 1963 junto a un grupo de amigos, aunque reconoció que aquella primera experiencia no prosperó por el espíritu bohemio de sus integrantes. Más tarde comenzó a escribir canciones "por placer" y luego integró el grupo Los 16 Jueces, hasta iniciar su carrera como solista recorriendo pueblos de Cataluña.</p><p>También explicó que nunca buscó seguir una temática determinada.</p><p>"Hago lo que siento, lo que me gusta, lo que necesito transmitir", respondió cuando fue consultado sobre el contenido de sus canciones.</p><p>Esa necesidad de comunicarse aparecía como el eje de su obra. Por eso confesó que lo más importante para él no era cantar, sino sentirse escuchado.</p><p>Al recordar la actuación en Necochea, no ocultó su entusiasmo.</p><p>"La recepción fue maravillosa. Jamás pensé que en el interior se me recibiría así", afirmó. Y agregó que necesitaba al público "no por la voz, que sé que no es del todo buena, sino para poder comunicarme".</p><p>Un artista fiel a sus convicciones</p><p>La entrevista también abordó cuestiones personales. Consultado acerca de si existía un mensaje de protesta en sus canciones, Serrat respondió que prefería hablar de amor antes que de confrontación.</p><p>"Amo a la gente", aseguró. "Soy un ser humano de 27 años que todavía tiene ganas de hacer muchas cosas."</p><p>Cuando el periodista le preguntó si se consideraba un artista comercial, la respuesta fue contundente.</p><p>Dijo que nunca había pactado para obtener beneficios económicos y que su mayor interés era conservar la honestidad consigo mismo. Afirmó que prefería renunciar a ganar más dinero antes que comprometer su independencia artística y expresó su deseo de que, al final de su vida, la gente pudiera recordar que había trabajado con honestidad.</p><p>Una despedida entre admiradoras</p><p>La entrevista concluyó cerca de las 3.25 de la madrugada.</p><p>Mientras el automóvil aguardaba para trasladarlo hacia Mar del Plata, un numeroso grupo de admiradoras esperaba frente al hotel. Entre pedidos de autógrafos, saludos y besos, Serrat dejó Necochea luego de una visita que había despertado una convocatoria poco habitual incluso para una temporada repleta de espectáculos.</p><p>Aquella presentación quedó registrada en las páginas de Ecos Diarios como uno de los acontecimientos culturales más importantes del verano de 1971. Más de medio siglo después, la entrevista permite recuperar no sólo el paso de un artista que ya era una figura internacional, sino también el clima de una época en la que Necochea recibía con frecuencia a los grandes nombres de la música popular y la sección "Tu Verano" se encargaba de dejar testimonio de esos encuentros que hoy forman parte de la memoria de la ciudad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SQqUeyjIzeUf1e6gnAncaODDgYw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/la_noche_en_que_serrat_conquisto_necochea.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En febrero de 1971, el cantautor catalán actuó en la confitería Rimini, donde cautivó al público y concedió una extensa entrevista a Ecos Diarios para la sección "Tu Verano", antecesora de "Hola Verano"]]>
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                                <updated>2026-07-11T20:50:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T20:48:30+00:00</published>
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            Antes de las olas y el viento
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CO31-fswDAWgMT7YMveUbpNvJZA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/donald.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSÉ FLORES</p><p>&nbsp;</p><p>El viernes 12 de febrero de 1971, Necochea recibió una visita que despertó el entusiasmo de cientos de jóvenes. Donald, uno de los cantantes más populares de la llamada Nueva Ola, llegó a la ciudad para participar de la presentación de la película En una playa junto al mar, que se proyectó en el Cine Gran Sud con una sala colmada.</p><p>La presencia del artista quedó registrada en la sección "Tu Verano" de Ecos Diarios, publicada el 15 de febrero de ese año. Aquella página, dedicada a reflejar la intensa actividad turística de la temporada, fue la antecesora de "Hola Verano", que durante décadas se convertiría en un clásico de los veranos necochenses.</p><p>La visita fue breve. Donald arribó desde Mar del Plata junto a su hermano Alex Mc Cluskey, quien por entonces era su representante, después de haber participado de la presentación del mismo filme en la ciudad vecina. Los acompañaba el empresario local Tito Fernández, quien los recibió en su residencia de la villa balnearia antes de la función nocturna en el Gran Sud.</p><p>Un ídolo de la Nueva Ola</p><p>En 1971, Donald atravesaba uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera. Nacido como Donald Clifton McCluskey, había iniciado su trayectoria artística durante la década de 1960 y rápidamente se convirtió en una de las figuras más representativas de la música juvenil argentina.</p><p>Su repertorio incluía éxitos como Tiritando, Siempre fuimos compañeros y Scaba badabadu, tema que acababa de superar el millón de discos vendidos y que le había valido un Disco de Oro otorgado por RCA Víctor pocos días antes de su llegada a Necochea.</p><p>Años después continuaría ampliando su carrera con canciones que alcanzarían proyección internacional, entre ellas Las olas y el viento, una de las composiciones más recordadas de su trayectoria.</p><p>La película En una playa junto al mar representaba además su primera incursión como protagonista en el cine, en una etapa en la que la música juvenil y las producciones cinematográficas orientadas al público adolescente gozaban de gran éxito en la Argentina.</p><p>En la casa de Tito Fernández</p><p>La nota de Ecos Diarios relataba que el encuentro con Donald no tuvo el formato de una entrevista tradicional. El cronista fue recibido en la casa de Tito Fernández, donde el cantante descansaba antes de regresar al cine para la función de la noche.</p><p>Allí compartieron una conversación distendida junto a Alex Mc Cluskey y a los integrantes de la familia Fernández. El periodista describe el clima cordial del encuentro y hasta registra una escena cotidiana: al levantarse para saludar, Donald golpeó accidentalmente con su cabeza una lámpara del living, lo que dio pie a una charla sobre su estatura y ayudó a romper el hielo.</p><p>Más allá de las anécdotas, la visita permitió que el público local tuviera un contacto directo con uno de los artistas más convocantes del momento, que esa misma tarde recibió el afecto de los espectadores al hacerse presente en el Cine Gran Sud.</p><p>El anfitrión</p><p>La reunión tuvo como escenario la residencia de Tito Fernández, una figura muy conocida en la historia del turismo local, ya que su empresa operó los cinco cines de la ciudad. Durante décadas fue uno de los principales impulsores de espectáculos y actividades recreativas en la villa balnearia.</p><p>Su nombre quedó asociado a una época de esplendor turístico de Necochea, cuando los grandes artistas nacionales visitaban la ciudad con frecuencia y los estrenos cinematográficos, los recitales y las actividades sociales formaban parte de la agenda habitual de cada verano.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CO31-fswDAWgMT7YMveUbpNvJZA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/donald.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En febrero de 1971, el popular cantante visitó la ciudad para acompañar el estreno de “En una playa junto al mar” en el Cine Gran Sud]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-07-05T02:10:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-05T01:11:00+00:00</published>
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            Cuando Necochea soñaba con ser la mejor playa de Sudamérica
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/cuando-necochea-sonaba-con-ser-la-mejor-playa-de-sudamerica" type="text/html" title="Cuando Necochea soñaba con ser la mejor playa de Sudamérica" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4nYbypSF6GuRp30njxfkJj9l2W0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_cuando_necochea_queria_ser_la_mejor_playa_de_sudamerica.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSÉ FLORESRedacción</p><p>A mediados de la década de 1920, Necochea era una ciudad joven que buscaba consolidar su identidad y proyectarse hacia el resto del país. El turismo comenzaba a perfilarse como una actividad estratégica y las instituciones locales trabajaban para difundir las bondades de la villa balnearia.</p><p>En 1927, el Centro Comercial e Industrial de Necochea hizo imprimir una gran cantidad de afiches y estampillas promocionales destinadas a atraer visitantes argentinos. Los materiales publicitarios presentaban a la playa de Necochea como “la mejor de Sudamérica”, una afirmación que reflejaba las aspiraciones de una comunidad convencida del potencial de su frente marítimo.</p><p>La ciudad había obtenido oficialmente esa categoría apenas 16 años antes, en 1911, gracias a un proyecto impulsado por el ex diputado bonaerense y ex intendente local Alfredo Butty. Para entonces, el crecimiento urbano y económico comenzaba a hacerse evidente.</p><p>En el libro publicado por Antonio F. Ignacio, fundador de Ecos Diarios, con motivo del cincuentenario de Necochea, se describía el largo camino recorrido para alcanzar ese reconocimiento institucional.</p><p>“Ha sido necesario el recorrer de varios años de empeñosas gestiones y de paciente espera, para lograr la atención de los poderosos poderes públicos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires”, señalaba la obra.</p><p>A comienzos de la década de 1930, la ciudad contaba con una población estimada en unos 20.000 habitantes. Las publicaciones de la época destacaban la transformación de su paisaje urbano y el dinamismo de su actividad económica.</p><p>“El panorama urbano ha variado visiblemente en los últimos años. Necochea se ha modernizado. El movimiento cotidiano de Necochea es el característico de las ciudades laboriosas y tranquilas”, afirmaba uno de los cronistas.</p>Los grandes comercios<p>El desarrollo de Necochea estaba estrechamente ligado al crecimiento de sus comercios históricos. Entre las firmas más importantes figuraba Emilio Castaños y Compañía, una empresa cuyos orígenes se remontaban a 1894.</p><p>La casa comercial abarcaba almacén de ramos generales, ferretería, bazar y corralón de maderas. Funcionaba en un amplio edificio inaugurado en 1922 en la esquina de las actuales calles 58 y 65, entonces identificadas como A. I. Murga y González Chaves.</p><p>El propio Emilio Castaños había comenzado como empleado habilitado antes de convertirse en socio de la firma, una trayectoria empresarial destacada en aquellos años.</p><p>La empresa también representaba a General Motors Argentina y comercializaba automóviles y camiones a través de una agencia ubicada en Díaz Vélez y Belgrano, además de contar con un salón de exposiciones en Alsina y Balcarce. A ello sumaba la representación de Shell Mex Argentina y de J. I. Case Company, dedicada a la maquinaria agrícola. Además, actuaba como corresponsal del Banco Español del Río de la Plata.</p><p>Otro establecimiento emblemático fue Euskalduna, fundado en 1889 por Tomás Bilbao. Funcionó durante décadas en la esquina de Belgrano y Díaz Vélez, actuales calles 62 y 63, y desarrolló actividades vinculadas al almacén de ramos generales, corralón de maderas y acopio de frutos.</p><p>Entre sus representaciones figuraban marcas de relevancia nacional e internacional, vinculadas tanto al sector agrícola como al de combustibles.</p><p>También quedó en la memoria de los necochenses La Nueva Perla, propiedad de Martín Luengas, quien había sido socio de la firma fundadora Jaureguizar Hermanos y Compañía.</p><p>Ubicado en la esquina de las actuales calles 57 y 70, el comercio era considerado uno de los mejores de la región. Su particularidad radicaba en que reunía bajo un mismo techo los rubros de almacén y tienda, una modalidad poco habitual para la época.</p>La ciudad que se modernizaba<p>La expansión económica también se reflejaba en otros sectores comerciales e industriales.</p><p>En 1900 había sido fundada la Gran Zapatería Roma por la firma Terrani y Compañía. El local funcionaba sobre la entonces avenida Alsina, hoy avenida 59. Posteriormente pasó a denominarse Terrani y Noseda y, desde 1921, quedó bajo la dirección de Eduardo Noseda.</p><p>Además de calzado de primeras marcas, ofrecía artículos para fútbol, tenis, playa y otros deportes, productos de goma, valijas y un taller de reparación. También aplicaba tratamientos para los pies según el método desarrollado por el especialista estadounidense William M. Scholl. Con el tiempo abrió una sucursal llamada La Ideal sobre la calle Belgrano.</p><p>Por aquellos años también funcionaba una importante fábrica de bebidas gaseosas perteneciente a Riganti y Fernández, empresa que anteriormente había sido propiedad de Antonio Gatto y Compañía.</p><p>En sus instalaciones se elaboraban soda, naranjada y otras bebidas sin alcohol. Además, la firma era concesionaria de la cerveza Quilmes y distribuía anualmente más de 25.000 docenas de botellas en hoteles, bares, almacenes y domicilios particulares del distrito.</p><p>La producción industrial local se completaba con la fábrica de hielo de Kristian F. Bork, considerada por las publicaciones de la época como uno de los establecimientos más modernos del país en su rubro.</p><p>La planta contaba con cámaras frigoríficas destinadas al enfriamiento de leche pasteurizada y a la conservación de manteca y otros productos lácteos. Su actividad estaba vinculada además a la fábrica Las Grutas, dedicada a la elaboración de quesos, manteca, caseína y a la pasteurización de leche, emprendimiento que Bork desarrollaba junto a Zabala.</p><p>Aquella Necochea de poco más de 20.000 habitantes todavía estaba lejos de alcanzar las dimensiones actuales, pero ya exhibía muchos de los rasgos que marcarían su desarrollo durante el siglo XX: el empuje comercial, la actividad industrial, la producción agropecuaria y una fuerte apuesta al turismo en Necochea. Una ciudad joven que comenzaba a construir su futuro mientras promocionaba sus playas con la ambición de convertirse en uno de los grandes destinos turísticos del país.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4nYbypSF6GuRp30njxfkJj9l2W0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_cuando_necochea_queria_ser_la_mejor_playa_de_sudamerica.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace 99 años el Centro Comercial e Industrial de Necochea hizo imprimir una gran cantidad de afiches y estampillas promocionales destinadas a atraer visitantes de todo el país]]>
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                                <updated>2026-06-28T03:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-06-28T01:55:00+00:00</published>
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            Un libro olvidado sobre la convivencia en la Necochea primitiva
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Bg4qetSVWFdIAfVgoA1omun9uwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/los_vorogas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>Entre los numerosos testimonios que ayudan a reconstruir la historia de Necochea existe un pequeño libro prácticamente olvidado. Se trata de la recopilación de una conferencia que el periodista Samuel Moreno Ortiz pronunció en 1939 en el Ateneo Necochense, una institución cultural que tuvo una destacada influencia en la vida intelectual de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX.</p><p>Moreno Ortiz era por entonces una figura reconocida del periodismo local. Director del diario Necochea, uno de los periódicos pioneros de la ciudad, dedicó buena parte de su trabajo a rescatar episodios del pasado regional. En aquella conferencia abordó un tema que todavía hoy genera debates y nuevas interpretaciones: las relaciones entre los pueblos originarios y los primeros pobladores criollos que habitaron esta zona del sudeste bonaerense.</p><p>El Ateneo Necochense había sido creado algunos años antes por un grupo de vecinos vinculados a la actividad cultural y política local. Entre sus impulsores figuraban el escritor Eduardo Escobar, Gabriel Gelemur, Cipriano Reyes, el doctor Roberto D. Ramovechi, Carlos Bravo, Francisco Cortesano, Carlos C. Rolón, los hermanos Ignacio y el propio Moreno Ortiz. Según recordaba Escobar, el objetivo era constituir un centro cultural que promoviera las manifestaciones intelectuales y artísticas, contribuyendo al desarrollo de una ciudad que aspiraba a ocupar un lugar destacado entre las más progresistas de la provincia.</p><p>Cuando Moreno Ortiz expuso sus ideas, los acontecimientos de la denominada Conquista del Desierto todavía permanecían relativamente cercanos en la memoria colectiva. Muchos de los asistentes habían escuchado relatos transmitidos por sus padres o abuelos sobre los indígenas que recorrían la región antes de la consolidación del Estado nacional en la frontera sur bonaerense.</p><p>En su exposición, el periodista remontó los primeros contactos entre europeos e indígenas a fines del siglo XVI. Mencionó la expedición de Juan de Garay en 1582 y recordó las incursiones de Hernandarias de Saavedra hasta la desembocadura del río Quequén. También destacó la experiencia de los jesuitas en la Misión de la Virgen del Pilar, establecida en la actual Laguna de los Padres, donde durante un tiempo convivieron pacíficamente con numerosas familias indígenas.</p><p>Según la visión de Moreno Ortiz, el equilibrio comenzó a quebrarse durante las primeras décadas del siglo XIX, cuando el avance de la frontera militar generó conflictos cada vez más frecuentes. Citó los testimonios de Charles Darwin, quien durante su viaje por la región en 1832 observó el temor de las comunidades indígenas frente a las campañas impulsadas por el gobierno de Juan Manuel de Rosas.</p><p>Las interpretaciones actuales sobre aquel período son mucho más complejas que las que predominaban en la década de 1930. Hoy los historiadores coinciden en que la expansión territorial del Estado argentino estuvo acompañada por procesos de violencia, desplazamiento forzado y desestructuración de las comunidades originarias, cuyas consecuencias todavía forman parte de la discusión histórica y política del país.</p><p>Uno de los aspectos más interesantes del relato de Moreno Ortiz se refiere a los vínculos que existieron entre los primeros pobladores de la región y los vorogas, un grupo indígena que habitaba amplios territorios vinculados a Salinas Grandes. El periodista sostenía que durante varios años las relaciones fueron predominantemente amistosas y estuvieron basadas en el intercambio comercial.</p><p>Los vorogas, explicaba, mantuvieron una organización propia hasta mediados de la década de 1830. La irrupción de Calfucurá y la reconfiguración de los liderazgos indígenas alteraron profundamente el escenario político de las pampas, modificando alianzas y generando nuevos conflictos que repercutieron en toda la región.</p><p>Aun así, numerosos grupos continuaron desarrollando actividades comerciales con los habitantes de la campaña bonaerense. Llegaban a los establecimientos rurales transportando sal, pieles, plumas, quillangos, tejidos y diversos objetos de uso cotidiano. A cambio obtenían animales, herramientas y otros productos necesarios para la subsistencia.</p><p>Moreno Ortiz describía aquellos intercambios como encuentros cordiales. Recordaba incluso una expresión que, según sus testimonios, era frecuente escuchar entre los comerciantes indígenas: “Dando, dando hermano”, una fórmula que simbolizaba el espíritu de reciprocidad que caracterizaba esas transacciones.</p><p>Con el paso de los años, sin embargo, la creciente disputa por el control del territorio fue erosionando esos vínculos. Los enfrentamientos se hicieron cada vez más frecuentes y terminaron desembocando en un proceso de guerra que transformó definitivamente la historia de las pampas.</p><p>Más allá de las interpretaciones que hoy puedan hacerse sobre algunos de sus conceptos, la conferencia de Samuel Moreno Ortiz conserva un valor documental singular. Constituye el testimonio de una época y refleja cómo los necochenses de las décadas posteriores a la Conquista del Desierto recordaban la presencia indígena en la región.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Bg4qetSVWFdIAfVgoA1omun9uwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/los_vorogas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mucho antes de la fundación de la ciudad, los habitantes de la tierra eran otros: los vorogas. En 1939, el periodista Samuel Moreno Ortiz los recordaba en una conferencia en el Ateneo Necochense]]>
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                                <updated>2026-06-21T03:15:08+00:00</updated>
                <published>2026-06-21T01:49:00+00:00</published>
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            Crónicas de la zona pintada
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J3fKJ_8Hg9I4vdRQ3JEZee9VQWU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_basquet.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>Si bien nunca fue tan popular como el fútbol, el básquetbol siempre tuvo muchos seguidores en nuestra ciudad. La práctica de este deporte en la ciudad se remonta a finales de la década de 1920 y principios de la del 30. En esa época un grupo de jóvenes fundó el Club Juventud.</p><p>La desaparecida entidad estaba integrada por Heidelberg Escandón, Raúl Borrelli, Norberto Rasmussen, Ernesto Albizuri, Aníbal P. De la Canal, Julio Mario y Héctor Castaños, Juan Carlos y Alfredo R. Lafforghe, Víctor E y Orlando N. de la Canal, Artemio H. Porcaro y Carlos E. Lowengard.</p><p>El club se fundó el 10 de mayo de 1931 y un año más tarde, en su primer aniversario, la entidad se dedicó "a la práctica del básquetbol y al fomento de la sociabilidad". Juventud inauguró su cancha el 11 de octubre de 1931 y fueron los padrinos del campo la señora Julia Elvira Palacio de Arrofo y el ex comisionado municipal José Pucciarelli. Ese día el equipo necochense enfrentó al Club Social Balcarce.</p><p>Con la creación del Club Olimpia, surgieron los clásicos duelos entre ambos equipos, disputados en una cancha a cielo abierto y con piso de ladrillo. Uno de los primeros equipos de Juventud estaba formado por Raúl A. Borrelli, Ricardo Yacomini (capitán), Arturo Sala y Heidelberg Escandón.</p><p>Aquella institución pionera también fue la primera en enfrentar a un representativo capitalino, el 26 de enero de 1932, con un histórico triunfo por 27 a 18. De acuerdo a crónicas de la época, en 1932 ya se jugaba un torneo local de básquet con un equipo balcarceño como invitado. Participaron el primer torneo equipos del Colegio Nacional, Olimpia, Huracán, Estudiantes, la Asociación Cristiana de Jóvenes y Club Social Balcarce.</p><p>Durante aquella década, otras entidades de la ciudad se sumaron a la práctica del básquet: Lawn Tenis, Rivadavia, Boca Juniors, Jandryp y Náutico. A raíz de ello, el 12 de abril de 1940 se formó la Federación Necochense de Básquetbol. Fueron Boca Juniors, Lawn Tenis y Juventud quienes impulsaron su creación.</p><p>Destacan nombres como Martitegui, Alfredo "Felo" Gómez, Larraburu, René Casenave, Nícora, Marti, Fernández, Juan A. Devizia…</p><p>Algunos de ellos integraron el legendario equipo de Olimpia, invicto durante tres años, que también daría al deporte los nombres de Adolfo García, Ger, Basilio Alvarez y Lalo Olivares. En aquellos años también jugaron Roberto Orofino, "El Zorro" Birgé y el siempre recordado Juan Carlos Luengas, jugador de Estudiantes de La Plata en 1945 y 1946.</p>Hacia la gloria<p>Desde hace años Bahía Blanca es considerada la capital del básquetbol argentino y un necochense se destacó en los años 60 en los competitivos equipos sureños: José Ignacio "Polo" De Lizaso emigró muy joven a Bahía para jugar en Olimpo.</p><p>Pero debieron pasar otras dos décadas para que el básquetbol necochense obtuviera uno de sus mayores logros: en 1980 el seleccionado juvenil que dirigía el uruguayo Juan Antonio Santos Alves se consagró subcampeón provincial. En aquel equipo jugaron los juveniles Juan Pedro Valdéz, los hermanos Barredo y Jorge Apreda.</p><p>Unos años más tarde, en 1985, llegó la nunca superada edad de oro del básquet local, cuando Rivadavia decidió participar en la Liga Nacional C. Aquel equipo dirigido por De Lizaso trajo a la ciudad al máximo anotador del básquetbol argentino de la época: el estadounidense Neal Cornelius Robinson.</p><p>Desde aquellos flacos muchachos que crearon un club para jugar al básquetbol a la época dorada en los 80 y el actual afianzamiento de la práctica del deporte, han pasado 95 años, pero la pasión por el aro, la bola y la zona pintada sigue siendo la misma.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J3fKJ_8Hg9I4vdRQ3JEZee9VQWU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_basquet.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En mayo de 1931 se fundó el primer club de básquetbol de la ciudad. En los 80 el deporte tuvo su época dorada, pero siempre se practicó con la misma intensidad]]>
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                                <updated>2026-06-13T20:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-06-13T20:39:35+00:00</published>
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            La personificación del primer periodista de la ciudad
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lr451pk_vLttb2O72AH8YUBUMTM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/galarreta.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Juan José Flores</p><p>Redacción</p><p>A casi 90 años de su desaparición física, el escribano Pablo Ruiz de Galarreta aún es recordado como pionero del periodismo necochense.</p><p>Aunque no se sabe a ciencia cierta quien ejerció por primera vez esa profesión en Necochea, se considera a Galarreta el primer periodista porque desde 1889 este español fue el director y redactor de El Baluarte, un periódico que aparecía dos veces a la semana y que era propiedad del político y empresario local Alberto Nazarre.</p><p>Estudioso incansable y observador profundo, Galarreta alternó el ejercicio de su profesión de escribano con una “empeñosa dedicación a las tareas intelectuales, que abarcó a simple título de esparcimiento espiritual, cultivando la literatura en prosa y en verso”, según un anuario publicado en 1938.</p><p>Su biblioteca, en la que se podían encontrar las obras de los grandes maestros de la literatura universal, constituía el pasatiempo favorito de este pionero del periodismo local.</p><p>Requerido para funciones de carácter público y societario, los cargos que desempeñó fueron todos honoríficos, tales como la presidencia del Consejo Escolar y la presidencia de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, entre otros.</p><p>También por vocación, actuó en el periodismo como colaborador del diario La Nación, de la prensa española en Buenos Aires y de los diarios locales.</p><p>Ya en los últimos años de su vida y a pesar de su avanzada edad y su quebrantada salud, presidió la Comisión del Cincuentenario de Necochea.</p><p>&nbsp;</p><p>La entrevista</p><p>El libro “Necochea, ciudad progresista y poética”, del escritor Eduardo Escobar, contiene una breve entrevista que el escritor le hizo a Galarreta.</p><p>El periódico fue fundado el 3 de febrero de 1889 y era propiedad del doctor Alberto Nazarre, un empresario y político que llegó a ser uno de los primeros intendentes de la ciudad.</p><p>Ortiz entrevistó a Galarreta en “su escritorio y rodeado de una hermosa biblioteca”.</p><p>Galarreta recuerda en la nota que llegó a la Argentina en mayo de 1888. “En Buenos Aires, al llegar, fui redactor de La Nación y en noviembre del mismo año fui traído a esta ciudad para dirigir El Baluarte”, señaló el pionero del periodismo local.</p><p>El Baluarte comenzó como periódico bisemanal y su administrador era Alejo D. Ferreyra. La redacción, administración e imprenta del periódico se encontraba en el boulevard Alsina, en la casa de Amadeo Muñoz.</p><p>“Antes de llegar a la Argentina fui redactor de varios diarios de la península y siempre estuve en contacto con los intelectuales de la época, que en aquel entonces florecían en España”, recordaba Galarreta. “Tuve relación con los principales hombres de letras y frecuentábamos nuestras peñas con verdadero idealismo”.</p><p>“Pude quedarme en Buenos Aires entre el personal de La Nación, que dirigía Mitre, pero decidí venirme a esta ciudad para hacerme cargo de El Baluarte”, señalaba Galarreta. “Lo que tuve que luchar y los peligros que me rodearon para sostener esa publicación sólo los de aquella época lo saben”.</p><p>Escobar hace referencia en su libro a un atentado que sufrió Galarreta cuando ingresaba al Hotel Liverpool y además señala que al periodista le falta un brazo, pero no detalla si esto último es consecuencia del ataque.</p><p>De acuerdo al relato, ambos hombres prefieren hablar de los libros de la biblioteca de Galarreta. “Siempre me ha gustado la buena lectura”, señalaba el periodista.</p><p>&nbsp;</p><p>El Baluarte, un pionero</p><p>El periodismo en Necochea nació con El Baluarte, el 3 de febrero de 1889, según Escobar. En aquellos años también se publicaron El Necochense, El Combate, El Quequén y La Voz del Desierto.</p><p>“En Necochea ha habido grandes periodistas. Empecemos por el director del primer periódico, El Baluarte, don Pablo Ruiz de Galarreta y sigamos con el director de El Nacional, Samuel R. Ignacio; el director de El Pueblo, Oscar Gold, y el director de Tribuna Libre, Aurelio Cotta”, precisó.</p><p>Según el Diario de los 120 años de Necochea, publicado por Ecos Diarios en 2001, “El Baluarte inició la rica trayectoria del periodismo necochense, enmarcado dentro de la llamada prensa decimonónica, que se puede calificar de política”.</p><p>“La primera edición fue la del 3 de febrero de 1889 y la última a la que se ha tenido acceso, la del 26 de abril de 1891. Referencias documentales recientemente halladas prueban que se editó al menos hasta junio de 1894”, señala la misma fuente.</p><p>El 23 de agosto de 1889 fue asesinado en la vía pública Eustaquio Rabanera, uno de los redactores del periódico como consecuencia directa del enfrentamiento político entre los vidalistas y los nazarristas, estos últimos seguidores de Nazarre, propietario del periódico.</p><p>A pesar de este incidente, la publicación continuó con su tendencia política hasta su desaparición.</p><p>En cuanto a Galarreta, falleció casi cuarenta años después, el 19 de julio de 1936. Hoy es la personificación del primer periodista de la ciudad.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lr451pk_vLttb2O72AH8YUBUMTM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/galarreta.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Pablo Ruiz de Galarreta fue el director y redactor de El Baluarte, publicado desde febrero de 1889, por ello es considerado uno de los pioneros del periodismo local]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-06-06T21:57:18+00:00</updated>
                <published>2026-06-06T21:57:20+00:00</published>
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            El pago propio
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l-AjGzyjsQj7ks70aYboAm_yT0M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alberto_nazarre.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Juan José Flores</p><p>Redacción</p><p>La Villa de la Salud nunca existió, aunque existen planos de la misma y en algunos mapas de la región se confunde su ubicación con Estación Lumb. Un mapa rural de 1966 del distrito de Necochea ubica a Estación Lumb en el lugar donde debió estar la legendaria Villa de la Salud. ¿Pero de dónde surgió esta fantasmal localidad? A principios del siglo pasado, el dueño de esas tierras, ubicadas en el límite con el actual partido de San Cayetano, decidió crear una población.</p><p>El doctor Alberto Nazarre subdividió las tierras de la estancia La Susana con el objetivo de crear la villa, ubicada a varios centenares de metros de la estación, pero dentro del partido de Necochea. Nazarre fue el propietario del primer periódico de Necochea: El Baluarte. Según una investigación histórica realizada por Ana Carolina Alonso y Florencia Inés Colatriano, dicho periódico era bisemanal en su primera época y semanal en la segunda. Apareció en febrero de 1889 y no se tiene conocimiento de ejemplares posteriores al 19 de abril de 1891.</p><p>Según las investigadoras, el periódico se constituyó como la voz de una de las facciones políticas de la ciudad, reflejando sucesos locales, provinciales y nacionales bajo criterios facciosos y partidarios propios de la prensa decimonónica.</p><p>En aquella época, Alberto Nazarre y Adolfo Vidal se disputaban el poder político en Necochea, dividiendo a la sociedad entre vidalistas y nazarristas. Ambos protagonizaron una etapa de violencia extrema que provocó inestabilidad política. Pertenecían al Comité pacista de Necochea, "club" de Julio A. Costa. En 1890 se produjo la llamada Revolución de Necochea, un intento de Vidal de tomar el poder, pero el intendente Nazarre se mantuvo firme y Vidal fue preso.</p>Junto a Lumb<p>La Estación Lumb fue inaugurada en 1908, entre las estaciones de Tandil y Defferrari. Tomó su nombre del empresario inglés Edward Lumb, uno de los fundadores del Ferrocarril Sud. Al habilitarse la estación, se instalaron en sus cercanías pobladores relacionados con tareas agrícola-ganaderas.</p><p>Desde la década del '40, la localidad contó con una calera de Enrique Guillamón. El 13 de febrero de 1947, el gobierno de Juan Domingo Perón compró los ferrocarriles ingleses, un acto descrito como un paso hacia la soberanía, aunque en realidad fue una negociación por la deuda que Gran Bretaña no podía pagar al país.</p><p>El 4 de noviembre de 1958 se formó el partido de San Cayetano con tierras de Tres Arroyos, Gonzales Chaves y Necochea. Estación Lumb, que pertenecía a Necochea, quedó entonces dividida. En la actualidad es poco lo que queda de Lumb, es un pueblo fantasma. Del sueño de Alberto Nazarre, la Villa de la Salud, solo quedan los planos; aunque se vendieron lotes, nunca se levantó una casa.</p><p>En 1966, por error, se ubicó a Lumb en el mapa rural de 1966 en el lugar de la villa proyectada. Esta situación de proyectos no concretados es común en la región: la ciudad de Quequén, tal como fue proyectada a fines del siglo XIX, nunca se construyó.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l-AjGzyjsQj7ks70aYboAm_yT0M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alberto_nazarre.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Alberto Nazarre, primer intendente de Necochea, quería tener su propio pueblo y proyectó fundar la Villa de la Salud+3]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-30T19:42:47+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T19:42:41+00:00</published>
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            Una odisea a campo traviesa hace 278 años
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RBpFz7zahuwZCyfiB-udrn00R28=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/jose_cardiel.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>En unos días se cumplirán 278 años del paso por estas tierras del sacerdote José Cardiel. El 25 de mayo de 1748, de regreso de su frustrada expedición para evangelizar indios en la zona, el sacerdote jesuita ofreció una misa de acción de gracias en Punta Negra.</p><p>Un día después, cruzó el río que poco antes había denominado San José, pero que hoy conocemos como Quequén.</p><p>Cardiel no sólo fue un anegado evangelizador, también fue el primer cartógrafo de la región. Su diario de expedición es el primer registro escrito sobre el paso de un hombre blanco por lo que un siglo más tarde sería el Partido de Necochea.</p><p>Cardiel había llegado a la zona en 1746, junto a los misioneros jesuitas Tomás Faulkner, Matías Strobel, Gerónimo Rejón y Manuel Querini. Habían sido enviados a evangelizar por la Corona española.</p><p>Se asentaron a orillas de la Laguna de las Cabrillas, hoy denominada Laguna de los Padres, en recuerdo de aquellos arriesgados misioneros. Juntos crearon la Misión de Nuestra Señora del Pilar del Volcán (de Vulcan, abertura entre dos cerros). La misión recibió constantes ataques de tribus pampas lideradas por el cacique Cangapol.</p><p>Pero, según escribió Cardiel en uno de sus informes, allí también había unos 300 indios que "mostraron gusto de que formáramos pueblo, aunque algunos se mostraban adverso a la cristiandad".</p><p>El jesuita llevaba entre sus pertenencias una estampa de Nuestra Señora del Pilar, de allí el nombre de la reducción.</p><p>Luego de la fundación de la reducción del Pilar, Cardiel no permaneció mucho tiempo sin salir a cumplir con su misión evangelizadora. Así partió en la expedición por la que aún hoy se lo recuerda en nuestra ciudad.</p><p>La misión</p><p>El 6 de mayo de 1748 partió en la arriesgada misión acompañado por un grupo de indios que le servían de portadores. Una semana después bordearon el Río Quequén Chico y cruzaron el Quequén Grande por el lugar conocido como Paso de Otero (cercano a La Dulce). Allí se detuvieron a descansar y concretaron la primera misa el 13 de mayo.</p><p>Al día siguiente llegaron al lugar que los indios conocían como el País del Diablo. Pero allí Cardiel fue abandonado por el baqueano y el lenguaraz, por lo que inició el regreso por la playa.</p><p>Fue así que el 25 de mayo de 1748, Cardiel celebró un misa en Punta Negra y al día siguiente llegó hasta la orilla del río que había nombrado San José y lo cruzó a pie, rumbo la reducción del pilar.</p><p>En aquellos años, la desembocadura del Río Quequén podía cruzarse a pie.</p><p>No era raro que así fuera. Un siglo y medio después, cuando Quequén y Necochea eran pequeñas aldeas y se soñaba con un puerto, los pequeños barcos de la época debían ingresar al río tirados por caballos, ya que de lo contrario quedaban varados en los bancos de arena que se formaban en la desembocadura. Por esa razón en el siglo XX se decidió construir la escollera, para proteger la boca del río y evitar el depósito de arena.</p><p>El cronista</p><p>Cardiel fue el primero en dejar un registro escrito de sus viajes por la región y el primero en darle un nombre español a los parajes de los futuros partidos de Lobería y Necochea. De su deambular por el territorio de lo que luego sería la provincia de Buenos Aires, dejó 10 mapas que se convirtieron en una de las mejores cartografías coloniales del territorio bonaerense.</p><p>También dejó escritos relacionados con observaciones científicas y describió por primera vez las costumbres de los aborígenes que vivían en la pampa.</p><p>En su regreso de su frustrada expedición de 1748, Cardiel atravesó lo que luego serían los partidos de Lobería, Miramar y Mar del Plata. Después siguió por Mar Chiquita, Villa Gesell y Pinamar.</p><p>El 6 de junio, un mes después de la partida, llegó a la reducción de la Concepción, ubicada a unos kilómetros de la actual localidad de San Clemente.</p><p>En la actualidad, Cardiel es considerado uno de los mejores cronistas de las misiones jesuíticas en la Argentina. Sus escritos resultan esenciales para conocer la historia de la obra de la Compañía de Jesús en nuestro país y Paraguay.</p><p>Si bien su rostro es desconocido, en nuestra ciudad se levanta un monumento que lo recuerda, a orillas del Río Quequén, el mismo que él llamó San José hace 278 años. En 1941 ya nuestra ciudad había reconocido su tarea al denominar con su nombre el tramo urbano de la ruta 86.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RBpFz7zahuwZCyfiB-udrn00R28=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/jose_cardiel.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 25 de mayo de 1748 el misionero José Cardiel cruzó a pie la región con el objetivo de difundir el mensaje de Cristo. Fue quien primero cartografió el río Quequén]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-24T04:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-05-24T01:46:00+00:00</published>
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            La Escuela 10 y Lola Rom
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JqjuHkkPSoAB4-8wTC9va8NHVsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/escuela_n_10.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>&nbsp;</p><p>El próximo 25 de mayo se cumplirán 69 años desde que la Escuela N° 10 recibió su nombre: Dolores L. Rom, en homenaje a la docente que, según la historia local, fue la primera maestra de Necochea.</p><p>El sábado 25 de mayo de 1957, por resolución de la Dirección Provincial de Escuelas, el establecimiento pasó a llamarse oficialmente “Dolores L. Rom”, en reconocimiento a una mujer que fue un símbolo de la vocación docente en los primeros años de la ciudad.</p><p>La historia de la Escuela Nº 10 se remonta a comienzos del siglo XX y está profundamente ligada al crecimiento de Necochea. Según relató el historiador Egisto Ratti, la institución comenzó a funcionar en una chacra ubicada en el paraje La Soledad, propiedad de la familia Dieterichs. Allí, en una habitación cedida por los chacareros, abrió sus puertas la escuela rural, cuya primera directora fue María Magdalena Rodríguez.</p>Lola Rom<p>Con el paso de los años, la escuela fue trasladándose a distintos puntos del distrito. En 1910 pasó a funcionar en la chacra 44 de Ricardo N. Pina y, una década más tarde, se instaló en la zona de las actuales calles 57 y 84, en una propiedad de Santa B. de Mansi, ya dentro del área urbana. Finalmente, en 1950 logró contar con su edificio propio en avenida 59 Nº 3953, donde continúa funcionando hasta hoy.</p><p>Ratti destacaba que por las aulas de la Escuela Nº 10 pasaron numerosos docentes que “prestigiaron y prestigian a la docencia de nuestra ciudad”, aunque señalaba que el homenaje a Dolores Rom representó un reconocimiento especial de Necochea hacia una de sus figuras más queridas.</p><p>Escuela centenaria</p><p>Décadas después, durante los actos por el centenario de la escuela realizados en agosto de 2005, la comunidad volvió a evocar tanto los orígenes del establecimiento como la figura de Lola Rom. En aquella ceremonia participaron autoridades municipales, docentes, ex alumnos y vecinos, en una jornada cargada de emoción.</p><p>La entonces directora del establecimiento, Graciela Caldera, recordó que la escuela nació en “una habitación prestada” cuando la ciudad “recién comenzaba a andar”, y destacó el compromiso de generaciones enteras de docentes con la educación pública. En uno de los momentos más emotivos del acto, definió a la historia de la institución como “una hermosa trama de afecto, respeto por la comunidad, dedicación y amor por la tarea de enseñar”.</p><p>“Yo imagino esa trama formando un poncho que nos abriga”, expresó Caldera ante un auditorio emocionado, compuesto por antiguas maestras, ex alumnos y familias vinculadas históricamente a la institución.</p><p>Durante aquella celebración también se rindió homenaje a Dolores Lucila Rom. El entonces director del Archivo Histórico del Museo Regional, Alejandro Andersen, sostuvo que la Escuela Nº 10 “terminó de construir su identidad” cuando recibió el nombre de la maestra en 1957.</p><p>“Lola Rom representó y representa el espíritu pujante, transformador y desinteresado de las personas que construyeron nuestra querida Necochea”, afirmó Andersen, quien además recordó que la docente “dejó toda su vida en la docencia y nunca se alejó ni se olvidó de la que era su Necochea”.</p><p>En ese acto se dio lectura a una carta manuscrita enviada por Dolores Rom en enero de 1932, pocos meses después de haber visitado la ciudad durante los festejos del cincuentenario de Necochea. Aquella visita sería la última de la maestra a la ciudad donde dejó una huella imborrable.</p><p>En tanto, la Escuela 10 va rumbo a cumplir, el próximo 26 de agosto, 121 años.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JqjuHkkPSoAB4-8wTC9va8NHVsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/escuela_n_10.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En mayo de 1957, se le impuso a ese establecimiento escolar el nombre de la mujer a quien la historia considera la primera maestra de la ciudad]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-17T03:25:12+00:00</updated>
                <published>2026-05-17T01:51:00+00:00</published>
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            Una donación que encendió la mecha de la solidaridad
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/una-donacion-que-encendio-la-mecha-de-la-solidaridad-1" type="text/html" title="Una donación que encendió la mecha de la solidaridad" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uPBY3nyFXjbbOVVRP_l0ptrpsK4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/hospital_irurzun.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>El próximo viernes 22, se conmemoran los 99 años del fallecimiento de José Irurzun, cuyo nombre quedó eternamente vinculado al hospital municipal de Quequén.</p><p>La historia de las instituciones públicas del sudeste bonaerense, se encuentra intrínsecamente ligada a la figura del "vecino benefactor". Este fenómeno, característico de finales del siglo XIX y principios del XX, permitió que comunidades en crecimiento acelerado, pero con infraestructuras estatales rezagadas, accedieran a servicios básicos como la educación y la salud.</p><p>En este contexto, la figura de José Irurzun se erige no sólo como un donante de recursos financieros, sino como el visionario que comprendió la necesidad de autonomía sanitaria para la localidad de Quequén.</p><p>Antes de morir, el 22 de mayo de 1927, Irurzun donó 50.000 pesos para la construcción de un hospital en Quequén y otros 50.000 para su mantenimiento.</p><p>Pero si bien en la actualidad es visto como quien hizo posible la fundación del hospital, en realidad Irurzun fue quien encendió la mecha de la pasión de un grupo de vecinos que a lo largo de los años aportaron dinero y esfuerzo para hacer posible el sueño de toda una comunidad.</p><p>Tan importante como el testamento de Irurzun, fue la donación realizada por José María Loidi, quien dispuso del terreno sobre la calle 541 para la construcción del nosocomio. Pero también el trabajo y el esfuerzo de los miembros de la Unidad Vecinal de Fomento de Quequén, de un grupo de médicos, de algunos políticos y de otros destacados personajes de la época.</p><p>&nbsp;</p><p>Una necesidad</p><p>Desde hacía años vecinos de Quequén soñaban con la habilitación de un centro de salud en la localidad. A principios del siglo XX, el Hospital Díaz Vélez hacía lo imposible por prestar servicio a los quequenenses, pero no era suficiente.</p><p>Por ese motivo, la Unión Vecinal de Fomento de Quequén buscó la manera de aliviar el excesivo flujo de pacientes que concurrían desde la vecina localidad al hospital ubicado en la avenida 42.</p><p>A principios de 1933 se habilitó un ala de primeros auxilios que funcionaba de manera gratuita para la población, sostenida con la contribución privada de los médicos, generosos vecinos y con el apoyo de la Unión Vecinal de Fomento.</p><p>La atención estaba a cargo de médicos que atendían gratis las consultas. Entre aquellos abnegados profesionales, se encontraban Carlos Acuña, Roberto Ramovecchi, Horacio Ayrolo, José Brun y Juan B. Flores, entre otros.</p><p>El servicio era eficaz y cada día aumentaba el número de personas que se acercaban para recibir asistencia.</p><p>Pero, con el tiempo la sala fue desbordada por las exigencias de una población en constante crecimiento.</p><p>No transcurrió demasiado tiempo cuando la pequeña sala ya había atendido a 6.000 personas y la construcción de un hospital se hizo evidente.</p><p>&nbsp;</p><p>Esfuerzo comunitario</p><p>Si bien desde la década del 20 la población de Quequén ya trabajaba por tener su propio hospital e Irurzun era un símbolo de esa lucha, fue a partir de mediados del 30 que la Unión Vecinal, los políticos y la gente se organizaron para concretar la creación del nosocomio.</p><p>La donación de Irurzun y varios proyectos presentados por el diputado nacional Carlos Alberto Pueyrredón, dieron impulso al proyecto.</p><p>En una carta dirigida al presidente de la Unión Vecinal, Hipólito Sarasíbar, el diputado le informaba que había conseguido la inclusión en el presupuesto nacional del año 1933 de una partida de 20.000 pesos para aquella otra y otra suma similar para 1934.</p><p>En tanto, los vecinos reunieron otros 40.000 pesos. De esa forma, ya se contaba con 180.000 pesos para comenzar. Mientras que el vecino José María Loidi donó los terrenos donde sería construido el edificio.</p><p>Sarasíbar, presidente de la entidad fomentista, donó una manzana para que se construyera una fábrica de ladrillos que serían destinados a la obra. Se estimaba que se necesitaría un millón de ladrillos para poder levantar el edificio.</p><p>Por su parte, Manuel del Río se comprometió a colaborar con la arena que fuera necesaria y otro vecino de apellido Bosisio puso a disposición los camiones para transportar los materiales.</p><p>El 19 de octubre de 1935 el diputado Pueyrredón llegó a Estación Quequén junto al intendente de Lobería, Manuel Raggio, y el ingeniero Juan José Mosca, de la Dirección de Arquitectura de la Nación, quien se haría cargo de la construcción de la obra.</p><p>En la estación los esperaba una importante cantidad de público, además de autoridades nacionales, provinciales y municipales.</p><p>La delegación partió en una caravana de vehículos hacia el lugar donde iba a construirse el hospital, en la actual calle 541. Allí se realizaron pruebas de terreno para probar la calidad y solidez del suelo.</p><p>La obra comprendería un edificio de grandes proporciones y varios cuerpos, según los planos.</p><p>&nbsp;</p><p>El primer director</p><p>El 29 de mayo de 1945, por iniciativa de la Dirección de Salud Pública, el Ministerio del Interior dio curso al decreto que designaba al doctor José Brun como director del nuevo hospital.</p><p>Luego de recibir instrucciones de la Dirección de Salud Pública, Brun regresó a Necochea y se hizo cargo del hospital.</p><p>Su tarea inmediata consistió en realizar los preparativos para colocar al nuevo hospital en funcionamiento.</p><p>El nombramiento fue recibido con alegría por la población de Quequén y Necochea, ya que Brun era un profesional de reconocida honorabilidad y que había desarrollado su trabajo con probada vocación de servicio, en muchas oportunidades en forma gratuita y solventando los gastos de su propio bolsillo.</p><p>&nbsp;</p><p>La inauguración</p><p>La esperada inauguración del hospital de Quequén se realizó el 10 de febrero de 1947. La ceremonia fue presidida por el gobernador de la Provincia, Domingo Mercante, y por el secretario de Salud Pública, Ramón Castillo.</p><p>También estuvieron presentes el presidente de la Cámara de Diputados, Roberto Cursak, el diputado Bressa y otros altos funcionarios.</p><p>El emotivo acto comenzó a las 10.45, con la bendición del edificio. Luego se entonaron las estrofas del Himno Nacional y luego hizo uso de la palabra el doctor Castillo.</p><p>En su discurso hizo una breve referencia a la construcción del hospital, mencionó la generosidad del autor ideario y primer benefactor, José Irurzun, y elogió su honorable personalidad.</p><p>También se refirió a la familia Loidi, a la acción del diputado Pueyrredón y a todas las personas que contribuyeron para llevar adelante la importante obra.</p><p>El hospital fue el sueño de todo un pueblo representado por don José Irurzun.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uPBY3nyFXjbbOVVRP_l0ptrpsK4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/hospital_irurzun.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace 99 años, antes de su fallecimiento, José Irurzun dejó en su testamento dinero para la construcción del hospital que hoy lleva su nombre. Así puso en marcha el abnegado esfuerzo de un grupo de vecinos]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-10T04:20:12+00:00</updated>
                <published>2026-05-10T04:19:14+00:00</published>
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            Cayó el puente y selló el destino del apeadero
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/cayo-el-puente-y-sello-el-destino-del-apeadero" type="text/html" title="Cayó el puente y selló el destino del apeadero" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b4LqhZrMrp4o3MVpWyRuDJe7Gno=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/tren.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>A principios del Siglo XX, una de las grandes preocupaciones de las autoridades municipales fue acercar hasta la zona balnearia a quienes llegaban en tren.</p><p>Fue por eso que el tranvía unía la estación con la primitiva villa balnearia.</p><p>Con ese mismo espíritu, luego de la clausura de la estación de ferrocarriles de Necochea, en 1968, se comenzó a buscar la forma de que los turistas que llegaban en tren a pasar sus vacaciones en la ciudad, llegaran lo más cerca posible de su destino.</p><p>A fines de agosto de 1973 se terminó la construcción de un apeadero ferroviario en la zona portuaria de Quequén, al norte del puente Ignacio Ezcurra.</p><p>De acuerdo a un artículo publicado por Ecos Diarios en aquellos días, esta pequeña construcción serviría "de estación terminal para los pasajeros que se dirijan a Necochea".</p><p>Su ubicación respondía al único propósito de acercar a los viajeros a nuestro centro turístico, aprovechando la línea férrea Estación Quequén-Puerto.</p><p>La construcción del apeadero pretendía ser una solución transitoria al problema de la distancia existente entre la estación más próxima, la de Quequén, y la Villa Díaz Vélez.</p><p>Una obra provisoria</p><p>Días después de la habilitación del apeadero, un editorial de este diario señalaba las austeras características del edificio. "No causa buena impresión", sentenciaba la nota. "Si bien nunca se dijo que iba a resultar algo muy especial, dista bastante de reunir las comodidades y presentar el aspecto que eran de esperar. Podemos expresar que se trata de una instalación de emergencia y considerada desde este punto de vista se torna demasiado costosa, ya que su presupuesto básico supera la suma de 62.000.000 de pesos moneda nacional”, indicaba el artículo.</p><p>Y señalaba que Necochea no ha resignado su anhelo de ser dotada de una estación ferroviaria moderna y completa, “que se halle a la altura de sus necesidades".</p><p>Y añadía que “si oficialmente constituimos un polo de desarrollo, no se justifica que su infraestructura en materia de transportes haya desmejorado en lugar de perfeccionarse”.</p><p>Sin embargo, la situación no iba a mejorar y aquel párrafo sobre el deterioro local en materia de transporte resultaba tristemente profético.</p><p>Aunque hay fotos de fines de los 70 en los que se ve el intenso movimiento de público que registraba el apeadero con la llegada de los trenes, a la decadencia del servicio de ferrocarriles se sumó la fatal conspiración de la naturaleza.</p><p>Hace 46 años, el 29 de abril de 1980 las inundaciones de la cuenca del Quequén, que habían comenzado 10 días antes, llegaron a su punto culminante. El torrente y la gran cantidad de basura, árboles, animales, muebles y restos de mampostería que arrastraba el agua, tiraron abajo el puente Ignacio Ezcurra.</p><p>&nbsp;</p><p>Sin puente, sin sentido</p><p>La caída del puente marcó definitivamente el destino del apeadero. Aunque días después, Ecos Diarios informaba que "dentro del paulatino plan de normalización de los servicios del Ferrocarril Roca, se continuaba con los servicios entre Quequén y Tandil, y por su intermedio con Buenos Aires", esperándose una normalización del servicio habitual entre Plaza Constitución, Quequén y el apeadero.</p><p>Pero sin el puente, el apeadero, último intento de los necochenses de contar con una estación de trenes, dejó de tener sentido. Ya fue imposible que la gente llegara en cinco minutos desde la estación a la villa balnearia de Necochea. El tren volvió a operar con normalidad, pero pronto el recorrido de las formaciones de pasajeros terminó en la Estación Quequén y el apeadero cayó en el olvido.</p><p>Hoy solo quedan escombros de lo que fue el apeadero.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b4LqhZrMrp4o3MVpWyRuDJe7Gno=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/tren.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La pequeña estación había sido construida para acercar a los viajeros lo más posible a la Villa Díaz Vélez. Sin el Ezcurra, dejó de ser útil]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-03T03:22:24+00:00</updated>
                <published>2026-05-03T03:20:37+00:00</published>
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            En el mes de las tormentas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xgwE-RxWzU0G4J6KZd1_hZNnxJI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/abril_de_1976.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>Abril ha sido a lo largo de la historia, un mes de tormentas que han dejado huella en la ciudad. Y hace 50 años, una furiosa tormenta acababa con el sueño de toda una comunidad, cuando un fuerte viento arrasaba con el flamante gimnasio que el Club Atlético Mataderos había construido frente a su cancha, en la calle 72.</p><p>Fue el martes 20 de abril de 1976 y al día siguiente Ecos Diarios publicó un artículo que comenzaba con una frase que reflejaba la inmensidad de la tormenta: “Numerosos daños, algunos de considerable importancia, provocó el temporal que en la víspera se desató sobre todo el territorio del sudeste de la provincia de Buenos Aires”.</p><p>“La acción del viento, que alcanzó ráfagas de poco más de cien kilómetros por hora, provocó la caída de postes de alumbrado, causando prolongados cortes en el suministro de energía eléctrica”, agregaba la nota.</p><p>Y luego en unas pocas líneas narraba la destrucción que causó sobre un sueño de todo el barrio Norte: “Se derrumbó en forma total la estructura que sostenía un techo parabólico en el gimnasio perteneciente al Club A. Mataderos”.</p><p>El gimnasio se encontraba en la calle 72 entre 43 y 45, frente a la cancha del club, que por aquellos años ocupaba lo que hoy es la Plaza de las Carretas.</p><p>“Las pérdidas fueron estimadas por los directivos de la entidad en, aproximadamente, mil millones de pesos moneda nacional”, señalaba la nota que iba a acompañada por fotografías que mostraban los restos retorcidos de la estructura metálica.</p><p>Aquel martes 20 de abril el puerto cerró y en la playa las olas alcanzaron los cuatro metros de altura.</p><p>“La fuerza del viento —cuyo promedio horario era aproximadamente de 70 kilómetros— produjo también la voladura de carteles y letreros luminosos de publicidad, antenas de televisión y techos”, indicaba la crónica.</p><p>“En la avenida 2 de la villa balnearia, el pavimento había quedado cubierto por una gruesa capa de arena que dificultaba la marcha de vehículos. Similares inconvenientes se originaron en Quequén y otras poblaciones vecinas”, agregaba el artículo.</p><p>La tormenta había golpeado todo el frente sur de la provincia de Buenos Aires, desde Mar del Plata a Bahía Blanca. En el puerto sureño, cien pobladores de los barrios más humildes de Ingeniero White fueron evacuados después de ser arrasadas sus precarias viviendas.</p><p>Una tarde de abril</p><p>"Eran las 13:45 horas cuando el sector comprendido por las calles 70 y 72 entre 43 y 45, se vio conmocionado por un ensordecedor ruido”, narraba la crónica publicada por Ecos Diarios al día siguiente del temporal.</p><p>Ante mirada asombrada de los primeros testigos que acudieron al lugar atraídos por el estruendo, quedaban solo torres y chapas retorcidas del gimnasio que el Club Mataderos estaba construyendo frente a su humilde estadio.</p><p>El viento había derribado la estructura hacia una casa vecina, provocando daños en la pared medianera y el techo de la vivienda.</p><p>“Lo que hasta momentos antes era un tinglado montado sobre 20 columnas de hierro y totalmente techado, aparecía como una masa informe de hierros y chapas”, decía la nota.</p><p>“El vecindario se fue acercando de a poco. En silencio. Como si quisiera no dar crédito a lo que sus ojos veían. El esfuerzo de tantos meses de silenciosa pero efectiva labor quedaba frustrado ante el fenómeno”, agregaba.</p><p>“Muchas horas robadas al descanso, muchos pesos aportados por el vecindario, directivos, socios, jugadores y comercio local frustrado por la acción de la naturaleza”, señalaba.</p><p>Un directivo del club habló por todo el barrio: “Estábamos a punto de terminar la obra. Nos faltaba completar el contrapiso y pensábamos hacerlo el sábado. Aquí —dijo señalando el lugar— hay mucho sudor y pesos de todos. Las pérdidas pueden estar cerca de los mil millones de pesos viejos. Va a resultar difícil poder levantar esto de nuevo”.</p><p>El hombre tenía razón. El gimnasio no se volvió a levantar y si bien el club es la institución más representativa del barrio, aquella tormenta cambió para siempre la fisonomía del sector.</p><p>Con los años la vieja cancha de Mataderos se convirtió en la Plaza de las Carretas y la institución construyó su propio estadio un poco más al norte.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xgwE-RxWzU0G4J6KZd1_hZNnxJI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/abril_de_1976.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hace 50 años, en abril de 1976, un temporal arrasó con el sueño de toda un barrio: la furia del viento convirtió el gimnasio del Club Mataderos en hierros y chapas retorcidas]]>
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                                <updated>2026-04-26T03:10:14+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T19:10:10+00:00</published>
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            Arena, ciencia y vocación
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_0mLJLVFdx7vQsQSX213zaBe-5c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/medico_italiano_rodolfo_faggioli.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>En la historia de Necochea se destaca una figura muy particular: la de un médico italiano que encontró su lugar en el mundo en la ciudad y en largas caminatas por los médanos descubrió vestigios dejados miles de años atrás por los primeros habitantes de la región.</p><p>El doctor Rodolfo Faggioli fue un profesional que sintetiza como pocos el espíritu de su tiempo: médico de formación académica europea y explorador por vocación.</p><p>Nacido en 1860 en Sirolo, Italia, y graduado en la Universidad de Nápoles, llegó a la Argentina en 1889, en plena ola inmigratoria que nutría de saber técnico al país en expansión.</p><p>Su inserción en Buenos Aires fue rápida, pero su destino definitivo estaría lejos de la capital. Tras ejercer en distintos puntos, recaló en Necochea a comienzos del siglo XX, donde desplegó una doble vida: la del cirujano comprometido con su comunidad y la del investigador que, sin pertenecer formalmente a una institución, aportó materiales clave a la ciencia nacional.</p><p>&nbsp;</p><p>De la revolución a los médanos</p><p>Apenas llegado al país, Faggioli participó como médico en la Revolución del Parque de 1890, asistiendo heridos en los improvisados hospitales de campaña. Aquella experiencia consolidó su prestigio profesional y su perfil humanitario.</p><p>Ya instalado en Necochea, se convirtió en una figura central de la vida social. Integró instituciones, fue agente consular de Italia y promovió prácticas de salud innovadoras. Entre ellas, la llamada “medanoterapia”: caminatas por médanos y playas como método terapéutico, una idea adelantada a su tiempo que combinaba ejercicio, aire marino y contacto con la naturaleza.</p><p>Ese mismo paisaje sería, también, su laboratorio.</p><p>Las caminatas dominicales derivaron en una pasión científica. Faggioli comenzó a recolectar fósiles, restos óseos y materiales arqueológicos en la costa y en las barrancas del río Quequén Grande. Lo hizo con método, paciencia y una mirada clínica que trasladó desde la medicina a la observación natural.</p><p>Su rol fue decisivo en una etapa en la que la ciencia argentina dependía de estos recolectores locales. En ese contexto, estableció vínculo con Florentino Ameghino, figura central del pensamiento científico de la época.</p><p>A partir de 1908, la correspondencia entre ambos evidencia una relación fluida. Faggioli no solo enviaba materiales: describía hallazgos con precisión anatómica y aportaba contexto geológico, lo que elevaba el valor científico de cada pieza.</p><p>En 1909, Ameghino visitó Necochea invitado por Faggioli. Juntos recorrieron la costa y realizaron descubrimientos significativos. Entre ellos, dos anzuelos tallados en hueso fósil de guanaco, evidencia temprana de prácticas de pesca en la región.</p><p>También se destaca la entrega de una calota humana hallada en sedimentos locales. Ameghino incorporó ese material a su teoría del origen americano del hombre, postulando la existencia del Homo pampaeus. Si bien esa hipótesis sería luego refutada, los objetos recolectados por Faggioli conservaron valor científico.</p><p>Las revisiones modernas ubican estos restos en el Holoceno, descartando la antigüedad terciaria. Sin embargo, su correcta preservación permitió nuevas dataciones y estudios, confirmando la importancia de aquellos registros iniciales.</p><p>&nbsp;</p><p>Necochea y el origen del hombre</p><p>El trabajo de Faggioli se inscribe en el gran debate de comienzos del siglo XX sobre el origen del hombre en América. Ameghino defendía una antigüedad remota en la región pampeana, mientras que investigadores como Aleš Hrdlička sostenían una llegada más reciente desde Asia.</p><p>Aunque la posición de Ameghino no prevaleció, los materiales aportados desde Necochea contribuyeron a ese intercambio global. Faggioli actuó como puente entre el territorio y los centros científicos, un rol clave en una Argentina que aún construía su sistema de investigación.</p><p>Más allá de sus aportes puntuales, el legado de Faggioli se consolidó en la formación de la primera colección científica de Necochea. Su acervo privado, abierto a visitantes y estudiosos, fue el germen del actual Museo de Ciencias Naturales.</p><p>Tras su muerte, parte de la colección se dispersó, pero un núcleo importante quedó en la ciudad. Fue depositado en la Biblioteca Andrés Ferreyra y, décadas más tarde, integrado a un museo que finalmente se municipalizó.</p><p>Hoy, el Museo de Ciencias Naturales —que lleva su nombre— conserva piezas recolectadas por el médico.</p><p>Faggioli no concebía la ciencia como un saber encerrado. En 1931, ya en la última etapa de su vida, realizaba charlas públicas con su “museo portátil”: una selección de piezas que trasladaba para ilustrar sus exposiciones.</p><p>La iniciativa, documentada en la prensa de la época, revela una vocación pedagógica poco habitual. Su objetivo era acercar el conocimiento al ciudadano común, anticipando prácticas de divulgación que hoy resultan centrales.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_0mLJLVFdx7vQsQSX213zaBe-5c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/medico_italiano_rodolfo_faggioli.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El médico italiano Rodolfo Faggioli llegó a la Argentina a fines del siglo XIX y encontró en la ciudad su lugar en el mundo. Sus caminatas por los médanos tendrían un notable impacto en la ciencia nacional]]>
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                                <updated>2026-04-19T03:00:17+00:00</updated>
                <published>2026-04-19T01:11:23+00:00</published>
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            El Pesquera III arrastrado por las aguas
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iaIoazG7nSwsunLTrI940mtDO5Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/pesquera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>En los pueblos fundados a orillas de los ríos, las grandes crecidas suelen dejar marcas profundas en la memoria colectiva de la comunidad. Algunas se traducen en pérdidas materiales, otras en relatos que se transmiten con el tiempo.</p><p>En nuestra ciudad, la inundación de fines de abril de 1980 dejó, además, una postal imborrable: la silueta del buque Pesquera III recortada sobre la arena de Bahía de los Vientos.</p><p>Por aquellos días, el pesquero se encontraba amarrado en Puerto Quequén, como tantas otras embarcaciones que operaban en la estación marítima. Pero la situación cambió drásticamente cuando las intensas lluvias registradas en distintos distritos de la cuenca del río Quequén comenzaron a escurrir hacia el mar. El caudal creció de manera inusitada y, convertido en una correntada violenta, avanzó arrasando todo a su paso.</p><p>&nbsp;</p><p>El día del desastre</p><p>El 29 de abril, el fenómeno alcanzó su punto más crítico. La fuerza del agua provocó el colapso de estructuras clave: primero el puente Negro, luego el Ferroviario y finalmente el Ezcurra, ubicado a escasos metros del puerto. Con ellos cedieron también amarras, defensas y toda contención posible.</p><p>La corriente, cargada de troncos, animales muertos y restos de viviendas, arrastró muelles y embarcaciones. En ese escenario caótico, el Pesquera III fue uno de los buques que no pudo resistir. Terminó siendo arrastrado mar adentro hasta quedar varado, definitivamente, a unos 1.500 metros al norte de la boca del puerto, frente a Bahía de los Vientos.</p><p>Allí comenzó otra historia.</p><p>El Pesquera III no era una nave cualquiera. Había sido botado en 1970 como parte de una serie de quince unidades tipo “cutter” construidas en astilleros de la entonces Alemania Oriental.</p><p>Diseñados originalmente para Cuba, estos buques pesqueros combinaban robustez y funcionalidad.</p><p>Con casi 38 metros de eslora, más de 8 metros de manga y un porte bruto de 236 toneladas, el barco reunía las condiciones necesarias para la actividad en alta mar.</p><p>En la década del 70 fue adquirido por la empresa Pesquera Galván S.A., de Puerto Galván, y rebautizado con el nombre que lo haría conocido en estas costas. Su matrícula, 4946, lo identificaba dentro de la flota nacional.</p><p>Sin embargo, aquel 29 de abril de 1980 marcó su destino. La varadura significó una pérdida constructiva total. Ya no volvería a navegar.</p><p>&nbsp;</p><p>En las fotos de familia</p><p>Con el paso de los meses, y luego de los años, la estructura del buque encallado comenzó a integrarse al paisaje costero.</p><p>Para los habitantes de la zona y para los turistas, el Pesquera III se convirtió en una curiosidad, en una referencia visual inconfundible.</p><p>Era frecuente verlo en fotografías familiares, recortado contra el mar o rodeado de veraneantes que se acercaban a explorar sus restos cuando la marea lo permitía.</p><p>Durante mucho tiempo fue, incluso, un improvisado escenario de juegos. Niños y jóvenes recorrían sus cubiertas oxidadas, se internaban en sus compartimentos y lo transformaban en parte de sus aventuras estivales.</p><p>Pero el mar, paciente e inexorable, nunca dejó de avanzar.</p><p>Así lo reflejaba Ecos Diarios en su edición del 9 de abril de 1996, cuando advertía que, a casi 16 años de la inundación, el buque “estaba tocando a su fin”. La estructura ya se había partido y la corrosión ganaba la batalla. La salinidad, los golpes constantes de las olas y el paso del tiempo habían comenzado a desarmarlo pieza por pieza.</p><p>Las chapas del casco, alguna vez firmes, se desprendían como en un rompecabezas que se desarma lentamente. Algunas eran arrastradas por la corriente y terminaban contra los acantilados, como restos dispersos de una historia que se desvanecía.</p><p>La imagen del barco, que durante años se mantuvo erguida en el horizonte, comenzó a achicarse. “Su figura se reduce día a día, como si los hierros se encogieran”, señalaba la crónica. En Bahía de los Vientos, donde el mar avanza con persistencia sobre la costa, el Pesquera III iniciaba su lenta desaparición.</p><p>Hoy, más de cuatro décadas después de aquella inundación, su historia persiste en la memoria y en los archivos. Lo que fue primero una tragedia y luego una postal turística, terminó convertido en un símbolo del paso del tiempo y de la fuerza indomable de la naturaleza.</p><p>El Pesquera III ya no está. Pero su silueta, como tantas otras huellas del pasado, sigue anclada en el recuerdo de una comunidad que aprendió a convivir con el río, el mar y sus imprevisibles encuentros.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iaIoazG7nSwsunLTrI940mtDO5Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/pesquera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El buque que la inundación de 1980 sacó de Puerto Quequén y quedó varado en Bahía de los Vientos, fue durante muchos años una imagen presente en las fotos de todos los turistas que visitaban la ciudad]]>
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                                <updated>2026-04-12T01:56:54+00:00</updated>
                <published>2026-04-12T01:55:02+00:00</published>
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            La Necochea de los años 30
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1cxcVjmZ_zbXHIU0EOFq8C84vMY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/foto_historica_necochea.webp" class="type:primaryImage" /></figure>JUAN JOSE FLORESRedacción<p>Hace casi 100 años, en la década de 1930 el comercio prosperaba y la industria se afianzaba en nuestra ciudad.&nbsp; Necochea contaba con sucursales del Banco Nación, el Provincia y el Hipotecario, lo que la convertía en una de las localidades más importantes de la región.</p><p>En aquellos años, un centro de reunión obligado era La Armonía, un bar que en aquellos años se definían como “moderno, confortable y lujoso”.</p><p>Según un libro publicado con motivo del cincuentenario de la ciudad, La Armonía era el lugar de reunión “preferido de las familias, las gentes de negocios, de los veraneantes y también de cuanto de representativo tiene la sociedad necochense”.</p><p>La legendaria confitería contaba con un gran salón de billares en el que se realizaban importantes torneos.</p><p>El sector exclusivo para caballeros era muy frecuentado durante las horas del café y el vermouth, mientras que la otra sección, de lujo, estaba destinada a las familias. La confitería contaba con “notables servicios de lunchs, tés y banquetes”.</p><p>La confitería era propiedad de Víctor Fernández y Cía y uno de los socios, Simón Urroz, era “el alma de la casa”.</p><p>Gimnasio al aire libre</p><p>A fines de los años 20 el ex concejal José M. Amondarain impulsó la construcción de un gimnasio en homenaje al educador y autor del libro “El Nene”, Andrés Ferreyra.</p><p>El objetivo era que el gimnasio contara con todos los elementos para ejercicios físicos siguiendo “el moderno criterio ya impuesto en las grandes ciudades en favor de la expansión de la cultura corporal en la infancia y la juventud para el mejoramiento de las costumbres”.</p><p>El gimnasio al aire libre se construyó en el centro de la avenida Sarmiento (58 hasta 57), frente a la plaza, durante la administración comunal que presidía el comisionado Joaquín Martínez Sosa.</p><p>Comercios antiguos</p><p>A una cuadra de allí se encontraba La Nueva Perla, una casa de ramos generales propiedad de Martín Luengas.</p><p>El comercio se encontraba en la esquina de las calles 25 de Mayo (62) y Primera Junta (55) y contaba con secciones de almacén y tienda.</p><p>La Nueva Perla había pertenecido a la firma Jaureguizar Hermanos y Cía, de la que Luengas era socio.</p><p>A pesar de encontrarse en el centro de la ciudad, vecinos de los suburbios y las quintas de alrededores e incluso del campo llegaban hasta el negocio a realizar sus compras.</p><p>Sobre la avenida Del Valle (hoy 58 desde 61) se encontraba otra Perla, se trataba de una fábrica de fideos fundada por José Garre en 1898 y, en 1930, a cargo de sus hijos.</p><p>Para 1931 la producción anual de la fábrica de fideos común y extra alcazaba a los 100.000 kilos.</p><p>También se realizaba la elaboración de harina de maíz y sémola, de las que se producían 30.000 y 15.000 kilos respectivamente.</p><p>La marca “La Perla” había obtenido una medalla de oro en una exposición realizada en Milán en 1917.</p><p>Los prestigiosos productos de la empresa eran vendidos en aquella época en nuestra ciudad, Quequén, Lobería, La Dulce, San Cayetano, San José y Balcarce. Según una publicación de aquellos años, “este importante establecimiento es, en suma, un verdadero exponente del adelanto industrial de Necochea”.</p><p>Bebidas y gaseosas</p><p>Hace 80 años Necochea también contaba con una fábrica de gaseosas. La empresa adquirió impulso&nbsp; bajo la firma de Antonio Gatto y Cía.</p><p>La fábrica, que funcionaba en la calle E.M. Pieres (57), fue adquirida más tarde por Rigante y Fernández.</p><p>Las bebidas sin alcohol que elaboraba, soda, “narajanda” y otros productos tenían gran aceptación entre los pobladores.</p><p>Además, la firma era concesionaria de la cerveza Quilmes, que distribuía anualmente más de 25.000 docenas de botellas de cerveza en hoteles, bares, almacenes y casas particulares.</p><p>Se trataba de uno de los establecimientos comerciales que más desarrollo habían tenido en esa década.</p><p>En aquellos años el Centro Comercial e Industrial de Necochea, que nucleaba&nbsp; a los comerciantes e industrias de la localidad, impulsó una importante campaña promocional de nuestra ciudad.</p><p>La playa</p><p>Para 1930 la Villa balnearia contaba con varios hoteles: “Necochea”, “La Perla Hotel Marino”, “Royal” y “Atlántico”.</p><p>Sobre la misma playa se encontraba el establecimiento balneario “La Sirena”, dotado de un moderno servicio especial de baños calientes y fríos de agua de mar.</p><p>Además, entre los establecimientos de baños con casillas movibles figuraban los de Barbarito Hnos, Manuel Uzobiaga y de los hoteles La perla, Royal y París.</p><p>La Villa ya contaba entonces con cine, bares, servicio de correo y telégrafo, teléfono, tranvía y ómnibus. La afluencia anual de veraneantes era de unas 10.000 personas.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1cxcVjmZ_zbXHIU0EOFq8C84vMY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/04/foto_historica_necochea.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Confiterías y comercios tradicionales, un gimnasio al aire libre, una fábrica de gaseosas y una villa balnearia que crecía]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-04-05T01:30:11+00:00</updated>
                <published>2026-04-05T00:46:00+00:00</published>
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            Miles de hectáreas bajo el agua
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5ziHselizw-OK0ROXbTLDtM9XqQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/nuestra_historia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>En un mes se cumplirá un nuevo aniversario de la gran inundación de 1980. Sin embargo, hace casi 55 se produjo otra inundación que anticipó lo que ocurriría una década después.</p><p>En septiembre de 1971 se produjo una de las más grandes inundaciones de las que exista registro en nuestra región. Según un texto publicado por Ecos Diarios en aquellos días: “Funcionarios de la Dirección de Hidráulica, dependiente del Ministerio de Obras Públicas de la provincia, arribaron a nuestra ciudad para compenetrarse de la difícil situación que soporta el sector agropecuario a raíz de las inundaciones y también por el desborde de las aguas que ha afectado a rutas y caminos, provocando inconvenientes insalvables en algunos casos”.</p><p>El día siguiente se publicó un artículo de una página: “Ha sido calificada de alarmante la situación del sector agropecuario”, señalaba la nota.</p><p>Y agregaba que en el partido de Necochea había miles de hectáreas bajo las aguas. La inundación afectaba a varios distritos de la región.</p><p>Con maquinaria enviada por la Dirección de Hidráulica&nbsp; se comenzó la apertura de una zanja para facilitar el desvío de las aguas acumuladas en la ruta 228 a la altura del kilómetro 5,4, que habían aumentado durante la jornada anterior.</p><p>Según se informaba en la misma página, el nivel había llegado a los 60 centímetros y había 650 metros de camino bajo el agua.</p><p>Ante esta situación, la Sociedad Rural de Necochea solicitaba a los productores agropecuarios de la zona la provisión de bolsas de arpillera usadas que serían utilizadas para realizar tajamares o muros de contención.</p><p>También se indicaba que debido al avance de las aguas, la laguna formada sobre la ruta 228, obligó a las autoridades a prohibir el paso de vehículos por ese tramo. Por ello se realizó un desvío que obligaba a realizar un rodeo de 12 kilómetros.</p><p>La situación se complicó con los días en la región. El viernes 3, personal de la Municipalidad de Lobería procedió a la evacuación de numerosas familias residentes en la sección quintas de la vecina ciudad.</p><p>Ese mismo día una fotografía aérea mostraba la escuela del paraje “Dos Hermanitas” rodeada de agua.</p><p>El domingo 5 comenzaron los trabajos de excavación de la zanja de 3.000 metros de longitud para el drenaje del agua estancada sobre la ruta nacional 228, entre los kilómetros 5 y 6.</p><p>&nbsp;</p><p>Tierras bajas</p><p>Según los registros de lluvias, en las primeras seis décadas del siglo XX las lluvias llegaban a un promedio anual cercano a los 700 milímetros. Sin embargo, en la década del 70 esa cifra trepó a casi 850 milímetros.</p><p>Pero en aquel 1971, el registro alcanzó los 1.053 milímetros. Paradójicamente, septiembre no fue uno de los más lluviosos en el distrito. Fue en abril cuando el registro alcanzó su mayor marca: 178,3 milímetros.</p><p>Sin duda, como ocurriría nueve años después, las lluvias registradas en los distritos de la región fueron las que llevaron al anegamiento de los campos cercanos a la ciudad.</p><p>A medida que avanzaba septiembre y mientras en el país se vivía un denso clima político que llevó al intendente Alberto Percario a presentar su renuncia ante el gobernador interventor militar Miguel Moragues, las aguas seguían sobre la ruta 228.</p><p>Si bien poco después Percario fue confirmado en el cargo, la situación hídrica del distrito era tal que el viernes 10 de septiembre se informó que la Comisión Nacional de Emergencia Agropecuaria analizaba incluir a Necochea, Lobería y Tres Arroyos bajo el régimen de urgencia.</p><p>Mientras el agua comenzaba a bajar en la zona suburbana de Lobería, en Necochea se decidió clausurar el acceso a la ruta 228 ante las lluvias registradas el sábado 11 y desviar todo el tránsito entre nuestra ciudad y Tres Arroyos por la ruta 86 y la 3.</p><p>Los funcionarios de Vialidad advertían que el drenaje de la ruta 228 podía demorarse meses, a pesar de los trabajos realizados.</p><p>En el interior del distrito la situación no era mejor. La ruta 80, entre Juan N. Fernández y Claraz también se encontraba inundada. Ambas localidades estaban aisladas y por ello los por las vías del ferrocarril.</p><p>El martes 21 el director de Hidráulica de la provincia, Carlos Roggero llegó a la ciudad y tras reunirse con el intendente, realizó un vuelo sobre la zona inundada en un avión que partió del aeródromo local.</p><p>Recién a mediados de mes la situación comenzaba a estabilizarse. Según se informó, el agua no bajó con los trabajos de drenado debido a que continuaba llegando agua desde el norte, sin embargo tampoco se registraba una crecida. Para ese momento, el corte de la ruta 228 ya llevaba un mes.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5ziHselizw-OK0ROXbTLDtM9XqQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/nuestra_historia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Se cumplirán 55 años de la inundación de septiembre de 1971. Ese año el registro pluviométrico alcanzó los 1.053 milímetros. Paradójicamente, septiembre no fue uno de los más lluviosos en el distrito]]>
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                                <updated>2026-03-29T03:22:59+00:00</updated>
                <published>2026-03-29T03:21:37+00:00</published>
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