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    <title>Ecos Diarios</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Necochea.</subtitle>
    <updated>2026-09-20T02:37:11+00:00</updated>
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            El Zorro en el Parque Miguel Lillo
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VlI5AWSQ-QqgKY_L40ICSL1CRk8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/el_zorro.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Archivo</p><p>&nbsp;</p><p>“Primicia en la Costa. Directamente desde Estados Unidos a Necochea”, decía el aviso publicado en la página 5 de Ecos Diarios del sábado 11 de enero de 1975. Quien llegaba era nada menos que Guy Williams, el mismísimo Zorro.</p><p>Esa misma tarde y al día siguiente el Zorro se presentó en el Anfiteatro del Parque Miguel Lillo con su caballo Tornado, el Sargento García y el Capitán Monasterio. Aunque tal vez en la memoria de los niños que asistieron al espectáculo, los recuerdos no coincidan precisamente con la imagen de los personajes que aún hoy se pueden ver por la televisión.</p><p>&nbsp;</p><p>Un Zorro argentino</p><p>El Zorro se emitió en Estados Unidos entre 1957 y 1959 y recién en 1968 se pudo ver en la televisión argentina. Fue tal su éxito que en 1973 se organizó una visita promocional del actor a nuestro país.</p><p>El fanatismo de los argentinos hizo que Williams volviera ese mismo año acompañado por Henry Calvin, el actor que interpretó al entrañable Sargento García. Tras esa segunda gira por ciudades del país, el Zorro se comenzó a “argentinizar”.</p><p>Por eso, aquella visita “directamente de Estados Unidos a Necochea” en enero de 1975 era más un inocente truco de marketing que una realidad.</p><p>Tal vez para ese momento Guy Williams ya había decidido convertirse en argentino, aunque hace 50 años no existiera esa frase tan común por estos días: “un argentino nace donde quiere”.</p><p>En realidad aún faltaban tres años para que conociera a Araceli Lizaso, una joven actriz argentina que lo unió definitivamente al país. Con ella se instaló en Potrero de los Funes, San Luis.</p><p>Durante un tiempo, se presentó en funciones en vivo junto a Fernando Lúpiz, quien interpretaba al Capitán Monasterio, dentro del Circo Real Madrid, donde fue ovacionado por nuevas generaciones de fanáticos.</p><p>También intentó relanzar su carrera con una película, “El Zorro vivo o muerto”, con producción de Palito Ortega, pero el proyecto se canceló. Decepcionado, Williams regresó a los Estados Unidos brevemente, aunque poco después volvió a Buenos Aires para quedarse definitivamente.</p><p>Y fue aquí, en Argentina, donde falleció el 30 de abril de 1989.</p><p>&nbsp;</p><p>El Zorro en Necochea</p><p>En su edición del domingo 12 de enero, en su sección Hola Verano, Ecos Diarios publicó un artículo titulado: “Difícil cacería del Zorro”.</p><p>Como era habitual en esa informal sección veraniega, el cronista escribía en primera persona sus peripecias para acceder a los artistas que visitaban la ciudad. Y con Guy Williams no fue diferente.</p><p>El actor estaba alojado en el Residencial León, de la avenida 79, y dormía cuando el periodista llegó para entrevistarlo.</p><p>Por eso, cuando finalmente accedió a la nota, apareció vestido sólo con una bata y pidió que no le tomaran fotografías.</p><p>“Yo siento un profundo amor y respeto por los niños. Ellos hicieron posible que, luego de casi quince años que no personifico al Zorro, éste aún siga siendo tan popular como hace tres décadas atrás”, dijo Williams, que hablaba bien italiano, pero no tan bien el español.</p><p>Tal vez muchos no lo sabían, pero el nombre real del actor era Armando Joseph Catalano y si bien había nacido en Nueva York, su ascendencia era italiana.</p><p>Aunque todo el mundo lo vinculaba con el Zorro, para 1975 Williams ya había desarrollado toda su carrera en televisión: participó de varios capítulos de Bonanza y fue uno de los protagonistas de Perdidos en el Espacio.</p><p>“Sé montar un caballo como el mejor. Manejo con destreza la espada. Tengo algo de atleta. De no haber sido así, difícilmente hubiera podido triunfar”, le dijo a Ecos Diarios.</p><p>Luego, desfiló por las calles de Necochea disfrazado del Zorro sobre la autobomba de los Bomberos y ofreció exhibiciones de esgrima en el Anfiteatro ante una multitud de niños enardecidos por el personaje.</p><p>Con los años Williams se transformaría en un argentino más y comenzaría a tejerse una leyenda urbana de que murió solo en la Argentina, pobre y deprimido por la falta de trabajo. Araceli Lizaso, el amor de su vida, negó esa versión años más tarde: “Guy no estaba pobre, no estaba solo. Su muerte fue un accidente en una época donde no había comunicación”.</p><p>El actor falleció de un aneurisma y fue encontrado sin vida varios días después. Por las dificultades de comunicación que menciona la actriz, pocos se enteraron de su fallecimiento.</p><p>Por ello, del funeral se ocupó Fernando Lúpiz, el actor con el que realizó la exhibición de esgrima en Necochea.</p><p>Mirtha Legrand acompañó a Lúpiz al sepelio y luego recordaría en su programa: “Yo fui al entierro. Éramos dos personas. Me impresionó, porque sobre el ataúd le habían puesto la bandera de los Estados Unidos”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VlI5AWSQ-QqgKY_L40ICSL1CRk8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/el_zorro.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En enero de 1975 Guy Williams realizó dos exhibiciones en el Anfiteatro. Por aquellos días el actor ya comenzaba a considerar a la Argentina su lugar en el mundo]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-09-20T02:37:11+00:00</updated>
                <published>2026-09-20T02:36:28+00:00</published>
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            El intendente que gobernó en dos siglos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YagkCavmHht87hjBDfU-InnOY0k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/fernando_gonzalez_quiroga.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>En octubre de 1903 culminaba el tercer período de gobierno municipal de Fernando González Quiroga, un dirigente que quedó en la historia de Necochea por una particularidad: fue el único jefe comunal que gobernó en dos siglos diferentes.</p><p>A 123 años de aquel último período al frente de la Municipalidad, su figura permite también recordar una etapa en la que los vecinos todavía no elegían directamente a sus intendentes. En las primeras décadas de la historia local, la designación de las autoridades municipales estaba vinculada a las decisiones y los intereses de los gobiernos provinciales y nacionales.</p><p>Al repasar la lista de intendentes de aquellos años aparecen numerosos comisionados, algunos de los cuales permanecieron apenas unos meses en el cargo. En esa extensa nómina sobresalen unos pocos nombres por la importancia de sus gestiones y, en particular, aquellos que llegaron a gobernar el municipio en reiteradas oportunidades.</p><p>Sólo cinco vecinos ejercieron la intendencia en tres períodos diferentes: el fundador Ángel I. Murga, Fernando González Quiroga, Alfredo Butty, Ramón Arriaga y Hugo Yelpo.</p><p>González Quiroga fue el primero de ellos en alcanzar esa marca. Pero su trayectoria tuvo además una característica que lo distingue del resto: fue intendente en el siglo XIX y volvió a ocupar el cargo en los primeros años del siglo XX.</p><p>Su primer período se extendió de septiembre de 1893 a noviembre de 1895. Luego volvió a gobernar entre diciembre de 1898 y diciembre de 1900 y, finalmente, entre marzo y octubre de 1903.</p><p>&nbsp;</p><p>Un personaje poco conocido</p><p>Es poco lo que se conoce actualmente sobre González Quiroga, de quien quedaron escasos registros en las historias de los primeros años de Necochea.</p><p>Había llegado a la ciudad en 1883 y cinco años más tarde integró la comisión municipal presidida por Adolfo Vidal. También formaban parte de ese cuerpo Roberto Somaini, Tomás Aquerreta, Ildefonso Pérez, J. Toledo y Zoilo Leiva.</p><p>Aquella comisión dispuso la realización de un censo municipal que permitió conocer algunos datos sobre la población y la producción del partido. El relevamiento estableció que Necochea contaba con unos 10.000 habitantes y registró, entre otros datos, 30.000 fanegas de trigo cosechadas, 44.700 vacunos marcados, 75.000 yeguarizos, 1.990.300 ovejas señaladas, 3.600 bueyes, 4.500 avestruces y “45 indios mansos”.</p><p>González Quiroga permaneció en aquella comisión hasta 1891, cuando entró en vigencia la Ley Orgánica de las Municipalidades y fue designado como primer intendente de la ciudad el doctor Alberto Nazarre.</p><p>Al año siguiente, González Quiroga fue designado comandante militar del partido, función que desempeñó hasta 1893.</p><p>Ese año, cuando Lucio Vicente López fue designado interventor de la provincia de Buenos Aires, González Quiroga llegó sorpresivamente a la intendencia. Así comenzó su primer período de gobierno municipal, que se prolongó desde septiembre de 1893 hasta noviembre de 1895.</p><p>Durante esos años comenzaron las plantaciones de eucaliptus en las avenidas de la ciudad, una de las intervenciones urbanas que quedaron asociadas a aquella primera etapa de su gestión.</p><p>&nbsp;</p><p>La bandera del batallón</p><p>Su nombre volvió a aparecer en la historia local pocos años después.</p><p>El 3 de julio de 1897 se dispuso la disolución del Batallón 1º de Guardias Nacionales de Necochea. En esa oportunidad, la bandera de la unidad fue entregada en custodia a la Municipalidad por los capitanes Ángel Pongibobe, Fernando González Quiroga y Domingo C. Sintas, junto con el sargento mayor Eduardo Botto.</p><p>La bandera permanece actualmente en el Museo Histórico Regional, como uno de los testimonios materiales de aquella primera etapa de la historia institucional de Necochea.</p><p>&nbsp;</p><p>Una ciudad que buscaba crecer</p><p>Durante el segundo período de gobierno de González Quiroga, en 1900, se conformó una comisión de vecinos para estudiar “el problema del ejido”. La iniciativa contemplaba el ensanche de ese espacio y derivó en la elaboración de un plano.</p><p>También durante esos años se realizaron trabajos de embellecimiento en la plaza Dardo Rocha. El espacio fue cercado con cadenas abandonadas de varios barcos náufragos, sostenidas por postes de ñandubay que pertenecían a otras embarcaciones.</p><p>En 1901, González Quiroga fue elegido diputado provincial. Desde ese lugar continuó interviniendo en cuestiones vinculadas con el desarrollo de Necochea.</p><p>De sus diferentes pasos por el gobierno municipal quedaron asociadas varias obras consideradas importantes para aquella época, entre ellas la construcción del hipódromo, la nivelación de calles y su afirmado con tosca y la refacción completa del cementerio.</p><p>Como diputado provincial patrocinó junto con sus colegas Salas, Palacios y Amadeo una ley que estableció una importante rebaja en el precio de las tierras del ejido.</p><p>La medida benefició a los pobladores en más de un millón de pesos y estableció que el 30% del excedente obtenido debía destinarse a obras de progreso local. Posteriormente, el senador López Cabanillas impulsó que ese porcentaje alcanzara al total del excedente.</p><p>Los recursos resultantes permitieron avanzar posteriormente en obras de importancia para la ciudad, entre ellas la construcción del edificio municipal y la rambla del balneario.</p><p>El último capítulo de González Quiroga como intendente comenzó en marzo de 1903 y terminó en octubre de ese mismo año. Con su salida del gobierno municipal concluyó también una trayectoria singular: había sido jefe comunal en tres oportunidades y, sobre todo, había gobernado Necochea en dos siglos distintos.</p><p>En una época en que los intendentes no eran elegidos directamente por los vecinos y en la que los gobiernos municipales podían cambiar con frecuencia, la permanencia de su nombre en tres períodos constituye uno de los capítulos particulares de los primeros años de la historia institucional de Necochea.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YagkCavmHht87hjBDfU-InnOY0k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/fernando_gonzalez_quiroga.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En octubre de 1903 culminaba el tercer período de gobierno municipal de Fernando González Quiroga, el jefe comunal que gobernó tanto en el Siglo XIX como en el XX]]>
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                                <updated>2026-09-13T02:11:36+00:00</updated>
                <published>2026-09-13T02:10:16+00:00</published>
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            El largo sueño de Quequén
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A3jKlVtG5tZefFuWrsARwF9zFUM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/historia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Juan José Flores</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>La fecha resulta significativa porque durante mucho tiempo se había tomado como referencia el 31 de diciembre de 1889, cuando comenzó la venta de los primeros lotes. Pero aquella operación inmobiliaria se produjo más de tres décadas después de que apareciera, por primera vez, la idea de establecer una población en este lugar.</p><p>Entre aquella reunión de 1854 y la venta de los primeros terrenos pasaron casi 35 años. En ese período hay menos documentación, pero sí quedaron algunos indicios de lo que se pretendía construir. El proyecto no apuntaba simplemente a crear un pequeño pueblo, sino que hablaba de una gran ciudad y puerto.</p><p>En 1889, la compañía Ciudad de Quequén encargó al agrimensor Eugenio Moy el trazado de la nueva población. La empresa estaba presidida por Hugo A. Bunge y tenía entre sus principales accionistas a Manuel J. Guerrico.</p><p>El plano mostraba una propuesta ambiciosa para aquellos años. Preveía numerosas plazas, un parque público, un hipódromo y una estación ferroviaria. También contemplaba servicios que para la época parecían propios de una ciudad mucho más desarrollada: iluminación, mercados, una red de tranvías, agua corriente y teléfono.</p><p>El proyecto de aquella ciudad ideal no llegó a concretarse tal como había sido pensado. En julio de 1932 se declaró la caducidad del expediente y con ello comenzó a cerrarse formalmente aquella iniciativa. Para entonces, sin embargo, Quequén ya tenía una vida propia y había dejado de ser solamente un proyecto sobre un plano.</p><p>En 1934, el ingeniero civil Daniel C. Gowland realizó el replanteo definitivo de la planta urbana.</p><p>&nbsp;</p><p>Los primeros pobladores</p><p>Mucho antes de que Quequén tuviera los edificios, comercios e instituciones que marcarían su crecimiento, fueron los primeros pobladores quienes comenzaron a darle forma a la localidad.</p><p>Entre ellos aparece Ezequiel Gil, quien se instaló en 1879 y abrió el comercio de ramos generales La Fundadora, en la esquina de las actuales calles 560 y 519. Su nombre quedó asociado a aquellos primeros años, cuando establecer un comercio en esta zona significaba también contribuir a formar un núcleo de población.</p><p>La memoria de Quequén conserva además los nombres de Paulino Ruiz, Bernardino Alonso, Carlos Sanota, Jorge Abásolo y Francisco Carrizo, entre otros vecinos que participaron de aquellos primeros tiempos.</p><p>Con el paso de los años comenzaron a aparecer las instituciones y los servicios que fueron dando una estructura más definida a la localidad.</p><p>El ferrocarril fue uno de los primeros grandes cambios. El 1º de agosto de 1882 llegó a la estación de Quequén el primer tren de pasajeros. La conexión ferroviaria resultaría fundamental para una población que aspiraba a convertirse en un centro vinculado al puerto y al movimiento comercial de la región.</p><p>En octubre de 1890 comenzó a funcionar la primera escuela primaria, la Escuela Nº 12. Para que pudiera abrir sus puertas fue fundamental el aporte del comerciante José Paz y Lema, quien cedió una propiedad para su funcionamiento.</p><p>Pocos años después, en 1895, abrió sus puertas el Hotel Balneario, propiedad de Larraburu y Arana. Más adelante pasó a llamarse Hotel Quequén. Su ubicación en la zona portuaria hizo que durante décadas fuera uno de los establecimientos característicos del lugar. La construcción todavía permanece como uno de los testimonios de aquella época.</p><p>La vida religiosa también fue ocupando un lugar importante. El 2 de febrero de 1902, el obispo diocesano monseñor Juan N. Terreno bendijo la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, levantada gracias a una donación de la familia Guerrico.</p><p>La presencia policial se estableció poco después. En 1903 se creó el destacamento de Quequén, que en mayo de 1911 fue elevado a la categoría de subcomisaría. Su primer jefe en esta nueva etapa fue el oficial Martín Benítez.</p><p>Para entonces, la localidad ya mostraba un crecimiento importante. El 23 de diciembre de 1913 fueron aprobados nuevos planos y, al año siguiente, Quequén superaba los 4.000 habitantes.</p><p>Las crónicas de aquellos años permiten imaginar una localidad muy distinta de la actual. Había edificios públicos de dos pisos, entre ellos la Municipalidad y la Subprefectura, una rambla, hoteles y grandes comercios. Entre estos últimos se encontraban La Euskalduna, de Bilbao y Jaca, y El Fundador, de Baltasar Herrera.</p><p>También las plazas fueron ocupando un lugar en la vida cotidiana. El 24 de septiembre de 1918, durante las fiestas patronales, se inauguró la Plaza Hipólito Yrigoyen.</p><p>El vínculo entre el ferrocarril y el puerto tuvo otro momento importante en diciembre de 1922, cuando el presidente Marcelo T. de Alvear visitó Quequén para inaugurar el ramal ferroviario que comunicaba la estación con el puerto.</p><p>Para entonces, aquella idea de convertir a Quequén en una gran ciudad y puerto ya había atravesado distintas etapas. Algunos proyectos habían quedado en el camino, pero el movimiento comercial, el crecimiento de la población y la construcción de nuevas instituciones habían dejado una realidad que iba mucho más allá de los planos originales.///&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A3jKlVtG5tZefFuWrsARwF9zFUM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/historia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Se cumplen 38 años del día en que un grupo de vecinos decidió buscarle al pueblo algo que le faltaba: una fecha de fundación]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-09-05T21:56:57+00:00</updated>
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            El partido de Necochea cumple 161 años
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G25E7hYkP5l2foWMANdmesDBb44=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/partido_neco_161_i.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Archivo</p><p>Ecos Diarios</p><p>--</p><p>El martes el Partido de Necochea cumplirá 161 años. Fue creado el 31 de agosto de 1865 y tenía una extensión de 7.130 kilómetros cuadrados, 2.339 kilómetros cuadrados más que en la actualidad.</p><p>Sesenta y seis años después, en 1931, el partido ya tenía una población de 45.000 habitantes y unas 331.000 hectáreas sembradas de trigo, lino, avena, cebada, centeno y maíz.</p><p>Otras 260.000 hectáreas estaban pobladas por 197.517 vacunos, 381.888 lanares y 83.138 yeguarizos.</p><p>Indudablemente, aquel viejo Partido de Necochea era netamente rural. Aunque el turismo ya sentaba sus bases en la naciente Villa Díaz Vélez.</p><p>Hace 95 años el partido no solo era más extenso, también contaban con pueblos que hoy pertenecen a San Cayetano, como esa misma localidad y las estaciones de Defferrari y Cristiano Muerto.</p><p>&nbsp;</p><p>En el corazón</p><p>Hasta 1958 el límite entre Necochea y Tres Arroyos fue el arroyo Cristiano Muerto. En tanto, el arroyo Zabala, hoy límite con San Cayetano, atravesaba en aquella época nuestro distrito.</p><p>El límite con Adolfo Gonzales Chaves, hoy de unos pocos kilómetros, comprendía entonces gran parte del noroeste de nuestro distrito.</p><p>La estación Defferrari, en la actualidad dentro del territorio de San Cayetano, se encontraba hasta entonces en el centro de nuestro partido.</p><p>Pertenecía a la red del Ferrocarril Sud y era una estación de intenso movimiento. Punto de empalme de los ramales Necochea a Tres Arroyos, Tandil-Defferrari, Copetonas y Orense-Defferrari, con arribo de trenes de carga y pasajeros.</p><p>Se encontraba esta estación en una de las zonas más productivas de nuestro distrito. De acuerdo a una publicación de los años 30, la edificación del pueblo era escasa. “Está constituida por una gran casa de comercio, de los señores J. Ibarra y Cía., hotel, herrería, panadería, algunos negocios de menor cuantía, escuela, destacamento de policía y un reducido número de casitas modestas destinadas en su mayoría a viviendas del personal ferroviario”.</p><p>“La totalidad de los edificios son de material y pertenecen al doctor Luis Defferrari, hallándose ubicados en campo de su propiedad”, señalaba la nota.</p><p>“Hace buen tiempo que debería haberse creado un pueblo y a muy seguro de que de haber ocurrido eso, hoy Defferrari no sería simplemente una estación sino una localidad con vida propia y de mucho porvenir”.</p>El Partido fue creado el 31 de agosto de 1865<p>&nbsp;</p><p>San Cayetano</p><p>El pueblo más grande del interior del partido de Necochea fue, hasta que obtuvo su autonomía, San Cayetano.&nbsp;</p><p>Fue fundado en 1909 por Pedro N. Carrera, un tresarroyense que secundado por Agustín Lizardi, decidió impulsar la creación de la población junto a la estación San Cayetano, ubicada en la línea que unía Necochea y Tres Arroyos.</p><p>Según registros de la época, allá por 1913, las planchadas de la estación del Ferrocarril Sud contenían pilas de cereal que sumaban un millón de bolsas.</p><p>Las vías que pasaban por San Cayetano eran uno de los tramos férreos más extensos del distrito, ya que continuaban hacia Defferrari y luego a Lumb, Juan N. Fernández, Claraz y La Negra, todas estaciones del extenso partido de Necochea.</p><p>Lumb era entonces una próspera estación, un pueblo que creció mientras el ferrocarril existió y que luego decayó con la desaparición del tren.</p><p>Tras la autonomía de San Cayetano, Juan N. Fernández heredó el segundo puesto como la población más grande del distrito, detrás de Necochea, al menos hasta la anexión de Quequén.</p><p>Allá por los años 30 llegó a tener 6.000 habitantes, 3.279 más que en el último censo. Un reflejo de su impulso era el hecho que contaba con cines, teatro y dos periódicos: “Tribuna” y “El Independiente”.</p><p>Cerca de allí, Claraz también crecía por impulso del ferrocarril y de la producción agropecuaria. En 1916 la localidad llegó a contar con una Asociación de Fomento que fue creada por el mismo Nicasio Ocampo, fundador del pueblo.</p><p>En aquellos años La Dulce y Ramón Santamarina también eran estaciones de trenes. Las vías de Nicanor Olivera continuaban desde Defferrari hacia Lobería, mientras que Santamarina se encontraba en el tramo que unía Defferrari con Energía.</p><p>Pero la desaparición del ferrocarril llevó a muchos de esos pueblos al borde de la desaparición. Muchos redujeron notablemente su población y otros pasaron al nuevo partido de San Cayetano en 1958.</p><p>Hoy muchos vecinos nacidos en aquel viejo y extenso partido de Necochea, recuerdan con nostalgia a sus pueblos, que ya no existen o no pertenecen más al distrito.///</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G25E7hYkP5l2foWMANdmesDBb44=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/partido_neco_161_i.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Fue creado el 31 de agosto de 1865. Tenía 2.339 kilómetros cuadrados más que en la actualidad]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-08-30T12:29:50+00:00</updated>
                <published>2026-08-29T22:47:45+00:00</published>
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            El estreno de una película que convocaba a varios artistas
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8YstKQLm6wyC4kLSKEyadpCM2Sg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/bauleo.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Archivo</p><p>Ecos Diarios</p><p>&nbsp;</p><p>El sábado 4 de mayo de 1974 se estrenó en Necochea una película que daría origen a una serie de filmes icónicos del cine nacional: la de los Superagentes.</p><p>Ese día, varias estrellas del espectáculo reconocidas en todo el país llegar a la ciudad para asistir a la premiere de la película “La gran aventura”.</p><p>Graciela Alfano, Julio de Grazia, Roberto Escalada, Gilda Lousek, Susana Fontana, Lucho Avilés, Inés Moreno, Iván Grondona, Tristán Díaz Ocampo y Juan Barbieri participaron del estreno exclusivo de la película dirigida por Emilio Vieyra.</p><p>La premiere se realizó en el Cine Ocean ante gran cantidad de público.</p><p>El evento se produjo a partir de las gestiones realizadas por la Junta Vecinal Playas de Necochea, que tenía entre sus miembros al actor Ricardo Bauleo.</p><p>Bauleo, que era uno de los protagonistas de la película de Vieyra, había realizado las dos temporadas anteriores en el Teatro 83 de la Villa Díaz Vélez y logrado un vínculo especial con los necochenses.</p><p>&nbsp;</p><p>El origen de un ícono</p><p>Aunque no pertenece a la serie de Los Superagentes, “La gran aventura” fue el antecedente, ya que tenía como protagonistas a tres agentes interpretados por Victor Bo, Ricardo Bauleo y Julio De Grazia.</p><p>En esa producción de 1974 los agentes se llamaban Apolo, Hércules y Centauro. Luego, ya con el nombre de Superagentes, se llamarían Tiburón, Delfín y Mojarrita.</p><p>Si bien “La gran aventura” no tuvo escenas filmadas en Necochea, sí existían vínculos que ligaban a Vieyra y los actores con la ciudad.</p><p>Los paisajes necochenses fueron escenario a varias producciones cinematográficas. Vieyra ya había filmado aquí algunas escenas de “Gitano”, con Sandro y “Los mochileros”, con Víctor Bo, Bauleo y Susana Giménez.</p><p>&nbsp;</p><p>Sabor necochense</p><p>Gran parte del mérito de que Vieyra filmara en Necochea la tuvo Roberto Fernández, quien a los 19 años se había hecho cargo del Cine Gran Sud, que había construido su padre Dositeo Fernández junto a Ramón Boga y el ingeniero Justino Tersoglio.</p><p>Dotado del mismo espíritu progresista que su padre, “Tito” Fernández encaró la construcción de otra moderna sala en la Villa balnearia: el Cine Gran Ocean.</p><p>Esta sala fue inaugurada el 8 de enero de 1957.</p><p>Poco después, se sumaba a la sociedad Juan José Valdettaro y el grupo expandía su operatoria, al adquirir la explotación de las salas que hasta ese momento estaban a cargo de la empresa de Alfredo Sanz: el Cine Teatro París, el Atlantic y el Gran Playa (inaugurado en 1958).</p><p>La empresa “Fernández Boga S.A”, a la que también se sumó Ramón Boga hijo, llegó a explotar salas en Tandil y Bahía Blanca, y amplió sus actividades comerciales con la distribución de películas nacionales y extranjeras en la zona sur de la Argentina.</p><p>Pronto también contrataron la sala del Auditórium Casino y las de la Galería de los Teatros, el Piso de Deportes del Club Rivadavia, el Teatro Plaza y otros recintos aptos para ofrecer espectáculos.</p><p>El prestigio de la firma ante los sellos productores, permitió que dos películas se filmaran en Necochea en el verano de 1969-1970: “Los Mochileros”, que significó el debut cinematográfico de Susana Giménez, y “Gitano”, con Sandro y Soledad Silveyra.</p><p>El 11 de diciembre de 1969, en la casa de Tito Fernández, en la calle 6 Nº 4252, Sandro recibió a la prensa y comentó que se sentía cómo durante la filmación, porque el realizador Emilio Vieyra le permitía actuar como él quería. “Lo ultimo que debemos perder es la humanidad, para lo cual no podemos colocarnos espalda con espalda”, dijo Roberto Sánchez en la entrevista.</p><p>Antes del final del verano de 1970, Vieyra regresó para filmar en nuestras playas la ya legendaria “Los Mochileros”, con Susana Giménez, Ricardo Bauleo, Víctor Bo, Soledad Silveyra y Linda Peretz, entre otros.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8YstKQLm6wyC4kLSKEyadpCM2Sg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/bauleo.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En 1974, estrellas del espectáculo llegaban para la premiere de “La gran aventura”]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-08-23T04:34:52+00:00</updated>
                <published>2026-08-23T04:33:48+00:00</published>
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            Una década de crecimiento
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8q5CBQwnFunHJ50VVpK1LigPk_U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/1930_y_1940.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Según el periódico El Baluarte, la primera publicación periodística que se publicó en la ciudad, "en 1889 aún no había edificios públicos" en Necochea.</p><p>El antiguo periódico también da testimonio de que en 1890 la Municipalidad dona al Consejo Escolar la "Manzana Escolar".</p><p>De acuerdo con la misma fuente, en 1889 los necochenses "piden incansablemente al gobierno nacional el ferrocarril, la escrituración del ejido, el puerto y un banco".</p><p>El primer paso fue el arribo del tren, en 1894, y desde entonces la ciudad comenzó a crecer lenta, pero imparable. Cincuenta años después, se produjo uno de los momentos de mayor crecimiento de la ciudad.</p><p>En 1939 se inauguró el nuevo edificio de la Municipalidad y la ampliación de la Rambla.</p><p>También comenzaba la obra de remodelación del templo parroquial, mientras que la Usina Popular Cooperativa iniciaba la prestación de servicios en nuestra comunidad.</p><p>Década de crecimiento</p><p>Dos grandes obras proyectadas y licitadas por el intendente Alejandro Calzada: la pavimentación de la villa Díaz Vélez y el empedrado del boulevard Pellegrini (parte de la actual avenida 59), fueron concluidas durante el gobierno de José Pucciarelli.</p><p>Este político, cuya firma aparece aún en el frente de muchos edificios, debido a que era constructor, gobernó la ciudad durante 10 años, entre septiembre de 1930 y 1940.</p><p>Un año antes de dejar el cargo, el intendente logró concretar una de sus obras más emblemáticas: el nuevo edificio de la Municipalidad de Necochea. Hasta entonces el gobierno municipal tenía su sede en el edificio inaugurado el 25 de mayo de 1910 en la actual esquina de avenida 58 y calle 61, al lado del templo parroquial.</p><p>El 1939 se inauguró el nuevo edificio de la Municipalidad de Necochea. Unas semanas más tarde comenzaron las tareas de ampliación del templo parroquial.</p><p>Aquel año también se producía un importante avance en las comunicaciones, ya que desde la Unión Telefónica se trabajaba poner en funcionamiento un nuevo sistema de telefonía que remplazaría el de magneto por el de batería central.</p><p>El 13 de enero de 1939, el gobernador Manuel Fresco llegó a la ciudad para inaugurar el nuevo edificio de la Municipalidad. Según la crónica periodística, en el arco del Puente Colgante se había instalado un cartel que decía "Bienvenido".</p><p>El gobernador llegó en automóvil desde Mar del Plata. Una caravana lo acompañó en el ingreso a la ciudad del Cadillac negro de la gobernación. Acompañaba a Fresco su esposa Raquel Monasterio.</p><p>Fresco y su comitiva se dirigieron hacia el Royal Hotel, donde iba a pasar el fin de semana.</p><p>Además del edificio del Palacio Municipal, Fresco inauguró la ampliación de la Rambla Municipal.</p><p>El nuevo “palacio”</p><p>Según la crónica publicada el 14 de enero de 1939 en Ecos Diarios, "Fresco llegó con su comitiva al nuevo Palacio Municipal, en cuya entrada fue recibido por las autoridades de la comuna y miembros de la comisión de recepción".</p><p>"En el hall principal, el mandatario previas las presentaciones de estilo, recibió el saludo de las delegaciones de entidades locales adheridas a la recepción", añadía el artículo. "La bienvenida estuvo a cargo del jefe de la comuna, quien leyó un discurso, hablando a continuación el señor Francisco Cortesano".</p><p>Frente al Palacio Municipal se habían congregado los abanderados de las colectividades extranjeras, 200 niños de las escuelas y 50 maestras, profesoras del Colegio de Hermanas, el cuerpo de Boy Scout, la banda de la Policía de la Provincia y el público, en total unas 700 personas.</p><p>El cura y vicario foráneo Donato Pacella ofició una misa de campaña y luego realizó un breve discurso.</p><p>Inmediatamente el gobernador y su comitiva partieron hacia la Villa balnearia, donde inauguró la obra de ampliación de la Rambla Municipal.</p><p>Allí, luego del acto, se sirvió un almuerzo para 250 personas al que asistieron algunos de los principales referentes de la sociedad necochense de la época.</p><p>El periodista Samuel M. Ortiz leyó un discurso.</p><p>Ampliación del templo</p><p>"Se han iniciado los trabajos de ampliación del templo parroquial de esta ciudad, llevándose a cabo la construcción de una nave lateral, que corresponderá al evangelio", señalaba un artículo publicado en Ecos Diarios en febrero de 1939.</p><p>La obra iba a ser encuadrada dentro del "estilo arquitectónico del templo" y comprendería una superficie de 150 metros cuadrados. "La nueva nave estará en comunicación con la nave central por medio de arcadas, con lo que se conseguirá una mayor capacidad para numerosos actos religiosos en que la iglesia resulta actualmente pequeña", agregaba el artículo.</p><p>"De esta forma se continúa la obra del templo todavía incompleta, pues para su total terminación deberán construirse las naves, prolongar el presbiterio, la cúpula y el crucero", indicaba la nota.</p><p>La ampliación se realizaba por iniciativa del sacerdote Pacella y la financiación se realizaba con el aporte de los fieles y el propio cura.</p><p>Turbulencias</p><p>A partir de los reclamos de la Cámara Comercial e Industrial de Necochea y de la Sociedad de Fomento, la Unión Telefónica anunciaba que se estaban realizando estudios a fin de realizar una importante modernización en el servicio de comunicaciones telefónicas.</p><p>En una nota firmada por el gerente comercial, A. Bugallo, se informaba que se estaban realizando estudios para efectuar el "cambio del sistema actual por el de batería central".</p><p>"Es indudable que, una vez realizados los trabajos inherentes a este cambio, estará Necochea dotada de un equipo moderno, en condiciones de brindar un servicio ampliamente satisfactorio a todos sus abonados, tanto en el servicio local como a larga distancia", precisaba el artículo.</p><p>En aquellos días también comenzaba a prestar su servicio la Usina Popular Cooperativa con un tendido que abarcaba un radio de 64 manzanas del ejido. En la oportunidad Sebastián de María realizaba una exposición sobre el tema ante un numeroso público en la avenida Alsina (59).</p><p>De esta forma, Necochea ingresaba en la década del 40 con nuevas obras y servicios. En julio de 1940 el interventor de la Provincia de Buenos Aires designaba comisionado al doctor Néstor Montangero y se iniciaba un periodo de inestabilidad política que se prolongaba varios años. En los siguientes 10 años, el mismo lapso que Pucciarelli fue intendente, se sucedieron 14 comisionados al frente del gobierno comunal.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8q5CBQwnFunHJ50VVpK1LigPk_U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/1930_y_1940.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Entre 1930 y 1940, durante el gobierno del intendente José Pucciarelli, se construyó el edificio de la municipalidad y se amplió la Rambla]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-08-15T23:31:47+00:00</updated>
                <published>2026-08-15T23:27:39+00:00</published>
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            Díaz Vélez, el primer hospital que hubo en Necochea
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aSWYRf36hJdBK4x6063Ft6qU7Go=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/10/foto-historia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Juan José Flores</p><p>Ecos Diarios</p><p>&nbsp;</p><p>En 1949, una licitación efectuada por la Dirección de Arquitectura provincial anunció una obra de ampliación del Hospital Díaz Vélez por 791.707 pesos. El nosocomio había sido fundado poco después que la ciudad por iniciativa de la Sociedad Protectora de los Pobres de nuestra ciudad.</p><p>La ampliación proyectada a fines de los 40 comprendía un anexo para enfermos infecto contagiosos y fue adjudicada a la empresa constructora de Roco Tomagra.</p><p>Pero el 18 de diciembre de 1950 la Sociedad de Beneficencia decidió el abrupto cierre del nosocomio. Ese fue el último día de actividad.</p><p>Los pocos enfermos que quedaban internados fueron trasladados al Hospital Municipal, que había sido inaugurado unos años antes. En enero de 1955 en varios diarios de la zona se publicó un anuncio de remate.</p><p>Los acreedores habían demandado a la Sociedad de Beneficencia y la</p><p>Justicia dispuso el remate de todas las existencias para satisfacer el reclamo.</p><p>Finalmente, la subasta, a cargo de un martillero de Tres Arroyos, fue suspendida. La Sociedad de Beneficencia había logrado subsistir durante décadas gracias a la contribución de la gente y las subvenciones oficiales</p><p>Pero con el retiro de las subvenciones la Sociedad quedó imposibilitada de atender los servicios del hospital y afrontar los gastos de personal y materiales.</p><p>Al aprobar la subasta, la Justicia no tuvo en cuenta los 50 años que la entidad prestó servicios de asistencia social.</p><p>Finalmente, el Ministerio de Salud provincial se hizo cargo de la existencia del ex hospital y aportó los fondos para el pago de haberes adeudadas.</p><p>Un penoso final</p><p>«Libros desparramados por los pisos, pedazos de cimientos, restos de un pasado labrado en dolor y comprensión humana, ya poco y nada queda de aquello que fue fuente de salvación para muchos enfermos».</p><p>El texto era parte de un artículo publicado el miércoles 26 de diciembre de 1979 en Ecos Diarios y hacía referencia a la demolición del viejo Hospital Díaz Vélez, que en esos días aún permanecía de pie en la intersección de la avenida 42 y Jesuita Cardiel, frente a la Escuela Industrial.</p><p>«Este pedazo ya moribundo de la historia de nuestra ciudad ha sido condenado a la desaparición por el paso inexorable del tiempo, que lo ha llevado a una situación permanente de posible derrumbe, razón por la cual la Municipalidad de Necochea ha comenzado días atrás su demolición”, añadía el artículo.</p><p>Hasta principios de agosto de 1979 había funcionado en el viejo edificio del Hospital Díaz Vélez la Escuela Diferencia da N° 502.</p><p>El edificio, que cayó bajo la piqueta a fines de 1979, hace 30 años, había sido el primer hospital de nuestra ciudad y también uno de los más importantes de la región a principios del siglo XX.</p><p>&nbsp;La fundación</p><p>En 1893, por iniciativa de Mariana G. de la Moneda, se fundó en nuestra ciudad la benemérita institución denominada Sociedad Protectora de los Pobres.</p><p>«La comisión directiva del Hospital de Caridad -como rezaba la respectiva documentación- fundado en Necochea el 12 de mayo de 1895 por la Sociedad de Beneficencia protectora de los pobres, estaba integrada por la presidente Cruz P. de Murga; vice, María B. de Salcinés; tesorera, Purificación R. de Trilles; protesorera, Eustaquia D. de Olivera; inspectoras, Carmen M. de Moreno, Natalia G, de Fernández y Juana A. de Battioni; secretaria, Manuela I. Murga; prosecretaria, Estéfa Espetal; vocales, Matilde L. de Dozo, Mariana E. de Canosa, Julia Uriarte, Rosa C. de Perijo y Ramona R. de Oribe. Padrinos: Margarita V. de Pieres y Emilio Castellano».</p><p>La labor meritoria y silenciosa de la Institución no sólo fue por parte de sus fundadores o sostenedores, también tuvieron parte integral en ello sus primeros empleados.</p><p>El 12 de septiembre de 1900 ingresaron como empleados del hospital José Escobar y Teresa Iguacel de Escobar, que casi cumplieron medio siglo en la institución y cooperaron silenciosamente en la gran obra humanitaria del primer establecimiento asistencial de la ciudad.</p><p>Ecónomo y administrador, José Escobar y sus descendientes pasaron casi toda su vida entre las viejas paredes del Hospital.</p><p>Eduardo Escobar, uno de sus hijos, es por antonomasia el poeta de la ciudad y su hermoso libro «Necochea, ciudad progresista y poética» una fuente de documentación histórica sobre los primeros pasos de la ciudad.</p><p>El nombre</p><p>El nombre de «General Díaz Vélez» fue impuesto por agradecimiento a las tierras donadas por Carlos Díaz Vélez, descendiente del prócer de la Independencia argentina -nieto del mismo-.</p><p>A la entrada del Hospital existió hasta los últimos años -ignorándose su posterior paradero- un busto de la dama que hizo muchísimo por la entidad: Cruz P. de Murga. Se alzaba sobre un pedestal su blanca y marmórea y una pequeña placa decía: «Hizo el bien por el bien mismo».</p><p>Cuando Necochea cumplió 50 años, la Sociedad de Beneficencia Protectora de los Pobres era presidida por Manuela J. Murga de Rodríguez; vicepresidente, Margarita e. de Arana; tesorera Sara L. de Garré; protesorera Hermenegildo M. de Marttegu; secretaria Valeriana Setién; vocales inspectoras Joaquina L. de Vilela y Geno veva Pilón de Marine y actuaba como prosecretaria Haydée Moreno Murga.</p><p>La misma sociedad también tenía a su cargo la atención del Dispensario de Lactantes «Encarnación Hurtado de Bard» y se proponía llevar a término en esa época el Hogar de Ancianos, en construcción en el mismo perímetro.También se pretendía llevar adelante la ampliación del Hospital con un subsidio de $50.000 que había sido votado por el Congreso a iniciativa del ex diputado nacional doctor Leopoldo Bard.</p><p>En el primer año de servicios el hospital atendió siete enfermos y al siguiente nueve. у Sin embargo, con el paso de los años se convirtió en el principal centro de salud de la localidad. En 1944, en plena actividad, alcanzó un récord de 2.221 enfermos internados externos y 25.927 por consultorios</p><p>Los tres primeros médicos que prestaron servicios en el hospital fueron Fernando de la Moneda, primer director y también principal impulsor del nosocomio, Anselmo Ochoa y Alberto Nazarre. Estos tres médicos eran los únicos médicos radicados en Necochea. Luego llegaría el doctor Emilio Ferreyra.</p><p>Hacía 1937 el cuerpo médico lo formaban Carlos A. Acuña, como director y jefe de la sala general de mujeres; José García Landera, jefe de la maternidad y subdirector del Hospital; José Brun, jefe de la sala general de hombres; Francisco Mailland, garganta, nariz y oído; doctor Víctor Mercante, jefe de rayos; doctor Elizari Zabalza, enfermedades y operación de los ojos y el doctor Mauricio Serebrinski, odontólogo.</p><p>El consultorio externo era atendido por los doctores Carlos Acuña, Horacio Ayorolo, Juan Bilbao, Juan B. Flores, Néstor Montagnaro e Ismael Burdman. Masajista era la señora Zelmira Guzmán de Carinci. Según los casos, concurrían también al hospital los doctores Emilio Ferreyra y Roberto Ramovecchi.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aSWYRf36hJdBK4x6063Ft6qU7Go=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/10/foto-historia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La Sociedad Protectora de los Pobres forjó la creación de un nosocomio para la ciudad]]>
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                                <updated>2026-08-09T02:16:37+00:00</updated>
                <published>2026-08-09T02:09:00+00:00</published>
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            Hace 132 años llegaba por primera vez el tren a Necochea
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/hace-132-anos-llegaba-por-primera-vez-el-tren-a-necochea" type="text/html" title="Hace 132 años llegaba por primera vez el tren a Necochea" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ePvM3Dq79b-zhgG3VLDru7cwL1g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/tren.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Archivo</p><p>Ecos Diarios</p><p>&nbsp;</p><p>Al fundarse la ciudad, los pioneros ya imaginaban que en un futuro no muy lejano la desembocadura del Quequén se podía convertir en un puerto importante, las comunicaciones con las otras nacientes ciudades del interior bonaerenses eran tan lentas como los vehículos a tracción a sangre de la época.</p><p>La nueva región pampeana carecía de ríos navegables (a diferencia del cordón del cereal en los Estados Unidos, que tuvo acceso al Mississippi) y la carretera no era un transporte económicamente idóneo para mercaderías de bajo valor por unidad de peso.</p><p>En 1883, dos años después de la fundación de Necochea, la tonelada transportada por carretera costaba $7,50 oro por cada 100 kilómetros, mientras que por barco de vela sólo costaba $1,40 oro.</p><p>En esas circunstancias, la construcción del ferrocarril (el costo de transporte era de $1,50 oro la tonelada/cien kilómetros) aparecía como condición indispensable para hacer rentable la explotación económica de vastas extensiones pampeanas.</p><p>Sendas de hierro</p><p>El ferrocarril llegó a Necochea el 1º de agosto de 1894. La línea había comenzado su tendido en la Capital Federal y llegado hasta Chascomús, para luego continuar hasta Dolores en 1857.</p><p>El tramo entre esta última población y Ayacucho se habilitó en 1863, para después concretarse los 88 kilómetros hasta Balcarce.</p><p>Las vías tardaron varios años en cubrir los 105 kilómetros que separan a esa ciudad de Quequén.</p><p>El 24 de noviembre de 1892 arribó el primer convoy hasta la estación de la vecina localidad.</p><p>Para materializar el enlace entre Quequén y Necochea -sólo 1,5 kilómetros- transcurrieron dos años más, aunque la construcción del puente ferroviario había comenzado en 1890.</p><p>Más de 500 trabajadores tomaron parte en la construcción de este paso, realizado con materiales que llegaron en 1891 a través del naciente puerto local.</p><p>La llegada del ferrocarril a Necochea significó un revolucionario avance para el transporte de la época.</p><p>La jornada del 1º de agosto de 1894 resultó una verdadera fiesta para la ciudad, cuando arribó ese primer tren con vagones de pasajeros y cargas.</p><p>Entre los viajeros ilustres y personalidades se destacaba el doctor Carlos Pellegrini, ex presidente de la Nación.</p><p>El primer jefe de la estación, Lorenzo Revol, hizo repicar 21 veces la campana y numeroso público se dio cita en el lugar para adherirse a la celebración.</p><p>Impacto en la región</p><p>Al trazar una pintura de la época, el historiador necochense Egisto Ratti escribió que “el 20 de noviembre de 1908, al inaugurarse el ramal Tamangueyú-Lobería-Tres Arroyos, el ferrocarril cruzó importantes zonas productoras de cereal, dando paso a ventas y remates de tierras en la denominada mejor región triguera del mundo”.</p><p>El tren también motivó la conformación de poblados como La Dulce, que es la localidad más antigua del interior del distrito, y el pueblo Cooper, luego Defferrari.</p><p>El 15 de octubre de 1908 se inauguró la línea Necochea-Lobería-Tandil y, en consecuencia, los trenes comenzaron a llegar a nuestra ciudad por vía Tandil y vía Ayacucho.</p><p>El ferrocarril continuó siendo el principal medio de transporte de pasajeros con el que contó la ciudad durante décadas.</p><p>Decenas de personas trabajaban en la estación. En aquella época los trenes eran a vapor y además de los guardas, se hacía necesario el empleo de maquinistas y foguistas para poder hacer funcionar los gigantes de hierro.</p><p>No obstante, la aparición de los servicios de ómnibus de larga distancia y la falta de mantenimiento del puente ferroviario comenzaron a atentar lentamente contra la continuidad del tren en Necochea.</p><p>El desgaste del puente hizo que el paso de trenes fuera cada vez más dificultoso, hasta que en diciembre de 1968 se decidió clausurarlo y Necochea se quedó definitivamente sin tren. Si bien la estación continuó funcionando durante varios meses más como expendedora de boletos.</p><p>El cierre definitivo de la&nbsp; Estación significó el fin de un ciclo que cerró en 1980, con la caída del puente ferroviario durante la inundación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ePvM3Dq79b-zhgG3VLDru7cwL1g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/08/tren.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Ocurrió el 1º de agosto de 1894. Significó un revolucionario avance para el transporte de la época]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-08-01T23:40:42+00:00</updated>
                <published>2026-08-01T23:38:38+00:00</published>
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            Un escultor que dejó su marca en Necochea
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/un-escultor-que-dejo-su-marca-en-necochea" type="text/html" title="Un escultor que dejó su marca en Necochea" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mg32C4DVFaF_2Z08YEvCydis43k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/monumento_al_general_san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Archivo&nbsp;Ecos Diarios</p><p>En septiembre se conmemorará el 46º aniversario del fallecimiento del escultor Franco Fúrfaro.</p><p>Este hombre marcó la geografía necochense. Sus obras se encuentran en lugares estratégicos. El general San Martín que mira hacia la Villa balnearia desde el monumento de Diagonal y 59 es creación de este artista. También el Irigoyen de 46 y 59 y el busto de Murga.</p><p>El escultor también colaboró en la realización del busto al General Necochea que se encuentra en el ex Colegio Industrial.</p><p>Falleció el 23 de septiembre de 1980 y Ecos Diarios publicó en su página de sociales una nota cuyo título sintetizaba el sentir de los necochenses que habían conocido al artista: “Se fue un amigo de nuestra ciudad”.</p><p>“En su residencia de la ciudad de City Bell, cercana a La Plata, ha fallecido un notable representante de la escultura ítalo argentina y gran amigo de los necochenses”, indicaba la nota necrológica. “Fúrfaro amaba esta ciudad con entrañable cariño”, añadía.</p><p>Unos meses antes el artista había realizado una exposición en el Hotel Marino.</p><p>Una relación especial</p><p>Fúrfaro había iniciado su relación con Necochea en 1937, cuando actuó como jurado del primer Salón de Arte realizado en el Royal Hotel. Luego realizaría una serie de obras que comenzaron a definir el paisaje urbano necochense.</p><p>Fue el autor del monumento al General San Martín en la rotonda de avenida 59 y Diagonal, del busto a don Hipólito Irigoyen y también del Discóbolo, que hizo erigir el Club Rivadavia en el cementerio local en homenaje a los deportistas desaparecidos. El busto a Angel Murga también es de su creación.</p><p>Además, donó 43 obras de arte a la Municipalidad. “Antes de donarlas a otras comunas, prefiero Necochea”, manifestó Fúrfaro en febrero de 1970, en una de sus visitas. El escultor sugería que las obras donadas podían utilizarse para la fundación de un Museo Municipal como los que existían en otras ciudades turísticas.</p><p>Nacido en Italia</p><p>Fúrfaro había nacido en Calabria, Italia, el 7 de noviembre de 1901. Llegó a nuestro país en 1927 y vivió en La Plata hasta 1969, cuando se mudó a City Bell.</p><p>Fue uno de los socios fundadores de la Peña de Bellas Artes de esa ciudad y su trabajo fue distinguido con premios en distintas exposiciones de pintura y escultura.</p><p>Uno de los temas escultóricos preferidos de Fúrfaro fue la madre. Realizó una escultura de grandes dimensiones sobre este tema en el Club Atlético City Bell.</p><p>También realizó otros monumentos a la madre en la plaza central de Villa Elisa, en Los Hornos y en Berisso.</p><p>Entre los grandes monumentos hay dos inspirados en la figura del General San Martín, uno en Magdalena y el otro en nuestra ciudad.</p><p>En el Museo de Ciencias Naturales de La Plata también se encuentra una cabeza de indio toba y en la Iglesia San Ponciano de la capital provincial, una imagen de la Virgen María. En City Bell también realizó un busto de Manuel Belgrano, que años después fue destruido.</p><p>Durante años, Fúrfaro también trabajó como artista en el Museo Policial de La Plata.</p><p>Según el artículo publicado en Ecos Diarios con motivo del fallecimiento del artista, Fúrfaro fue “un escultor de escuela, muchas de sus obras alegran diversos paseos públicos de la República”.</p><p>Además de “pintor de fina sensibilidad y gran artista que trajo desde su patria toda la gama de conocimientos que plasmó en su patria adoptiva”.</p><p>Debido a su larga relación con Necochea, en 1959, cuando la Municipalidad aprobó una partida para impulsar la construcción del monumento a San Martín, Fúrfaro fue el artista elegido para esculpir la estatua del prócer. Incluso se contó con la aprobación del Instituto Nacional Sanmartiniano.</p><p>Actualmente, las obras de este artista son parte de la ciudad, pero muy pocos necochenses conocen el nombre de su creador. Sus esculturas han logrado el mayor reconocimiento al que puede aspirar un artista, son parte del entorno.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Mg32C4DVFaF_2Z08YEvCydis43k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/monumento_al_general_san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Franco Fúrfaro creó el monumento al general San Martín, ubicado en Diagonal y avenida 59]]>
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                                <updated>2026-07-26T02:47:01+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T01:32:00+00:00</published>
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            El piloto olvidado que compitió con Fangio en Necochea
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/el-piloto-olvidado-que-compitio-con-fangio-en-necochea-1" type="text/html" title="El piloto olvidado que compitió con Fangio en Necochea" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WFOmtf2bcuKdUnJs_k9733fqrAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/carlos_arzani.webp" class="type:primaryImage" /></figure>ArchivoEcos Diarios<p>Hubo una época en que Necochea fue escenario de algunas de las más grandes competencias del automovilismo. Juan Manuel Fangio, los Gálvez, Benedicto Campos y otros grandes pilotos de aquellos años corrieron en los circuitos callejeros de nuestra ciudad.</p><p>Competían en el circuito Urbano Pradera, en el camino a las Dos Hermanitas y luego en un trazado que comprendía la actual zona portuaria de nuestra ciudad y la Villa balnearia.</p><p>El circuito recorría la Diagonal San Martín, la avenida 59, el Puerto, la avenida 2 y la avenida 79.</p><p>Hasta 30.000 personas asistieron a aquellas competencias de las categorías Fuerza Limitada, Ford T y Fuerza Libre.</p><p>El Club Rivadavia, Huracán, Progresista de Quequén, Quilmes y luego el Necochea Automóvil Club organizaban aquellas legendarias pruebas.</p><p>Entre los pilotos necochenses, sólo Benedicto Campos y Domingo Alcuaz continuaron compitiendo luego del período de inactividad provocado por la Segunda Guerra Mundial.</p><p>El quequense Benedicto Campos llegó a competir en Europa, en el equipo de Juan Manuel Fangio.</p>Días de truenos<p>Algunos de aquellos automovilistas que corrieron en Necochea y obtuvieron grandes triunfos han quedado en el olvido. Es el caso de Carlos Arzani.</p><p>No sólo de nombres que alcanzaron la gloria, como Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, se nutre la historia del automovilismo.</p><p>A principios de 1938, Carlos Arzani, nacido en Río Ceballos, compitió en Necochea. En aquella carrera hizo su primera presentación oficial un joven piloto de Balcarce: "Chueco" Fangio.</p><p>Aquella tarde de marzo, en la prueba denominada Circuito Ciudad de Necochea, Carlos Arzani fue implacable con su Alfa Romeo.</p><p>Participaban figuras como Ernesto Blanco, Fermín Martín, Hugo Abramor, Plácido Ruiz y Ángel Garabato.</p><p>El circuito recorría la Diagonal San Martín, la avenida 59, el Puerto y la Costanera hasta la avenida 79.</p><p>La prueba reunió a aficionados de Tres Arroyos, Gonzales Chaves, Benito Juárez, Tandil y Bahía Blanca.</p><p>Participaban marcas como Alfa Romeo, Chrysler, Bugatti, Ford, Fiat y De Soto.</p>La previa<p>Desde varios días antes la ciudad comenzó a vivir el clima de fiesta.</p><p>En diálogo con Ecos Diarios, Carlos Arzani había manifestado: "Todos los que vienen tienen chances".</p><p>En las pruebas de clasificación, Carlos Arzani marcó el mejor tiempo, seguido por Fermín Martín, Hugo Abramor, Ernesto Blanco, Juan Manuel Fangio, Enrique Moyano, Atilio Pedrazzini y Ángel Garabato.</p>Día de carrera<p>La lluvia dejó el circuito resbaladizo antes de la largada.</p><p>En la primera serie se destacaron Fermín Martín, Enrique Moyano y Ángel Garabato.</p>Segunda serie<p>A las 15.10 se largó la segunda serie con Carlos Arzani, Hugo Abramor, Juan Manuel Fangio, Atilio Pedrazzini y otros pilotos.</p><p>Carlos Arzani dominó ampliamente la competencia y logró el mejor promedio.</p>La final<p>En la final participaron Carlos Arzani, Fermín Martín, Ernesto Blanco, Hugo Abramor, Plácido Ruiz, Ángel Garabato y Juan Manuel Fangio.</p><p>En la largada, Juan Manuel Fangio tomó momentáneamente la punta, pero Carlos Arzani recuperó rápidamente el liderazgo.</p><p>El cordobés ganó con autoridad y el público invadió la pista para saludarlo.</p><p>La excelente organización convirtió al Circuito Ciudad de Necochea en una de las competencias más importantes disputadas en la ciudad.</p><p>Al año siguiente, Carlos Arzani ganó el Campeonato Argentino de Pista.</p><p>Su desempeño le permitió ser convocado por Alfa Romeo, equipo conducido por Enzo Ferrari.</p><p>Pero la Segunda Guerra Mundial puso fin a las competencias europeas y obligó a Carlos Arzani a retirarse en el mejor momento de su carrera.//</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WFOmtf2bcuKdUnJs_k9733fqrAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/carlos_arzani.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En marzo de 1938 Carlos Arzani se impuso en una prueba que tenía entre sus participantes a un joven de Balcarce que realizaba su primera presentación oficial.]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-07-19T02:10:08+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T22:23:11+00:00</published>
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            La noche en que Serrat conquistó Necochea
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SQqUeyjIzeUf1e6gnAncaODDgYw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/la_noche_en_que_serrat_conquisto_necochea.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSÉ FLORES</p><p>&nbsp;</p><p>Redacción</p><p>El jueves 18 de febrero de 1971, Necochea fue escenario de una de las presentaciones musicales más recordadas de aquella temporada estival. Joan Manuel Serrat, que con apenas 27 años ya se había convertido en una de las figuras más importantes de la canción en español, ofreció un recital en la confitería Rimini ante un salón completamente colmado.</p><p>Su paso por la ciudad quedó reflejado en la edición del 20 de febrero de Ecos Diarios, a través de la sección "Tu Verano", espacio dedicado a registrar la intensa actividad turística y cultural del verano necochense y que años más tarde daría origen a la tradicional "Hola Verano".</p><p>La expectativa por la llegada del artista era enorme. Según relató el cronista, "todo Necochea dentro o fuera de Rimini" parecía resumir el clima que se vivía aquella noche. La capacidad del salón estaba colmada y cientos de personas permanecían en las inmediaciones con la esperanza de verlo de cerca.</p><p>Un fenómeno de la canción</p><p>Cuando llegó a Necochea, Serrat atravesaba uno de los momentos más importantes de su carrera. Después de iniciar su trayectoria artística en Cataluña durante la década de 1960, había logrado trascender las fronteras españolas gracias a canciones que combinaban poesía, sensibilidad y una mirada profundamente humana sobre la vida cotidiana.</p><p>Temas como "Penélope", "Tu nombre me sabe a hierba", "Poema de amor" y "Poco antes de que den las diez" ya integraban el repertorio que lo había convertido en un referente de la nueva canción en lengua española.</p><p>Su actuación en Rimini confirmó ese fenómeno. Durante unos cuarenta minutos, el silencio del público acompañó cada interpretación. El periodista de Ecos Diarios describió un ambiente inusual para una confitería: el respeto y la atención de los asistentes hacían pensar "más en un templo que en un salón de espectáculos". Al finalizar cada canción, los aplausos estallaban con intensidad.</p><p>Una entrevista de madrugada</p><p>Antes del recital, Serrat había participado de una conferencia de prensa junto a periodistas locales y enviados de distintos medios nacionales, entre ellos Radio Belgrano, Canal 9 de Buenos Aires y corresponsales de Córdoba.</p><p>Pero la conversación más extensa llegó después del espectáculo.</p><p>Ya entrada la madrugada, el cantante recibió al cronista de Ecos Diarios en la habitación del hotel donde se alojaba antes de partir rumbo a Mar del Plata. Eran las 2.15 cuando comenzó una charla que se prolongó durante más de una hora.</p><p>El periodista describió con detalle la escena: camisa bordó, pantalón vaquero, un apretón de manos cordial y un modo pausado de hablar. Lo retrató como un hombre reservado, de respuestas meditadas, voz suave y el inconfundible acento catalán que acompañaba cada frase.</p><p>"Hago lo que siento"</p><p>Durante la entrevista, Serrat repasó sus comienzos musicales. Recordó que empezó a hacer música en 1963 junto a un grupo de amigos, aunque reconoció que aquella primera experiencia no prosperó por el espíritu bohemio de sus integrantes. Más tarde comenzó a escribir canciones "por placer" y luego integró el grupo Los 16 Jueces, hasta iniciar su carrera como solista recorriendo pueblos de Cataluña.</p><p>También explicó que nunca buscó seguir una temática determinada.</p><p>"Hago lo que siento, lo que me gusta, lo que necesito transmitir", respondió cuando fue consultado sobre el contenido de sus canciones.</p><p>Esa necesidad de comunicarse aparecía como el eje de su obra. Por eso confesó que lo más importante para él no era cantar, sino sentirse escuchado.</p><p>Al recordar la actuación en Necochea, no ocultó su entusiasmo.</p><p>"La recepción fue maravillosa. Jamás pensé que en el interior se me recibiría así", afirmó. Y agregó que necesitaba al público "no por la voz, que sé que no es del todo buena, sino para poder comunicarme".</p><p>Un artista fiel a sus convicciones</p><p>La entrevista también abordó cuestiones personales. Consultado acerca de si existía un mensaje de protesta en sus canciones, Serrat respondió que prefería hablar de amor antes que de confrontación.</p><p>"Amo a la gente", aseguró. "Soy un ser humano de 27 años que todavía tiene ganas de hacer muchas cosas."</p><p>Cuando el periodista le preguntó si se consideraba un artista comercial, la respuesta fue contundente.</p><p>Dijo que nunca había pactado para obtener beneficios económicos y que su mayor interés era conservar la honestidad consigo mismo. Afirmó que prefería renunciar a ganar más dinero antes que comprometer su independencia artística y expresó su deseo de que, al final de su vida, la gente pudiera recordar que había trabajado con honestidad.</p><p>Una despedida entre admiradoras</p><p>La entrevista concluyó cerca de las 3.25 de la madrugada.</p><p>Mientras el automóvil aguardaba para trasladarlo hacia Mar del Plata, un numeroso grupo de admiradoras esperaba frente al hotel. Entre pedidos de autógrafos, saludos y besos, Serrat dejó Necochea luego de una visita que había despertado una convocatoria poco habitual incluso para una temporada repleta de espectáculos.</p><p>Aquella presentación quedó registrada en las páginas de Ecos Diarios como uno de los acontecimientos culturales más importantes del verano de 1971. Más de medio siglo después, la entrevista permite recuperar no sólo el paso de un artista que ya era una figura internacional, sino también el clima de una época en la que Necochea recibía con frecuencia a los grandes nombres de la música popular y la sección "Tu Verano" se encargaba de dejar testimonio de esos encuentros que hoy forman parte de la memoria de la ciudad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SQqUeyjIzeUf1e6gnAncaODDgYw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/la_noche_en_que_serrat_conquisto_necochea.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En febrero de 1971, el cantautor catalán actuó en la confitería Rimini, donde cautivó al público y concedió una extensa entrevista a Ecos Diarios para la sección "Tu Verano", antecesora de "Hola Verano"]]>
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                                <updated>2026-07-11T20:50:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T20:48:30+00:00</published>
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            Antes de las olas y el viento
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CO31-fswDAWgMT7YMveUbpNvJZA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/donald.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSÉ FLORES</p><p>&nbsp;</p><p>El viernes 12 de febrero de 1971, Necochea recibió una visita que despertó el entusiasmo de cientos de jóvenes. Donald, uno de los cantantes más populares de la llamada Nueva Ola, llegó a la ciudad para participar de la presentación de la película En una playa junto al mar, que se proyectó en el Cine Gran Sud con una sala colmada.</p><p>La presencia del artista quedó registrada en la sección "Tu Verano" de Ecos Diarios, publicada el 15 de febrero de ese año. Aquella página, dedicada a reflejar la intensa actividad turística de la temporada, fue la antecesora de "Hola Verano", que durante décadas se convertiría en un clásico de los veranos necochenses.</p><p>La visita fue breve. Donald arribó desde Mar del Plata junto a su hermano Alex Mc Cluskey, quien por entonces era su representante, después de haber participado de la presentación del mismo filme en la ciudad vecina. Los acompañaba el empresario local Tito Fernández, quien los recibió en su residencia de la villa balnearia antes de la función nocturna en el Gran Sud.</p><p>Un ídolo de la Nueva Ola</p><p>En 1971, Donald atravesaba uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera. Nacido como Donald Clifton McCluskey, había iniciado su trayectoria artística durante la década de 1960 y rápidamente se convirtió en una de las figuras más representativas de la música juvenil argentina.</p><p>Su repertorio incluía éxitos como Tiritando, Siempre fuimos compañeros y Scaba badabadu, tema que acababa de superar el millón de discos vendidos y que le había valido un Disco de Oro otorgado por RCA Víctor pocos días antes de su llegada a Necochea.</p><p>Años después continuaría ampliando su carrera con canciones que alcanzarían proyección internacional, entre ellas Las olas y el viento, una de las composiciones más recordadas de su trayectoria.</p><p>La película En una playa junto al mar representaba además su primera incursión como protagonista en el cine, en una etapa en la que la música juvenil y las producciones cinematográficas orientadas al público adolescente gozaban de gran éxito en la Argentina.</p><p>En la casa de Tito Fernández</p><p>La nota de Ecos Diarios relataba que el encuentro con Donald no tuvo el formato de una entrevista tradicional. El cronista fue recibido en la casa de Tito Fernández, donde el cantante descansaba antes de regresar al cine para la función de la noche.</p><p>Allí compartieron una conversación distendida junto a Alex Mc Cluskey y a los integrantes de la familia Fernández. El periodista describe el clima cordial del encuentro y hasta registra una escena cotidiana: al levantarse para saludar, Donald golpeó accidentalmente con su cabeza una lámpara del living, lo que dio pie a una charla sobre su estatura y ayudó a romper el hielo.</p><p>Más allá de las anécdotas, la visita permitió que el público local tuviera un contacto directo con uno de los artistas más convocantes del momento, que esa misma tarde recibió el afecto de los espectadores al hacerse presente en el Cine Gran Sud.</p><p>El anfitrión</p><p>La reunión tuvo como escenario la residencia de Tito Fernández, una figura muy conocida en la historia del turismo local, ya que su empresa operó los cinco cines de la ciudad. Durante décadas fue uno de los principales impulsores de espectáculos y actividades recreativas en la villa balnearia.</p><p>Su nombre quedó asociado a una época de esplendor turístico de Necochea, cuando los grandes artistas nacionales visitaban la ciudad con frecuencia y los estrenos cinematográficos, los recitales y las actividades sociales formaban parte de la agenda habitual de cada verano.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CO31-fswDAWgMT7YMveUbpNvJZA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/donald.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En febrero de 1971, el popular cantante visitó la ciudad para acompañar el estreno de “En una playa junto al mar” en el Cine Gran Sud]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-07-05T02:10:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-05T01:11:00+00:00</published>
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            Cuando Necochea soñaba con ser la mejor playa de Sudamérica
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        <link rel="alternate" href="https://elecos.com.ar/cuando-necochea-sonaba-con-ser-la-mejor-playa-de-sudamerica" type="text/html" title="Cuando Necochea soñaba con ser la mejor playa de Sudamérica" />
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4nYbypSF6GuRp30njxfkJj9l2W0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_cuando_necochea_queria_ser_la_mejor_playa_de_sudamerica.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSÉ FLORESRedacción</p><p>A mediados de la década de 1920, Necochea era una ciudad joven que buscaba consolidar su identidad y proyectarse hacia el resto del país. El turismo comenzaba a perfilarse como una actividad estratégica y las instituciones locales trabajaban para difundir las bondades de la villa balnearia.</p><p>En 1927, el Centro Comercial e Industrial de Necochea hizo imprimir una gran cantidad de afiches y estampillas promocionales destinadas a atraer visitantes argentinos. Los materiales publicitarios presentaban a la playa de Necochea como “la mejor de Sudamérica”, una afirmación que reflejaba las aspiraciones de una comunidad convencida del potencial de su frente marítimo.</p><p>La ciudad había obtenido oficialmente esa categoría apenas 16 años antes, en 1911, gracias a un proyecto impulsado por el ex diputado bonaerense y ex intendente local Alfredo Butty. Para entonces, el crecimiento urbano y económico comenzaba a hacerse evidente.</p><p>En el libro publicado por Antonio F. Ignacio, fundador de Ecos Diarios, con motivo del cincuentenario de Necochea, se describía el largo camino recorrido para alcanzar ese reconocimiento institucional.</p><p>“Ha sido necesario el recorrer de varios años de empeñosas gestiones y de paciente espera, para lograr la atención de los poderosos poderes públicos de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires”, señalaba la obra.</p><p>A comienzos de la década de 1930, la ciudad contaba con una población estimada en unos 20.000 habitantes. Las publicaciones de la época destacaban la transformación de su paisaje urbano y el dinamismo de su actividad económica.</p><p>“El panorama urbano ha variado visiblemente en los últimos años. Necochea se ha modernizado. El movimiento cotidiano de Necochea es el característico de las ciudades laboriosas y tranquilas”, afirmaba uno de los cronistas.</p>Los grandes comercios<p>El desarrollo de Necochea estaba estrechamente ligado al crecimiento de sus comercios históricos. Entre las firmas más importantes figuraba Emilio Castaños y Compañía, una empresa cuyos orígenes se remontaban a 1894.</p><p>La casa comercial abarcaba almacén de ramos generales, ferretería, bazar y corralón de maderas. Funcionaba en un amplio edificio inaugurado en 1922 en la esquina de las actuales calles 58 y 65, entonces identificadas como A. I. Murga y González Chaves.</p><p>El propio Emilio Castaños había comenzado como empleado habilitado antes de convertirse en socio de la firma, una trayectoria empresarial destacada en aquellos años.</p><p>La empresa también representaba a General Motors Argentina y comercializaba automóviles y camiones a través de una agencia ubicada en Díaz Vélez y Belgrano, además de contar con un salón de exposiciones en Alsina y Balcarce. A ello sumaba la representación de Shell Mex Argentina y de J. I. Case Company, dedicada a la maquinaria agrícola. Además, actuaba como corresponsal del Banco Español del Río de la Plata.</p><p>Otro establecimiento emblemático fue Euskalduna, fundado en 1889 por Tomás Bilbao. Funcionó durante décadas en la esquina de Belgrano y Díaz Vélez, actuales calles 62 y 63, y desarrolló actividades vinculadas al almacén de ramos generales, corralón de maderas y acopio de frutos.</p><p>Entre sus representaciones figuraban marcas de relevancia nacional e internacional, vinculadas tanto al sector agrícola como al de combustibles.</p><p>También quedó en la memoria de los necochenses La Nueva Perla, propiedad de Martín Luengas, quien había sido socio de la firma fundadora Jaureguizar Hermanos y Compañía.</p><p>Ubicado en la esquina de las actuales calles 57 y 70, el comercio era considerado uno de los mejores de la región. Su particularidad radicaba en que reunía bajo un mismo techo los rubros de almacén y tienda, una modalidad poco habitual para la época.</p>La ciudad que se modernizaba<p>La expansión económica también se reflejaba en otros sectores comerciales e industriales.</p><p>En 1900 había sido fundada la Gran Zapatería Roma por la firma Terrani y Compañía. El local funcionaba sobre la entonces avenida Alsina, hoy avenida 59. Posteriormente pasó a denominarse Terrani y Noseda y, desde 1921, quedó bajo la dirección de Eduardo Noseda.</p><p>Además de calzado de primeras marcas, ofrecía artículos para fútbol, tenis, playa y otros deportes, productos de goma, valijas y un taller de reparación. También aplicaba tratamientos para los pies según el método desarrollado por el especialista estadounidense William M. Scholl. Con el tiempo abrió una sucursal llamada La Ideal sobre la calle Belgrano.</p><p>Por aquellos años también funcionaba una importante fábrica de bebidas gaseosas perteneciente a Riganti y Fernández, empresa que anteriormente había sido propiedad de Antonio Gatto y Compañía.</p><p>En sus instalaciones se elaboraban soda, naranjada y otras bebidas sin alcohol. Además, la firma era concesionaria de la cerveza Quilmes y distribuía anualmente más de 25.000 docenas de botellas en hoteles, bares, almacenes y domicilios particulares del distrito.</p><p>La producción industrial local se completaba con la fábrica de hielo de Kristian F. Bork, considerada por las publicaciones de la época como uno de los establecimientos más modernos del país en su rubro.</p><p>La planta contaba con cámaras frigoríficas destinadas al enfriamiento de leche pasteurizada y a la conservación de manteca y otros productos lácteos. Su actividad estaba vinculada además a la fábrica Las Grutas, dedicada a la elaboración de quesos, manteca, caseína y a la pasteurización de leche, emprendimiento que Bork desarrollaba junto a Zabala.</p><p>Aquella Necochea de poco más de 20.000 habitantes todavía estaba lejos de alcanzar las dimensiones actuales, pero ya exhibía muchos de los rasgos que marcarían su desarrollo durante el siglo XX: el empuje comercial, la actividad industrial, la producción agropecuaria y una fuerte apuesta al turismo en Necochea. Una ciudad joven que comenzaba a construir su futuro mientras promocionaba sus playas con la ambición de convertirse en uno de los grandes destinos turísticos del país.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4nYbypSF6GuRp30njxfkJj9l2W0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_cuando_necochea_queria_ser_la_mejor_playa_de_sudamerica.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace 99 años el Centro Comercial e Industrial de Necochea hizo imprimir una gran cantidad de afiches y estampillas promocionales destinadas a atraer visitantes de todo el país]]>
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                                <updated>2026-06-28T03:30:06+00:00</updated>
                <published>2026-06-28T01:55:00+00:00</published>
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            Un libro olvidado sobre la convivencia en la Necochea primitiva
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Bg4qetSVWFdIAfVgoA1omun9uwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/los_vorogas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>Entre los numerosos testimonios que ayudan a reconstruir la historia de Necochea existe un pequeño libro prácticamente olvidado. Se trata de la recopilación de una conferencia que el periodista Samuel Moreno Ortiz pronunció en 1939 en el Ateneo Necochense, una institución cultural que tuvo una destacada influencia en la vida intelectual de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX.</p><p>Moreno Ortiz era por entonces una figura reconocida del periodismo local. Director del diario Necochea, uno de los periódicos pioneros de la ciudad, dedicó buena parte de su trabajo a rescatar episodios del pasado regional. En aquella conferencia abordó un tema que todavía hoy genera debates y nuevas interpretaciones: las relaciones entre los pueblos originarios y los primeros pobladores criollos que habitaron esta zona del sudeste bonaerense.</p><p>El Ateneo Necochense había sido creado algunos años antes por un grupo de vecinos vinculados a la actividad cultural y política local. Entre sus impulsores figuraban el escritor Eduardo Escobar, Gabriel Gelemur, Cipriano Reyes, el doctor Roberto D. Ramovechi, Carlos Bravo, Francisco Cortesano, Carlos C. Rolón, los hermanos Ignacio y el propio Moreno Ortiz. Según recordaba Escobar, el objetivo era constituir un centro cultural que promoviera las manifestaciones intelectuales y artísticas, contribuyendo al desarrollo de una ciudad que aspiraba a ocupar un lugar destacado entre las más progresistas de la provincia.</p><p>Cuando Moreno Ortiz expuso sus ideas, los acontecimientos de la denominada Conquista del Desierto todavía permanecían relativamente cercanos en la memoria colectiva. Muchos de los asistentes habían escuchado relatos transmitidos por sus padres o abuelos sobre los indígenas que recorrían la región antes de la consolidación del Estado nacional en la frontera sur bonaerense.</p><p>En su exposición, el periodista remontó los primeros contactos entre europeos e indígenas a fines del siglo XVI. Mencionó la expedición de Juan de Garay en 1582 y recordó las incursiones de Hernandarias de Saavedra hasta la desembocadura del río Quequén. También destacó la experiencia de los jesuitas en la Misión de la Virgen del Pilar, establecida en la actual Laguna de los Padres, donde durante un tiempo convivieron pacíficamente con numerosas familias indígenas.</p><p>Según la visión de Moreno Ortiz, el equilibrio comenzó a quebrarse durante las primeras décadas del siglo XIX, cuando el avance de la frontera militar generó conflictos cada vez más frecuentes. Citó los testimonios de Charles Darwin, quien durante su viaje por la región en 1832 observó el temor de las comunidades indígenas frente a las campañas impulsadas por el gobierno de Juan Manuel de Rosas.</p><p>Las interpretaciones actuales sobre aquel período son mucho más complejas que las que predominaban en la década de 1930. Hoy los historiadores coinciden en que la expansión territorial del Estado argentino estuvo acompañada por procesos de violencia, desplazamiento forzado y desestructuración de las comunidades originarias, cuyas consecuencias todavía forman parte de la discusión histórica y política del país.</p><p>Uno de los aspectos más interesantes del relato de Moreno Ortiz se refiere a los vínculos que existieron entre los primeros pobladores de la región y los vorogas, un grupo indígena que habitaba amplios territorios vinculados a Salinas Grandes. El periodista sostenía que durante varios años las relaciones fueron predominantemente amistosas y estuvieron basadas en el intercambio comercial.</p><p>Los vorogas, explicaba, mantuvieron una organización propia hasta mediados de la década de 1830. La irrupción de Calfucurá y la reconfiguración de los liderazgos indígenas alteraron profundamente el escenario político de las pampas, modificando alianzas y generando nuevos conflictos que repercutieron en toda la región.</p><p>Aun así, numerosos grupos continuaron desarrollando actividades comerciales con los habitantes de la campaña bonaerense. Llegaban a los establecimientos rurales transportando sal, pieles, plumas, quillangos, tejidos y diversos objetos de uso cotidiano. A cambio obtenían animales, herramientas y otros productos necesarios para la subsistencia.</p><p>Moreno Ortiz describía aquellos intercambios como encuentros cordiales. Recordaba incluso una expresión que, según sus testimonios, era frecuente escuchar entre los comerciantes indígenas: “Dando, dando hermano”, una fórmula que simbolizaba el espíritu de reciprocidad que caracterizaba esas transacciones.</p><p>Con el paso de los años, sin embargo, la creciente disputa por el control del territorio fue erosionando esos vínculos. Los enfrentamientos se hicieron cada vez más frecuentes y terminaron desembocando en un proceso de guerra que transformó definitivamente la historia de las pampas.</p><p>Más allá de las interpretaciones que hoy puedan hacerse sobre algunos de sus conceptos, la conferencia de Samuel Moreno Ortiz conserva un valor documental singular. Constituye el testimonio de una época y refleja cómo los necochenses de las décadas posteriores a la Conquista del Desierto recordaban la presencia indígena en la región.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Bg4qetSVWFdIAfVgoA1omun9uwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/los_vorogas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mucho antes de la fundación de la ciudad, los habitantes de la tierra eran otros: los vorogas. En 1939, el periodista Samuel Moreno Ortiz los recordaba en una conferencia en el Ateneo Necochense]]>
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                                <updated>2026-06-21T03:15:08+00:00</updated>
                <published>2026-06-21T01:49:00+00:00</published>
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            Crónicas de la zona pintada
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J3fKJ_8Hg9I4vdRQ3JEZee9VQWU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_basquet.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>Si bien nunca fue tan popular como el fútbol, el básquetbol siempre tuvo muchos seguidores en nuestra ciudad. La práctica de este deporte en la ciudad se remonta a finales de la década de 1920 y principios de la del 30. En esa época un grupo de jóvenes fundó el Club Juventud.</p><p>La desaparecida entidad estaba integrada por Heidelberg Escandón, Raúl Borrelli, Norberto Rasmussen, Ernesto Albizuri, Aníbal P. De la Canal, Julio Mario y Héctor Castaños, Juan Carlos y Alfredo R. Lafforghe, Víctor E y Orlando N. de la Canal, Artemio H. Porcaro y Carlos E. Lowengard.</p><p>El club se fundó el 10 de mayo de 1931 y un año más tarde, en su primer aniversario, la entidad se dedicó "a la práctica del básquetbol y al fomento de la sociabilidad". Juventud inauguró su cancha el 11 de octubre de 1931 y fueron los padrinos del campo la señora Julia Elvira Palacio de Arrofo y el ex comisionado municipal José Pucciarelli. Ese día el equipo necochense enfrentó al Club Social Balcarce.</p><p>Con la creación del Club Olimpia, surgieron los clásicos duelos entre ambos equipos, disputados en una cancha a cielo abierto y con piso de ladrillo. Uno de los primeros equipos de Juventud estaba formado por Raúl A. Borrelli, Ricardo Yacomini (capitán), Arturo Sala y Heidelberg Escandón.</p><p>Aquella institución pionera también fue la primera en enfrentar a un representativo capitalino, el 26 de enero de 1932, con un histórico triunfo por 27 a 18. De acuerdo a crónicas de la época, en 1932 ya se jugaba un torneo local de básquet con un equipo balcarceño como invitado. Participaron el primer torneo equipos del Colegio Nacional, Olimpia, Huracán, Estudiantes, la Asociación Cristiana de Jóvenes y Club Social Balcarce.</p><p>Durante aquella década, otras entidades de la ciudad se sumaron a la práctica del básquet: Lawn Tenis, Rivadavia, Boca Juniors, Jandryp y Náutico. A raíz de ello, el 12 de abril de 1940 se formó la Federación Necochense de Básquetbol. Fueron Boca Juniors, Lawn Tenis y Juventud quienes impulsaron su creación.</p><p>Destacan nombres como Martitegui, Alfredo "Felo" Gómez, Larraburu, René Casenave, Nícora, Marti, Fernández, Juan A. Devizia…</p><p>Algunos de ellos integraron el legendario equipo de Olimpia, invicto durante tres años, que también daría al deporte los nombres de Adolfo García, Ger, Basilio Alvarez y Lalo Olivares. En aquellos años también jugaron Roberto Orofino, "El Zorro" Birgé y el siempre recordado Juan Carlos Luengas, jugador de Estudiantes de La Plata en 1945 y 1946.</p>Hacia la gloria<p>Desde hace años Bahía Blanca es considerada la capital del básquetbol argentino y un necochense se destacó en los años 60 en los competitivos equipos sureños: José Ignacio "Polo" De Lizaso emigró muy joven a Bahía para jugar en Olimpo.</p><p>Pero debieron pasar otras dos décadas para que el básquetbol necochense obtuviera uno de sus mayores logros: en 1980 el seleccionado juvenil que dirigía el uruguayo Juan Antonio Santos Alves se consagró subcampeón provincial. En aquel equipo jugaron los juveniles Juan Pedro Valdéz, los hermanos Barredo y Jorge Apreda.</p><p>Unos años más tarde, en 1985, llegó la nunca superada edad de oro del básquet local, cuando Rivadavia decidió participar en la Liga Nacional C. Aquel equipo dirigido por De Lizaso trajo a la ciudad al máximo anotador del básquetbol argentino de la época: el estadounidense Neal Cornelius Robinson.</p><p>Desde aquellos flacos muchachos que crearon un club para jugar al básquetbol a la época dorada en los 80 y el actual afianzamiento de la práctica del deporte, han pasado 95 años, pero la pasión por el aro, la bola y la zona pintada sigue siendo la misma.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J3fKJ_8Hg9I4vdRQ3JEZee9VQWU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuestra_historia_basquet.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En mayo de 1931 se fundó el primer club de básquetbol de la ciudad. En los 80 el deporte tuvo su época dorada, pero siempre se practicó con la misma intensidad]]>
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                                <updated>2026-06-13T20:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-06-13T20:39:35+00:00</published>
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            La personificación del primer periodista de la ciudad
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lr451pk_vLttb2O72AH8YUBUMTM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/galarreta.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Juan José Flores</p><p>Redacción</p><p>A casi 90 años de su desaparición física, el escribano Pablo Ruiz de Galarreta aún es recordado como pionero del periodismo necochense.</p><p>Aunque no se sabe a ciencia cierta quien ejerció por primera vez esa profesión en Necochea, se considera a Galarreta el primer periodista porque desde 1889 este español fue el director y redactor de El Baluarte, un periódico que aparecía dos veces a la semana y que era propiedad del político y empresario local Alberto Nazarre.</p><p>Estudioso incansable y observador profundo, Galarreta alternó el ejercicio de su profesión de escribano con una “empeñosa dedicación a las tareas intelectuales, que abarcó a simple título de esparcimiento espiritual, cultivando la literatura en prosa y en verso”, según un anuario publicado en 1938.</p><p>Su biblioteca, en la que se podían encontrar las obras de los grandes maestros de la literatura universal, constituía el pasatiempo favorito de este pionero del periodismo local.</p><p>Requerido para funciones de carácter público y societario, los cargos que desempeñó fueron todos honoríficos, tales como la presidencia del Consejo Escolar y la presidencia de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, entre otros.</p><p>También por vocación, actuó en el periodismo como colaborador del diario La Nación, de la prensa española en Buenos Aires y de los diarios locales.</p><p>Ya en los últimos años de su vida y a pesar de su avanzada edad y su quebrantada salud, presidió la Comisión del Cincuentenario de Necochea.</p><p>&nbsp;</p><p>La entrevista</p><p>El libro “Necochea, ciudad progresista y poética”, del escritor Eduardo Escobar, contiene una breve entrevista que el escritor le hizo a Galarreta.</p><p>El periódico fue fundado el 3 de febrero de 1889 y era propiedad del doctor Alberto Nazarre, un empresario y político que llegó a ser uno de los primeros intendentes de la ciudad.</p><p>Ortiz entrevistó a Galarreta en “su escritorio y rodeado de una hermosa biblioteca”.</p><p>Galarreta recuerda en la nota que llegó a la Argentina en mayo de 1888. “En Buenos Aires, al llegar, fui redactor de La Nación y en noviembre del mismo año fui traído a esta ciudad para dirigir El Baluarte”, señaló el pionero del periodismo local.</p><p>El Baluarte comenzó como periódico bisemanal y su administrador era Alejo D. Ferreyra. La redacción, administración e imprenta del periódico se encontraba en el boulevard Alsina, en la casa de Amadeo Muñoz.</p><p>“Antes de llegar a la Argentina fui redactor de varios diarios de la península y siempre estuve en contacto con los intelectuales de la época, que en aquel entonces florecían en España”, recordaba Galarreta. “Tuve relación con los principales hombres de letras y frecuentábamos nuestras peñas con verdadero idealismo”.</p><p>“Pude quedarme en Buenos Aires entre el personal de La Nación, que dirigía Mitre, pero decidí venirme a esta ciudad para hacerme cargo de El Baluarte”, señalaba Galarreta. “Lo que tuve que luchar y los peligros que me rodearon para sostener esa publicación sólo los de aquella época lo saben”.</p><p>Escobar hace referencia en su libro a un atentado que sufrió Galarreta cuando ingresaba al Hotel Liverpool y además señala que al periodista le falta un brazo, pero no detalla si esto último es consecuencia del ataque.</p><p>De acuerdo al relato, ambos hombres prefieren hablar de los libros de la biblioteca de Galarreta. “Siempre me ha gustado la buena lectura”, señalaba el periodista.</p><p>&nbsp;</p><p>El Baluarte, un pionero</p><p>El periodismo en Necochea nació con El Baluarte, el 3 de febrero de 1889, según Escobar. En aquellos años también se publicaron El Necochense, El Combate, El Quequén y La Voz del Desierto.</p><p>“En Necochea ha habido grandes periodistas. Empecemos por el director del primer periódico, El Baluarte, don Pablo Ruiz de Galarreta y sigamos con el director de El Nacional, Samuel R. Ignacio; el director de El Pueblo, Oscar Gold, y el director de Tribuna Libre, Aurelio Cotta”, precisó.</p><p>Según el Diario de los 120 años de Necochea, publicado por Ecos Diarios en 2001, “El Baluarte inició la rica trayectoria del periodismo necochense, enmarcado dentro de la llamada prensa decimonónica, que se puede calificar de política”.</p><p>“La primera edición fue la del 3 de febrero de 1889 y la última a la que se ha tenido acceso, la del 26 de abril de 1891. Referencias documentales recientemente halladas prueban que se editó al menos hasta junio de 1894”, señala la misma fuente.</p><p>El 23 de agosto de 1889 fue asesinado en la vía pública Eustaquio Rabanera, uno de los redactores del periódico como consecuencia directa del enfrentamiento político entre los vidalistas y los nazarristas, estos últimos seguidores de Nazarre, propietario del periódico.</p><p>A pesar de este incidente, la publicación continuó con su tendencia política hasta su desaparición.</p><p>En cuanto a Galarreta, falleció casi cuarenta años después, el 19 de julio de 1936. Hoy es la personificación del primer periodista de la ciudad.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lr451pk_vLttb2O72AH8YUBUMTM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/06/galarreta.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Pablo Ruiz de Galarreta fue el director y redactor de El Baluarte, publicado desde febrero de 1889, por ello es considerado uno de los pioneros del periodismo local]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-06-06T21:57:18+00:00</updated>
                <published>2026-06-06T21:57:20+00:00</published>
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            El pago propio
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l-AjGzyjsQj7ks70aYboAm_yT0M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alberto_nazarre.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Juan José Flores</p><p>Redacción</p><p>La Villa de la Salud nunca existió, aunque existen planos de la misma y en algunos mapas de la región se confunde su ubicación con Estación Lumb. Un mapa rural de 1966 del distrito de Necochea ubica a Estación Lumb en el lugar donde debió estar la legendaria Villa de la Salud. ¿Pero de dónde surgió esta fantasmal localidad? A principios del siglo pasado, el dueño de esas tierras, ubicadas en el límite con el actual partido de San Cayetano, decidió crear una población.</p><p>El doctor Alberto Nazarre subdividió las tierras de la estancia La Susana con el objetivo de crear la villa, ubicada a varios centenares de metros de la estación, pero dentro del partido de Necochea. Nazarre fue el propietario del primer periódico de Necochea: El Baluarte. Según una investigación histórica realizada por Ana Carolina Alonso y Florencia Inés Colatriano, dicho periódico era bisemanal en su primera época y semanal en la segunda. Apareció en febrero de 1889 y no se tiene conocimiento de ejemplares posteriores al 19 de abril de 1891.</p><p>Según las investigadoras, el periódico se constituyó como la voz de una de las facciones políticas de la ciudad, reflejando sucesos locales, provinciales y nacionales bajo criterios facciosos y partidarios propios de la prensa decimonónica.</p><p>En aquella época, Alberto Nazarre y Adolfo Vidal se disputaban el poder político en Necochea, dividiendo a la sociedad entre vidalistas y nazarristas. Ambos protagonizaron una etapa de violencia extrema que provocó inestabilidad política. Pertenecían al Comité pacista de Necochea, "club" de Julio A. Costa. En 1890 se produjo la llamada Revolución de Necochea, un intento de Vidal de tomar el poder, pero el intendente Nazarre se mantuvo firme y Vidal fue preso.</p>Junto a Lumb<p>La Estación Lumb fue inaugurada en 1908, entre las estaciones de Tandil y Defferrari. Tomó su nombre del empresario inglés Edward Lumb, uno de los fundadores del Ferrocarril Sud. Al habilitarse la estación, se instalaron en sus cercanías pobladores relacionados con tareas agrícola-ganaderas.</p><p>Desde la década del '40, la localidad contó con una calera de Enrique Guillamón. El 13 de febrero de 1947, el gobierno de Juan Domingo Perón compró los ferrocarriles ingleses, un acto descrito como un paso hacia la soberanía, aunque en realidad fue una negociación por la deuda que Gran Bretaña no podía pagar al país.</p><p>El 4 de noviembre de 1958 se formó el partido de San Cayetano con tierras de Tres Arroyos, Gonzales Chaves y Necochea. Estación Lumb, que pertenecía a Necochea, quedó entonces dividida. En la actualidad es poco lo que queda de Lumb, es un pueblo fantasma. Del sueño de Alberto Nazarre, la Villa de la Salud, solo quedan los planos; aunque se vendieron lotes, nunca se levantó una casa.</p><p>En 1966, por error, se ubicó a Lumb en el mapa rural de 1966 en el lugar de la villa proyectada. Esta situación de proyectos no concretados es común en la región: la ciudad de Quequén, tal como fue proyectada a fines del siglo XIX, nunca se construyó.///</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l-AjGzyjsQj7ks70aYboAm_yT0M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alberto_nazarre.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Alberto Nazarre, primer intendente de Necochea, quería tener su propio pueblo y proyectó fundar la Villa de la Salud+3]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-30T19:42:47+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T19:42:41+00:00</published>
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            Una odisea a campo traviesa hace 278 años
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RBpFz7zahuwZCyfiB-udrn00R28=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/jose_cardiel.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>En unos días se cumplirán 278 años del paso por estas tierras del sacerdote José Cardiel. El 25 de mayo de 1748, de regreso de su frustrada expedición para evangelizar indios en la zona, el sacerdote jesuita ofreció una misa de acción de gracias en Punta Negra.</p><p>Un día después, cruzó el río que poco antes había denominado San José, pero que hoy conocemos como Quequén.</p><p>Cardiel no sólo fue un anegado evangelizador, también fue el primer cartógrafo de la región. Su diario de expedición es el primer registro escrito sobre el paso de un hombre blanco por lo que un siglo más tarde sería el Partido de Necochea.</p><p>Cardiel había llegado a la zona en 1746, junto a los misioneros jesuitas Tomás Faulkner, Matías Strobel, Gerónimo Rejón y Manuel Querini. Habían sido enviados a evangelizar por la Corona española.</p><p>Se asentaron a orillas de la Laguna de las Cabrillas, hoy denominada Laguna de los Padres, en recuerdo de aquellos arriesgados misioneros. Juntos crearon la Misión de Nuestra Señora del Pilar del Volcán (de Vulcan, abertura entre dos cerros). La misión recibió constantes ataques de tribus pampas lideradas por el cacique Cangapol.</p><p>Pero, según escribió Cardiel en uno de sus informes, allí también había unos 300 indios que "mostraron gusto de que formáramos pueblo, aunque algunos se mostraban adverso a la cristiandad".</p><p>El jesuita llevaba entre sus pertenencias una estampa de Nuestra Señora del Pilar, de allí el nombre de la reducción.</p><p>Luego de la fundación de la reducción del Pilar, Cardiel no permaneció mucho tiempo sin salir a cumplir con su misión evangelizadora. Así partió en la expedición por la que aún hoy se lo recuerda en nuestra ciudad.</p><p>La misión</p><p>El 6 de mayo de 1748 partió en la arriesgada misión acompañado por un grupo de indios que le servían de portadores. Una semana después bordearon el Río Quequén Chico y cruzaron el Quequén Grande por el lugar conocido como Paso de Otero (cercano a La Dulce). Allí se detuvieron a descansar y concretaron la primera misa el 13 de mayo.</p><p>Al día siguiente llegaron al lugar que los indios conocían como el País del Diablo. Pero allí Cardiel fue abandonado por el baqueano y el lenguaraz, por lo que inició el regreso por la playa.</p><p>Fue así que el 25 de mayo de 1748, Cardiel celebró un misa en Punta Negra y al día siguiente llegó hasta la orilla del río que había nombrado San José y lo cruzó a pie, rumbo la reducción del pilar.</p><p>En aquellos años, la desembocadura del Río Quequén podía cruzarse a pie.</p><p>No era raro que así fuera. Un siglo y medio después, cuando Quequén y Necochea eran pequeñas aldeas y se soñaba con un puerto, los pequeños barcos de la época debían ingresar al río tirados por caballos, ya que de lo contrario quedaban varados en los bancos de arena que se formaban en la desembocadura. Por esa razón en el siglo XX se decidió construir la escollera, para proteger la boca del río y evitar el depósito de arena.</p><p>El cronista</p><p>Cardiel fue el primero en dejar un registro escrito de sus viajes por la región y el primero en darle un nombre español a los parajes de los futuros partidos de Lobería y Necochea. De su deambular por el territorio de lo que luego sería la provincia de Buenos Aires, dejó 10 mapas que se convirtieron en una de las mejores cartografías coloniales del territorio bonaerense.</p><p>También dejó escritos relacionados con observaciones científicas y describió por primera vez las costumbres de los aborígenes que vivían en la pampa.</p><p>En su regreso de su frustrada expedición de 1748, Cardiel atravesó lo que luego serían los partidos de Lobería, Miramar y Mar del Plata. Después siguió por Mar Chiquita, Villa Gesell y Pinamar.</p><p>El 6 de junio, un mes después de la partida, llegó a la reducción de la Concepción, ubicada a unos kilómetros de la actual localidad de San Clemente.</p><p>En la actualidad, Cardiel es considerado uno de los mejores cronistas de las misiones jesuíticas en la Argentina. Sus escritos resultan esenciales para conocer la historia de la obra de la Compañía de Jesús en nuestro país y Paraguay.</p><p>Si bien su rostro es desconocido, en nuestra ciudad se levanta un monumento que lo recuerda, a orillas del Río Quequén, el mismo que él llamó San José hace 278 años. En 1941 ya nuestra ciudad había reconocido su tarea al denominar con su nombre el tramo urbano de la ruta 86.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RBpFz7zahuwZCyfiB-udrn00R28=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/jose_cardiel.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 25 de mayo de 1748 el misionero José Cardiel cruzó a pie la región con el objetivo de difundir el mensaje de Cristo. Fue quien primero cartografió el río Quequén]]>
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                                <updated>2026-05-24T04:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-05-24T01:46:00+00:00</published>
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            La Escuela 10 y Lola Rom
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JqjuHkkPSoAB4-8wTC9va8NHVsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/escuela_n_10.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>&nbsp;</p><p>El próximo 25 de mayo se cumplirán 69 años desde que la Escuela N° 10 recibió su nombre: Dolores L. Rom, en homenaje a la docente que, según la historia local, fue la primera maestra de Necochea.</p><p>El sábado 25 de mayo de 1957, por resolución de la Dirección Provincial de Escuelas, el establecimiento pasó a llamarse oficialmente “Dolores L. Rom”, en reconocimiento a una mujer que fue un símbolo de la vocación docente en los primeros años de la ciudad.</p><p>La historia de la Escuela Nº 10 se remonta a comienzos del siglo XX y está profundamente ligada al crecimiento de Necochea. Según relató el historiador Egisto Ratti, la institución comenzó a funcionar en una chacra ubicada en el paraje La Soledad, propiedad de la familia Dieterichs. Allí, en una habitación cedida por los chacareros, abrió sus puertas la escuela rural, cuya primera directora fue María Magdalena Rodríguez.</p>Lola Rom<p>Con el paso de los años, la escuela fue trasladándose a distintos puntos del distrito. En 1910 pasó a funcionar en la chacra 44 de Ricardo N. Pina y, una década más tarde, se instaló en la zona de las actuales calles 57 y 84, en una propiedad de Santa B. de Mansi, ya dentro del área urbana. Finalmente, en 1950 logró contar con su edificio propio en avenida 59 Nº 3953, donde continúa funcionando hasta hoy.</p><p>Ratti destacaba que por las aulas de la Escuela Nº 10 pasaron numerosos docentes que “prestigiaron y prestigian a la docencia de nuestra ciudad”, aunque señalaba que el homenaje a Dolores Rom representó un reconocimiento especial de Necochea hacia una de sus figuras más queridas.</p><p>Escuela centenaria</p><p>Décadas después, durante los actos por el centenario de la escuela realizados en agosto de 2005, la comunidad volvió a evocar tanto los orígenes del establecimiento como la figura de Lola Rom. En aquella ceremonia participaron autoridades municipales, docentes, ex alumnos y vecinos, en una jornada cargada de emoción.</p><p>La entonces directora del establecimiento, Graciela Caldera, recordó que la escuela nació en “una habitación prestada” cuando la ciudad “recién comenzaba a andar”, y destacó el compromiso de generaciones enteras de docentes con la educación pública. En uno de los momentos más emotivos del acto, definió a la historia de la institución como “una hermosa trama de afecto, respeto por la comunidad, dedicación y amor por la tarea de enseñar”.</p><p>“Yo imagino esa trama formando un poncho que nos abriga”, expresó Caldera ante un auditorio emocionado, compuesto por antiguas maestras, ex alumnos y familias vinculadas históricamente a la institución.</p><p>Durante aquella celebración también se rindió homenaje a Dolores Lucila Rom. El entonces director del Archivo Histórico del Museo Regional, Alejandro Andersen, sostuvo que la Escuela Nº 10 “terminó de construir su identidad” cuando recibió el nombre de la maestra en 1957.</p><p>“Lola Rom representó y representa el espíritu pujante, transformador y desinteresado de las personas que construyeron nuestra querida Necochea”, afirmó Andersen, quien además recordó que la docente “dejó toda su vida en la docencia y nunca se alejó ni se olvidó de la que era su Necochea”.</p><p>En ese acto se dio lectura a una carta manuscrita enviada por Dolores Rom en enero de 1932, pocos meses después de haber visitado la ciudad durante los festejos del cincuentenario de Necochea. Aquella visita sería la última de la maestra a la ciudad donde dejó una huella imborrable.</p><p>En tanto, la Escuela 10 va rumbo a cumplir, el próximo 26 de agosto, 121 años.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JqjuHkkPSoAB4-8wTC9va8NHVsY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/escuela_n_10.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En mayo de 1957, se le impuso a ese establecimiento escolar el nombre de la mujer a quien la historia considera la primera maestra de la ciudad]]>
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                                                <category term="19" label="Nuestra Historia" />
                                <updated>2026-05-17T03:25:12+00:00</updated>
                <published>2026-05-17T01:51:00+00:00</published>
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            Una donación que encendió la mecha de la solidaridad
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uPBY3nyFXjbbOVVRP_l0ptrpsK4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/hospital_irurzun.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>JUAN JOSE FLORES</p><p>Redacción</p><p>&nbsp;</p><p>El próximo viernes 22, se conmemoran los 99 años del fallecimiento de José Irurzun, cuyo nombre quedó eternamente vinculado al hospital municipal de Quequén.</p><p>La historia de las instituciones públicas del sudeste bonaerense, se encuentra intrínsecamente ligada a la figura del "vecino benefactor". Este fenómeno, característico de finales del siglo XIX y principios del XX, permitió que comunidades en crecimiento acelerado, pero con infraestructuras estatales rezagadas, accedieran a servicios básicos como la educación y la salud.</p><p>En este contexto, la figura de José Irurzun se erige no sólo como un donante de recursos financieros, sino como el visionario que comprendió la necesidad de autonomía sanitaria para la localidad de Quequén.</p><p>Antes de morir, el 22 de mayo de 1927, Irurzun donó 50.000 pesos para la construcción de un hospital en Quequén y otros 50.000 para su mantenimiento.</p><p>Pero si bien en la actualidad es visto como quien hizo posible la fundación del hospital, en realidad Irurzun fue quien encendió la mecha de la pasión de un grupo de vecinos que a lo largo de los años aportaron dinero y esfuerzo para hacer posible el sueño de toda una comunidad.</p><p>Tan importante como el testamento de Irurzun, fue la donación realizada por José María Loidi, quien dispuso del terreno sobre la calle 541 para la construcción del nosocomio. Pero también el trabajo y el esfuerzo de los miembros de la Unidad Vecinal de Fomento de Quequén, de un grupo de médicos, de algunos políticos y de otros destacados personajes de la época.</p><p>&nbsp;</p><p>Una necesidad</p><p>Desde hacía años vecinos de Quequén soñaban con la habilitación de un centro de salud en la localidad. A principios del siglo XX, el Hospital Díaz Vélez hacía lo imposible por prestar servicio a los quequenenses, pero no era suficiente.</p><p>Por ese motivo, la Unión Vecinal de Fomento de Quequén buscó la manera de aliviar el excesivo flujo de pacientes que concurrían desde la vecina localidad al hospital ubicado en la avenida 42.</p><p>A principios de 1933 se habilitó un ala de primeros auxilios que funcionaba de manera gratuita para la población, sostenida con la contribución privada de los médicos, generosos vecinos y con el apoyo de la Unión Vecinal de Fomento.</p><p>La atención estaba a cargo de médicos que atendían gratis las consultas. Entre aquellos abnegados profesionales, se encontraban Carlos Acuña, Roberto Ramovecchi, Horacio Ayrolo, José Brun y Juan B. Flores, entre otros.</p><p>El servicio era eficaz y cada día aumentaba el número de personas que se acercaban para recibir asistencia.</p><p>Pero, con el tiempo la sala fue desbordada por las exigencias de una población en constante crecimiento.</p><p>No transcurrió demasiado tiempo cuando la pequeña sala ya había atendido a 6.000 personas y la construcción de un hospital se hizo evidente.</p><p>&nbsp;</p><p>Esfuerzo comunitario</p><p>Si bien desde la década del 20 la población de Quequén ya trabajaba por tener su propio hospital e Irurzun era un símbolo de esa lucha, fue a partir de mediados del 30 que la Unión Vecinal, los políticos y la gente se organizaron para concretar la creación del nosocomio.</p><p>La donación de Irurzun y varios proyectos presentados por el diputado nacional Carlos Alberto Pueyrredón, dieron impulso al proyecto.</p><p>En una carta dirigida al presidente de la Unión Vecinal, Hipólito Sarasíbar, el diputado le informaba que había conseguido la inclusión en el presupuesto nacional del año 1933 de una partida de 20.000 pesos para aquella otra y otra suma similar para 1934.</p><p>En tanto, los vecinos reunieron otros 40.000 pesos. De esa forma, ya se contaba con 180.000 pesos para comenzar. Mientras que el vecino José María Loidi donó los terrenos donde sería construido el edificio.</p><p>Sarasíbar, presidente de la entidad fomentista, donó una manzana para que se construyera una fábrica de ladrillos que serían destinados a la obra. Se estimaba que se necesitaría un millón de ladrillos para poder levantar el edificio.</p><p>Por su parte, Manuel del Río se comprometió a colaborar con la arena que fuera necesaria y otro vecino de apellido Bosisio puso a disposición los camiones para transportar los materiales.</p><p>El 19 de octubre de 1935 el diputado Pueyrredón llegó a Estación Quequén junto al intendente de Lobería, Manuel Raggio, y el ingeniero Juan José Mosca, de la Dirección de Arquitectura de la Nación, quien se haría cargo de la construcción de la obra.</p><p>En la estación los esperaba una importante cantidad de público, además de autoridades nacionales, provinciales y municipales.</p><p>La delegación partió en una caravana de vehículos hacia el lugar donde iba a construirse el hospital, en la actual calle 541. Allí se realizaron pruebas de terreno para probar la calidad y solidez del suelo.</p><p>La obra comprendería un edificio de grandes proporciones y varios cuerpos, según los planos.</p><p>&nbsp;</p><p>El primer director</p><p>El 29 de mayo de 1945, por iniciativa de la Dirección de Salud Pública, el Ministerio del Interior dio curso al decreto que designaba al doctor José Brun como director del nuevo hospital.</p><p>Luego de recibir instrucciones de la Dirección de Salud Pública, Brun regresó a Necochea y se hizo cargo del hospital.</p><p>Su tarea inmediata consistió en realizar los preparativos para colocar al nuevo hospital en funcionamiento.</p><p>El nombramiento fue recibido con alegría por la población de Quequén y Necochea, ya que Brun era un profesional de reconocida honorabilidad y que había desarrollado su trabajo con probada vocación de servicio, en muchas oportunidades en forma gratuita y solventando los gastos de su propio bolsillo.</p><p>&nbsp;</p><p>La inauguración</p><p>La esperada inauguración del hospital de Quequén se realizó el 10 de febrero de 1947. La ceremonia fue presidida por el gobernador de la Provincia, Domingo Mercante, y por el secretario de Salud Pública, Ramón Castillo.</p><p>También estuvieron presentes el presidente de la Cámara de Diputados, Roberto Cursak, el diputado Bressa y otros altos funcionarios.</p><p>El emotivo acto comenzó a las 10.45, con la bendición del edificio. Luego se entonaron las estrofas del Himno Nacional y luego hizo uso de la palabra el doctor Castillo.</p><p>En su discurso hizo una breve referencia a la construcción del hospital, mencionó la generosidad del autor ideario y primer benefactor, José Irurzun, y elogió su honorable personalidad.</p><p>También se refirió a la familia Loidi, a la acción del diputado Pueyrredón y a todas las personas que contribuyeron para llevar adelante la importante obra.</p><p>El hospital fue el sueño de todo un pueblo representado por don José Irurzun.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uPBY3nyFXjbbOVVRP_l0ptrpsK4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/05/hospital_irurzun.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace 99 años, antes de su fallecimiento, José Irurzun dejó en su testamento dinero para la construcción del hospital que hoy lleva su nombre. Así puso en marcha el abnegado esfuerzo de un grupo de vecinos]]>
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                                <updated>2026-05-10T04:20:12+00:00</updated>
                <published>2026-05-10T04:19:14+00:00</published>
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