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    <title>Ecos Diarios</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Necochea.</subtitle>
    <updated>2021-04-18T00:07:30+00:00</updated>
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            Con las maletas llenas de arte e ilusiones
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TtC5te1fH_dQVrLHTMm-Vy0owxE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/04/Personajes-1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Claudio Wilson y Bárbara Rodríguez quedaron varados en México en 2020, cuando las fronteras de los países se cerraron por el avance de la primera ola del Covid-19.
<p>&nbsp;</p>
<p>En marzo de 2020 Claudio Wilson y Bárbara Rodríguez se encontraban en la etapa final de una gira por Latinoamérica que los había llevado por Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Guatemala y México.</p>
<p>Mientras desde Asia el Covid-19 comenzaba a expandirse rápidamente hacia otros continentes, Claudio y Bárbara se preparaban para regresar hacia Argentina por tierra, atravesando toda Centroamérica.</p>
<p>Pero de pronto las fronteras de México se cerraron y los vuelos hacia Argentina quedaron suspendidos. La pareja de artistas pensó en viajar a Estados Unidos para de allí tomar un vuelo hacia nuestro país, pero no pudieron hacerlo. Tampoco pudieron lograr cruzar la frontera hacia Bélice o Guatemala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muevemundos de gira</p>
<p>Claudio y Bárbara son pareja desde hace 10 años y ambos son egresados de la Escuela de Artes A orillas del Quequén.</p>
<p>Cinco años atrás, en 2016, crearon la compañía “Muevemundos” y surgió la idea de realizar una gira. Con dos obras teatrales, una de creación propia y otra escrita por Alberto Santilli, una mochila, una valija con instrumentos musicales y algunas otras pocas pertenencias, Bárbara y Claudio partieron hacia la aventura.</p>
<p>Sus escenarios fueron la calle, escuelas, centros culturales, teatros o incluso la selva, donde sus espectadores fueron niños y adultos de los pueblos originarios. Así viajaron por Chile, Bolivia y Perú. Después siguieron a través de Ecuador y Colombia.</p>
<p>Obras de teatro, música y talleres de expresión corporal abrieron a Bárbara y Claudio un camino de crecimiento y grandes experiencias. Cuando partieron de Necochea él tenía 28 años y ella 26.</p>
<p>No habían realizado grandes viajes ni tenían mucha experiencia en espectáculos itinerantes. Pero fueron bien recibidos allí donde fueron y una red de artistas les abrió la puerta para poder ofrecer sus espectáculos pueblos, ciudades, grandes capitales, escuelas rurales y festivales internacionales.</p>
<p>Tras cuatro años de gira, en marzo de 2020, Claudio y Bárbara se proponían pegar la vuelta por tierra. Habían viajado miles de kilómetros en ómnibus, a dedo, caminando y en avión.</p>
<p>La idea era regresar por tierra a través de Centroamérica para llevar su teatro y su música, pero entonces comenzó la pandemia y quedaron varados en México.</p>
<p>Las primeras semanas subsistieron con el dinero que habían logrado recaudar en la gira, pero luego la preocupación fue reunir dinero para poder pagar un vuelo hacia la Argentina.</p>
<p>Si bien se comunicaron con el país y pidieron ayuda para regresar, no recibieron ninguna respuesta y fue gracias a amigos e instituciones que pudieron comenzar a recaudar fondos para pagar el viaje.</p>
<p>“Si bien no llegamos al objetivo de la recaudación, logramos visibilizar por las redes parte del trabajo artístico por Latinoamérica, además, nos mostró la red artística con la que contamos”, dijo Claudio. “Fue muy bonito sentir como muchísima gente de diferentes países se acercaba a nosotros para preguntarnos de que manera podían ayudarnos, incluso aquellos que también estaban pasando por un momento de vulnerabilidad”.</p>
<p>“Por suerte en noviembre del año pasado se comenzó a abrir un poco y pudimos volver a trabajar”, explicó.</p>
<p>Así fue como a principios de este año Claudio y Bárbara pudieron regresar al país. “Los recuerdos, las anécdotas y las sonrisas las traemos dentro de nuestro corazón, como también la sabiduría ancestral latinoamericana, sus rituales, sus cantos, sus poesías y sus lenguas”, señalaron.</p>
<p>Si bien, “Necochea siempre fue dura para habitarla, y más siendo artista”, Claudio comentó que este año piensan quedarse en la ciudad. “Vamos a enfocarnos en producir y seguir alimentando lo que ya traemos en repertorio mas todo lo nuevo que ha ido saliendo, tanto lo musical como teatral”, señaló.</p>
<p>Presentarán un disco que grabaron en Ciudad de México, mientras ensayan nuevas obras de teatro y quieren transmitir todo el conocimiento adquirido a través de talleres y seminarios. “Venimos con propuestas nuevas como el Teatro Espontaneo, donde los actores y músicos improvisan corporalmente historias que el público cuenta. Una experiencia transformadora no solo para el que lo personifica, sino también para quien lo ve”, concluyó.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TtC5te1fH_dQVrLHTMm-Vy0owxE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/04/Personajes-1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Claudio Wilson y Bárbara Rodríguez quedaron varados en México en 2020, cuando las fronteras de los países se cerraron por el avance de la primera ola...]]>
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                <updated>2021-04-18T00:07:30+00:00</updated>
                <published>2021-04-18T00:07:30+00:00</published>
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            Un actor con el corazón en Energía
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                <![CDATA[Ecos Diarios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5ucMau1CmLtrDJYJGhuiF3GE2zA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/01/personajes-1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Sus bisabuelos fundaron el restaurante San Antonio en ese paraje en 1948. José Escobar vino a vivir a Necochea a los 11 años para estudiar, luego se trasladó a Mar del Plata y finalmente a Capital, donde comenzó a hacer teatro
<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>José Escobar es diseñador gráfico y fotógrafo, pero su vocación más profunda es el teatro. Días atrás volvió a escena con la séptima temporada de la obra “El amor es un bien (presencial)”, en el Metropolitan Sura, de la Capital Federal.</p>
<p>Su historia de vida comenzó hace 48 años en el paraje Energía, a 50 kilómetros de Necochea. Sus bisabuelos fueron los fundadores de un comercio tradicional del lugar, el restaurante San Antonio.</p>
<p>“Energía es mi cable a tierra. Cuando la Capital me absorbe, me escapo a Energía. Ahí está la casa de mi familia, el negocio. En marzo antes de la cuarentena me fui allí y me quedé casi 10 meses”, explicó José.</p>
<p>Luego de tantos meses de postergaciones, esta semana volvió a subir a escena con la obra que le ha permitido incluso ganar un premio Trinidad Guevara. “El amor es un bien (presencial), del dramaturgo y director Francisco Lumerman, está basada en la obra teatral Tío Vania, del autor ruso Chejov”, explicó Escobar.</p>
<p>Precisamente por su larga trayectoria en el teatro independiente, donde ya había ganado un premio por la obra “Sencilla”, es que Lumerman lo convocó hace varios años para trabajar en “El amor es un bien…”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un largo camino</p>
<p>“El arte siempre estuvo en mí”, explicó Escobar. De chico le gustaba dibujar y también cantar y actuar. Había montado un escenario sobre unos de cajones de bebidas y verduras que había detrás de su comercio.</p>
<p>“De Energía me fui con apenas 11 años a estudiar a Necochea, a la Escuela industrial, porque en el paraje no había secundario”, señaló.</p>
<p>El primer año lo pasó en una pensión. “Mirándolo desde aquí, fue terrible, porque era un niño. Viajaba casi todos los fines de semana a casa”, recordó.</p>
<p>“Al segundo año mis abuelos se fueron a vivir a Necochea. Viví con ellos en el barrio 9 de Julio hasta que terminé sexto año”, señaló.</p>
<p>Cuando terminó el secundario se fue a estudiar diseño a Mar del Plata. “Me gustaban mucho todas las ramas del arte: construir, diseñar, dibujar, escribir, pintar, esculpir. Así que hice dos carreras: diseño y fotografía”, precisó.</p>
<p>Luego José se fue a estudiar cine a Buenos Aires, pero terminó estudiando fotografía publicitaria.</p>
<p>Pero además, siempre estaba latente la idea de actuar, por eso se anotó en un taller que brindaba Thelma Biral.</p>
<p>“La primera clase sentí  que mi cuerpo estaba vivo y mi alma explotaba. Seguro que hice cualquier cosa, pero me sentí libre como aquel niño que estaba arriba de los cajones de frutas. Fueron hermosos esos años”, explicó.</p>
<p>“Cuando le conté, mi padre me dijo: es lo que tendrías que haber hecho desde el primer momento”, agregó.</p>
<p>Luego, estudió cinco años con Agustín Alezzo y más tarde con Julio Chávez. De allí al teatro independiente hubo un paso.</p>
<p>“La peleo mucho. Es muy difícil vivir del teatro y del independiente, más”, aseguró. “Yo además elijo que hacer. Nunca me gustó estar por estar en una obra. Elijo personajes que alimenten mi vida, mi pasión y me ayuden a crecer”.</p>
<p>Tras actuar en un importante número de obras de teatro independiente, participó hace muchos años de una película independiente filmada en Entre Ríos, mientras que en televisión realizó pequeñas apariciones en unitarios, entre ellos Doce Casas, que se emite por la TV Pública.</p>
<p>Por otra parte, en teatro también ha trabajado como asistente y en cine como director de arte en dos filmes.</p>
<p>Aunque la mayor continuidad artística la ha tenido con la obra “El amor es un bien”, que arrancó en 2015. “Desde el primer momento el público la adoptó. Y desde ahí no paró. Hubo viajes, premios y hermosos elogios de la prensa”, explicó José, que tiene 48 años y espera en 2021 poder concretar varios proyectos que se postergaron el año pasado: tres obras de teatro como actor y varias como escenógrafo.</p>
<p>“Todavía hay mucho que aprender. Mi vocación es el arte, desde el escenario, desde una imagen, desde una escenografía. La idea es llegar a los otros”, indicó.</p>
<p>“Me gustaría filmar cine y también tele. Quiero aprender un poco el ritmo y el lenguaje de los dos”, señaló el actor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Energía</p>
<p>“Mis bisabuelos tenían campo atrás de Energía”, recordó el actor José Escobar.</p>
<p>En 1948, ante el anuncio de que se iba a hacer una nueva ruta, la 228, comenzaron a construir un restaurante, que se llamó San Antonio.</p>
<p>De acuerdo a José, hay dos versiones sobre los motivos por el que le pusieron ese nombre. La primero porque había fallecido Antonio, uno de los hijos de su bisabuelo.</p>
<p>Según la segunda, le impusieron ese nombre al restaurante porque había nacido José Antonio Escobar, padre del actor. ///</p>
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                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5ucMau1CmLtrDJYJGhuiF3GE2zA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/01/personajes-1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Sus bisabuelos fundaron el restaurante San Antonio en ese paraje en 1948. José Escobar vino a vivir a Necochea a los 11 años para estudiar, luego se t...]]>
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                <updated>2021-01-24T01:46:01+00:00</updated>
                <published>2021-01-24T01:46:01+00:00</published>
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            Cante con el sentir del sur
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/skif_ctutN9CMFy4jSMOx-VdAkg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/01/personajes-2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Marcelo Grande ha vivido siempre en Quequén, pero su voz puede transportar a quien lo escucha a las tierras andaluzas
<p>&nbsp;</p>
<p>Volver a escuchar a un cantaor a 10.000 kilómetros de distancia de Andalucía puede ser una experiencia más que emotiva para alguien que ha dejado su tierra décadas atrás o que nunca ha podido regresar.</p>
<p>El flamenco es música, cante y baile, pero si bien es habitual ver grupos de danzas españolas en nuestro país, encontrar cantaores fuera de Andalucía, Extremadura o Murcia, no es tan simple.</p>
<p>Por ello, los pocos que hay aquí en la Argentina, donde donde hay una gran colectividad andaluza son muy apreciados.</p>
<p>Para Marcelo Grande eso ha significado por un lado, gratificante y por otro, una enorme responsabilidad, que se traduce en nerviosismo antes de cada presentación.</p>
<p>Este hombre de 53 años, que ha vivido siempre en Quequén, asegura que su vínculo con el flamenco es su madre.</p>
<p>Pero señaló que su relación con el cante “comenzó como un juego”.</p>
<p>“Tengo una prima que enseña danzas españolas y allí también daban clases de cajón y cante”, explicó Marcelo.</p>
<p>Fue allí donde realizó sus primeras incursiones en el flamenco, una música relacionada a su familia por la sangre andaluza de la rama materna.</p>
<p>Si bien Marcelo siempre le gustó la música en general y muestra de ello es que concurrió a la Escuela Provincial de Arte a tomar clases de folklore y tango, la sangre lo ha arrastrado hacia el flamenco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantar con la sangre</p>
<p>El flamenco es probablemente la representación artística más internacional de la cultura andaluza y fuera de las fronteras de España, donde las diferencias étnicas e históricas de la península ibérica no están tan claras, es también sinónimo de lo español.</p>
<p>El flamenco ha adquirido tal trascendencia que se ha convertido en un fenómeno global y fue considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2010.</p>
<p>Por ello también, más allá de las tradiciones, el flamenco sigue tan vivo y crece la demanda de todo lo vinculado al cante, la danza y el toque.</p>
<p>Entre las entidades andaluzas de todo el país, la mayoría tienen grupos de danzas, pero son pocas las que cuentan con un cantaor.</p>
<p>El Centro Andaluz de Necochea y Quequén es parte de ese selecto grupo de entidades y por ello ha convertido a Marcelo Grande en uno de sus abanderados.</p>
<p>Marcelo apareció en uno de los videos que recientemente la entidad realizó junto a la Sociedad Española y el Centro Asturiano.</p>
<p>En el video aparece junto Lorena Fernandez y Guillermina Copló en una escena denominada Herencia andaluza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8230;Y con el corazón</p>
<p>Marcelo trabaja en el campo, lo que le ha impedido seguir estudiando música, sin embargo también es consciente de que es casi imposible encontrar a alguien que le enseñe el sentir flamenco.</p>
<p>“No hay una escuela de arte flamenco, es un sentimiento que se transmite de una persona a otra”, afirmó.</p>
<p>Por ello asegura que “siempre tiene que estar de por medio el sentimiento”.</p>
<p>“Tenés que sentir lo que vas a cantar”, dijo el quequenense que sueña con algún día visitar Andalucía y conocer la tierra de su  madre.</p>
<p>“Me encantaría conocer más de la cultura andaluza y particularmente del cante callejero”, explicó Marcelo.</p>
<p>En su caso, la escuela fue prácticamente el escenario, ya que luego de comenzar a tomar clases de danza y cante, empezó a acompañar al grupo de danzas de su prima Mónica Moretti.</p>
<p>Esto no tardó en hacerlo conocido en el ámbito de los centros andaluces de la región.</p>
<p>Así fue como tampoco tardó en hacer algunas presentaciones con Víctor Pegoraro, el mejor guitarrista flamenco de Mar del Plata.</p>
<p>Con cada presentación Marcelo fue tomando confianza, aunque aseguró que nunca se pierde del todo la timidez.</p>
<p>Pero la respuesta de la gente es “muy gratificante”, afirmó. “Es muy lindo”.</p>
<p>Por ello este hombre de 51 años, que tiene un profundo sentimiento de pertenencia a la colectividad andaluza, desea seguir aprendiendo y mejorando como cantaor.</p>
<p>El 2020, el año en que todo se detuvo, le sirvió a Marcelo para crear nexos a través del Centro Andaluz con otros cantaores y con la cultura andaluza, con la posibilidad de continuar en ese camino pavimentado de sentimientos flamencos.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/skif_ctutN9CMFy4jSMOx-VdAkg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/01/personajes-2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Marcelo Grande ha vivido siempre en Quequén, pero su voz puede transportar a quien lo escucha a las tierras andaluzasVolver a escuchar a un cantaor a...]]>
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                <updated>2021-01-10T01:53:13+00:00</updated>
                <published>2021-01-10T01:53:13+00:00</published>
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            El eterno sueño de hacer rock’n roll
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4pvkzEHSENU2-SmbW0fezE9dgGc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/12/personajes-4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando recién entraba en la adolescencia se reveló y dejó de estudiar música porque no le enseñaban a tocar temas de los Beatles
<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Después de meses de cuarentena, los músicos comienzan a volver al escenario. Para Alejandro Verón, es como una bocanada de aire puro. Desde que era chico él quería ser rockero.</p>
<p>“Tenía inquietudes musicales desde muy chiquito. Nuestros padres nos llevaban a los bailes. Ahí escuché por primera vez a los Escarabajos, que hacían temas de los Beatles”, dijo este músico apasionado que dedicó gran parte de su vida a la docencia.</p>
<p>Pero no se dedicó a enseñar música. Fue profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. La música para él estaba en otro lado, no dentro de un aula. Él creció y vivió en Juan N. Fernández hasta los 23 años. Sus padres lo mandaron a estudiar con los profesores del Conservatorio Musical Buenos Aires, que viajaban al pueblo a dar clases.</p>
<p>Alejandro tuvo como profesor al destacado bandoneonista Orlando Dibelo.  “Estudié con él de los 10 hasta los 13, pero después dejé, porque yo quería tocar rock’n roll, temas de los Beatles”, explicó. No obstante, aquellas clases le permitieron aprender los conceptos básicos de armonía, teoría y solfeo.</p>
<p>La rebeldía rockera de la adolescencia coincidió con la aparición de un personaje que deslumbró a Alejandro. Conoció a un chico cuyo padre había sido miembro de una banda de proyección nacional en los años ‘60: Los In.</p>
<p>El bajista Freddy Meijboom se casó con una chica de Juan N. Fernández y se fue a vivir al pueblo. Alejandro no tardó en ser más amigo de Freddy que de su hijo.</p>
<p>Los In eran una banda que hacía rock en inglés y que tenía entre sus miembros a Francis Smith, el creador de Los Angeles de Smith. Freddy fue el bajista de aquella agrupación y también una gran influencia para Alejandro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lejos de la música</p>
<p>A los 20 años, Alejandro tenía bajo y guitarra y un grupo de adolescentes del pueblo le propuso integrar una banda.  Así nacieron Los Secuaces de Ramón Gorila, un grupo todavía vigente, pero ahora radicado en Tandil.</p>
<p>Sin embargo, Verón debió elegir entre la música y terminar sus estudios y a principios de los 90, cuando nació su primera hija, se radicó con su familia en Necochea.</p>
<p>Por más de dos décadas, la música pasó a un segundo plano. Alejandro se dedicó a la docencia, fue profesor de Geografía, Ciencias Sociales e Historia.</p>
<p>Se juntaba a tocar con amigos y con algunos músicos conocidos, pero la docencia estaba primero.</p>
<p>Eso fue así hasta que su segundo hijo, Brian, comenzó a estudiar batería. Entonces los dos comenzaron a tocar juntos y con Ezequiel, un guitarrista tan joven como talentoso, dieron forma a Black Soul, una banda todavía vigente.</p>
<p>Aquello fue el empujón que Alejandro necesitaba para volver a dedicarle cada vez más tiempo a la música. Con otros músicos, la mayoría de ellos muy jóvenes, tocó en bandas como La 5ª, formada por chicos de Quequén que hacían temas de Guns’n Roses.</p>
<p>Con Black Soul también surgieron varios temas propios, que sin embargo no fueron interpretados en conciertos del grupo. Alejandro sí los tocó con otras bandas como Marsupiales o Mercado Negro.</p>
<p>En 2012, cuando Brian se fue a estudiar, Black Soul pareció terminarse pero la sigue vivo y resurge cada vez que padre e hijo logran juntarse a tocar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volver a la esencia</p>
<p>Hace tres años, surgió Dr. Vinilo, una de las bandas locales más populares de los últimos tiempos.</p>
<p>Formada por Verón y Carlos Varosio, uno de los músicos de mayor trayectoria del rock local, la banda se dedica a realizar covers. Tiene como coristas a Flor y María Victoria Pinzone.</p>
<p>“Las bandas se han tenido que ir aggiornando”, explicó Alejandro, respecto a esta banda que no tiene baterista ni tecladista.</p>
<p>Hace poco volvieron al escenario, tras un largo impasse por la cuarentena. “La música me hace sentir vivo”, dijo Verón.</p>
<p>Alejandro tiene cuatro hijos y está jubilado. Por ello, explicó, “puedo dedicarle tiempo a la música”.</p>
<p>“Tocar con mi hijo es una gran satisfacción”, dijo Alejandro, que ahora puede disfrutar de la música como cuando en la adolescencia, en Juan N. Fernández, soñaba con tocar rock’n roll.///</p>
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                <updated>2020-12-27T01:23:22+00:00</updated>
                <published>2020-12-27T01:23:22+00:00</published>
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        <title>
            Un oficio que lo convirtió en maestro para toda la vida
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lud3YSy7RF7W0-wO1z3Wa7Nx2TM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/12/teodori.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Augusto Teodori dio clases de taller durante 42 años en la Escuela Industrial. También fue operador telefónico y aprendió de su padre a reparar máquinas de coser
<p>&nbsp;</p>
<p>Alejandra Fernández</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“En el colegio éramos muy fraternos, tanto alumnos como maestros. Con los chicos nos llevábamos de maravillas y si alguno se portaba mal la penitencia era ponerlo a barrer el taller un ratito”, evocó Augusto Teodori, que se desempeñó durante 42 años como maestro de Máquinas y herramientas en la Escuela Industrial.</p>
<p>Evocar su paso por el establecimiento lo llena de orgullo y emoción porque tuvo el privilegio de ser uno de los que trabajó en la construcción del nuevo edificio de calle 46 y Jesuita Cardiel.</p>
<p>Además de la docencia, Teodori se desempeñó como operador telefónico en horario nocturno y continuó, durante muchos años, con el oficio de su padre que reparaba máquinas de coser.</p>
<p>Hoy, a los 88 años, luego de una intensa vida de trabajo, comparte sus días junto a su esposa, su gran compañera desde hace 64 años con quien formó una gran familia.</p>
<p>“Toto”, tal como lo llaman sus conocidos, terminó la escuela primaria en Necochea y, como su padre quería que fuera tornero, lo inscribió en la Escuela Industrial de Tres Arroyos.</p>
<p>Hizo la carrera en aquella localidad y una vez recibido de técnico Mecánico, vino a trabajar a nuestra ciudad, “empecé trabajando en el astillero Vanoli y cuando se creó el Colegio Industrial el director me llamó porque hacían falta profesores para taller porque no había gente con título en algunos oficios”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Construcción</p>
<p>Ingresó en el año 1954 y se desempeñó en el cargo hasta 1995, fue uno de los docentes que, junto al alumnado, colaboraron en la construcción del actual edificio, cuando parecía una gran epopeya.</p>
<p>Y al respecto contó que “todos los días de mañana y tarde, los maestros dividían a los chicos y los llevaban a hacer de peón albañil o se quedaban en el taller; también, con un camión volquete iban hasta Costa Bonita a cargar arena”.</p>
<p>De este modo los estudiantes tenían la posibilidad de aplicar todos los conocimientos porque los ponían en práctica en la obra y en taller del establecimiento.</p>
<p>Añora amorosamente los tiempos que vivió en la escuela y comentó sonriente que “tengo entendido que los viejos que sabíamos el oficio ya estamos todos jubilados”.</p>
<p>Cabe mencionar que Teodori estuvo en el establecimiento desde su creación, cuando las primeras clases teóricas se dictaban en instalaciones del Colegio Nacional para luego pasar a una casona alquilada en la calle 60, mientras que el taller funcionaba en la zona de la rotonda de avenida 59 y diagonal.</p>
<p>En el transcurso de la entrevista destacó el gran grupo humano que se había formado que junto a la cooperadora solían organizar fiestas en el taller del nuevo establecimiento, “una vez hicimos un baile y temía que se cayera la escuela porque éramos como quinientos”, dijo entre risas.</p>
<p>Simultáneamente, trabajaba de 20 a 23.30 como operador telefónico, porque el turno nocturno era ocupado exclusivamente por hombres, y contó que “eso nos ayudó para que mis chicos estudiaran. Siempre trabajamos muchos los dos”, dijo en referencia a su esposa que explotaba un hotel familiar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Orgullo</p>
<p>Los recuerdos se agolpan y la emoción se hace presente mientras “Toto” relata su historia pero es notable el amor con que vivencia cada uno de los relatos y con mucho orgullo afirmó que “los chicos eran muy trabajadores y el primer egresado del colegio que se recibió de ingeniero fue Tergiwessen, que estuvo diseñando aviones en Canadá”.</p>
<p>Desde que está jubilado se dedica a tomar clases de cerámica y arregla máquinas de coser como un hobby aunque es el oficio que aprendió desde la cuna, “mi papá me enseñaba como se armaba y se desarmaba, así fue experimentando”.</p>
<p>Augusto Teodori nació en Quilmes, “por accidente” porque como sus padres estaban radicados aquí y no tenían familiares que la acompañaran su mamá fue a la casa de sus familiares, “cuando estaba por nacer se fue a la casa de mis abuelos y al mes nos vinimos”, señaló.</p>
<p>La pandemia modificó muy poco su tranquila vida de jubilado, hace sus habituales caminatas, conduce su automóvil y anhela retomar sus clases de cerámica en la Escuela Municipal de Artes, y a pesar del tiempo transcurrido no pudo evitar decir que “la verdad que al colegio lo extraño mucho”.///</p>
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                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lud3YSy7RF7W0-wO1z3Wa7Nx2TM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/12/teodori.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Augusto Teodori dio clases de taller durante 42 años en la Escuela Industrial. También fue operador telefónico y aprendió de su padre a reparar máquin...]]>
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                <updated>2020-12-06T00:56:26+00:00</updated>
                <published>2020-12-06T00:56:26+00:00</published>
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            Cuando se comprende a la solidaridad como un puente
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d7VbFBgrsdKsE3AP8ciZcwvabsA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/11/orofino.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Silvia Orofino es la impulsora de las colectas “Un litro de leche por mes. Necochea puede” que se realiza desde hace una década
<p>&nbsp;</p>
<p>Alejandra Fernández</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El compromiso social y el espíritu solidario de Silvia Orofino han permitido llevar una valiosa ayuda a numerosos merenderos, comedores y espacios de la ciudad que trabajan en beneficio de personas en situación de vulnerabilidad.</p>
<p>Cuando ha pasado más de una década que se reunieron en la Plaza de las Carretas, del Barrio Matadero con la consigna “1 Litro de leche por mes. Necochea puede”, junto a un grupo de colaboradores, sigue trabajando con la misma vitalidad y energía que el primer día.</p>
<p>Su nombre es asociado a este grupo que todos los meses arma su puesto para recibir las donaciones de los vecinos que se acercan aunque Silvia también integró la Asociación de Fomento Barrio Norte, donde vivió toda su vida; y se desempeñó como portera en la Escuela Argentino Danesa, donde se su jubiló hace unos cuatro años.</p>
<p>Precisamente, cuando comenzó a pensar en su retiro decidió planificar algunas actividades, “la idea de juntar leche la tomé de una página de Buenos Aires que se desparramó por toda la Argentina y, para empezar, lo único que tuve que buscar fue una plaza que me quedara cerca”, comentó.</p>
<p>De naturaleza inquieta, incursionó durante un tiempo en pintura y en los últimos años integra el grupo de teatro “A lo grande”, que coordina y dirige la profesora Leonela Laborde, “me enganché con cosas que no podía hacer mientras trabajaba”.</p>
<p>Nació y creció en el barrio Mataderos, vive en la casa que construyeron sus padres y tiene un fuerte sentido de pertenencia con el lugar y recordó que “cuando decidí hacer la primera colecta hablé con amigas y vecinas, algunos alumnos de la escuela me ayudaron a armar la página”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo</p>
<p>Al evocar aquellos primeros encuentros realizó una mención especial para Alba Harislur, integrante de la asociación barrial fallecida recientemente, que colaboró y fue una de las impulsoras de las colectas de leche.</p>
<p>Puede ser que algunas personas aún desconozcan de qué se trata esta iniciativa solidaria pero, la mayor parte de la gente, la tiene incorporada y colabora desinteresadamente. En marzo habían realizado la colecta y en el transcurso de la cuarentena siguieron recibiendo donaciones en los domicilios de las integrantes del grupo y luego eran entregadas a las instituciones en  el domicilio de Silvia, siguiendo todos los protocolos vigentes.</p>
<p>En ese sentido, contó que “no dejan de asombrarme las cosas maravillosas que suceden porque siempre surge alguna iniciativa solidaria para ayudarnos. Han sido muchas en estos diez años pero la última fue asombrosa”, en referencia al desafío del cantante José Luis Rodríguez de reunir 1000 litros de leche que tuvo adhesión de gente de diversos puntos del país y del exterior, que superó todas las expectativas.</p>
<p>“Esa semana no podía creer la respuesta de la gente y todavía tengo en depósito 14 packs más para el mes de diciembre”.</p>
<p>En la actualidad llegan con este vital alimento a unos 36 merenderos y comedores de Necochea y Quequén, cuando en un comienzo ayudan a sólo cinco espacios locales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sumar</p>
<p>Afortunadamente este tipo de acciones, con un fin tan genuino, siempre suman nuevos colaboradores porque en el transcurso del año han ido cambiando los integrantes del grupo así como también se suman centros de acopio como la cooperativa de 59 y 70 o el comercio de ropa hindú de la Peatonal 83. Próximamente se realizará la Travesía de cuatriciclos, un evento solidario que reunirá leche para el grupo que coordina Silvia.</p>
<p>Orofino está casada, tiene tres hijos y a pesar que hace cuatro años que se jubiló se mantiene activa, la pandemia la mantuvo alejada de dos de sus hijos y nietos pero ya está más cerca el tiempo del reencuentro.</p>
<p>Entre sus múltiples actividades, Silvia tuvo peluquería pero en un momento que la familia tuvo algunas dificultades económicas se anotó por si había alguna vacante para portera en la Escuela Danesa. Grande fue su sorpresa cuando a los pocos días la llamaron para un remplazo que a poco de andar se convirtió en trabajo efectivo, “fui portera durante 25 años y cuatro meses”.</p>
<p>Cuando era niña tomó clases de dibujo y de adulta pudo incursionar en la pintura de la mano del profesor Pablo Benedini, en la Escuela Municipal de Artes y aunque no pudo continuar, ha participado de algunas muestras. Sin embargo, desde hace un par de años se incorporó a las clases teatro donde encontró con un cálido grupo de gente con el que han seguido produciendo virtualmente, a pesar del aislamiento social obligatorio.</p>
<p>Dando muestras de una gran vitalidad, su principal proyecto es seguir trabajando en la organización de las colectas, sumando voluntades para ayudar a los que menos tienen, algo que ha venido haciendo en los últimos diez años y de forma ininterrumpida.///</p>
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                <updated>2020-11-29T02:12:53+00:00</updated>
                <published>2020-11-29T02:12:53+00:00</published>
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        <title>
            Donde se unen los caminos del arte  y la docencia
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<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Música, teatro,murga, magia, títeres y alguna vez artes marciales, fueron definiendo la vida de Alberto “Chino” Pisani. Cuando era chico soñaba con ser actor, hacer rock y aprender Kung Fu.</p>
<p>Con los años, ingresó a la Escuela Municipal de Artes y luego a la Provincial, mientras tocaba en algunas bandas de rock, hacía teatro y comenzaba una carrera docente que siempre fue de la mano con la creatividad artística.</p>
<p>En la actualidad en la Escuela Provincial de Arte “A orillas del Quequén”, de la que es egresado, tiene a su cargo las materias de percusión e informática y medios acústicos.</p>
<p>En medio de la pandemia, Pisani siguió buscando la forma para acercar herramientas tecnológicas a los estudiantes de música, mientras en su tiempo libre avanza con la realización de un documental sobre uno de sus maestros de la vida: Juan Carlos Retrivi.</p>
<p>Fue precisamente Retrivi, director de la Escuela Municipal de Artes durante años, quien acercó a Pisani a una de sus grandes pasiones: la magia.</p>
<p>En los últimos años “El Chino” ha creado varios espectáculos de magia y como un homenaje a su maestro, decidió realizar un documental.</p>
<p>Para ello recurre a la experiencia de años de trabajo en un taller que dicta en La Dulce sobre la realización de cortometrajes y animación.</p>
<p>“En la Escuela de La Dulce doy un taller de cine en Construcción de la Ciudadanía. Hemos hecho cortometrajes y animaciones”, explicó Pisani y dijo que incluso los chicos han sido reconocidos por esos trabajos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crear y enseñar</p>
<p>“La docencia y el arte son dos caminos que van juntos”, explicó Pisani, que mientras enseñaba nunca dejó de actuar y de hacer música.</p>
<p>Aunque en los últimos años ha utilizado las herramientas de la actuación para poder hacer lo que más le gusta, que son los espectáculos de magia.</p>
<p>Con un espectáculo que llamó “Cerca de tus ojos”, estuvo haciendo magia en Bariloche, San Martín de los Andes y Junín de los Andes. En él hacía magia muy cerca de la gente.</p>
<p>Ahora prepara otro espectáculo de magia de salón. Pero prefiere trabajar con lo mínimo. Todo su equipo de magia entra en una maleta.</p>
<p>Por otra parte, si bien Pisani considera a Retrivi su maestro, afirma que no se puede enseñar magia.</p>
<p>Recuerda que precisamente fue Retrivi quien le preguntó alguna vez: “¿Qué le podés cobrar a un tipo por enseñarle magia?”.</p>
<p>Pisani considera que hoy “un gran mal” para la magia son la cantidad de videos que circulan por Youtube y otras plataformas descubriendo cómo se hacen algunos trucos de magia. “Eso es robarle a la gente lo único que todavía le queda, que es la ilusión”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La epopeya</p>
<p>Hace muchos años Pisani integró el grupo de rock Mauser y también participó en la creación de la recordada obra teatral “La epopeya del vendedor de alarmas”, de Pablo Santilli.</p>
<p>Si bien estudió música para tocar, cuando le tocó enseñar descubrió que le gustaba mucho la docencia.</p>
<p>Comenzó a dar talleres de percusión y formó la primera murga uruguaya de Necochea: “El colectivo mágico”.</p>
<p>Si bien nació en Coronel Pringles, “El Chino” vivió siempre en Necochea y nunca perdió la ilusión de seguir creando. Tal vez no es un artista marcial, como soñaba en la infancia, pero se ha convertido en un artista multifacético y un maestro.///</p>
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                </content>
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                <updated>2020-11-22T02:10:09+00:00</updated>
                <published>2020-11-22T02:10:09+00:00</published>
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            Cuando la música es compartir
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<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Para mí la música por sobre todas las cosas es compartir”, afirmó Lorena Reparaz, una apasionada de la música que tardó en animarse a cantar.</p>
<p>“Siempre disfruté muchísimo de la música. Para mí es uno de los placeres más grandes, pero yo era muy tímida”, explicó.</p>
<p>Una de sus primeras influencias musicales fue su abuela materna, que era profesora de piano y guitarra y también cantaba. “En casa se escuchaba mucha música”, recordó.</p>
<p>Lorena nació en Tucumán, pero vivió allí unos pocos meses y cuando ella tenía tres años su madre formó pareja con un necochense.</p>
<p>Ese hombre, al que hoy Lorena llama “mi papá del corazón”, era nada menos que Néstor Caldera, uno de los grandes cantantes de nuestra ciudad.</p>
<p>“Néstor siempre me animaba a que cante”, afirmó Lorena. Pero ella no se animaba por su timidez.</p>
<p>“Mi tía me invitó a tomar clases con un profesor de canto y la verdad no pensé que me iba a animar, pero me sentí muy cómoda y me gustó mucho”, dijo Lorena.</p>
<p>Fue a partir de esas clases con Juan Etchegoyen que Reparaz comenzó a tomar confianza. “El me empezó a invitar a sus shows y desde la primera vez que participé me encantó”, explicó.</p>
<p>No solo le gustó la adrenalina del escenario y la interacción con el público, “sino también lo anterior, la ilusión que uno tiene cuando prepara un tema para la gente”.</p>
<p>Hoy Lorena dice “pasó un tiempo” hasta que se animó a cantar como siempre le había dicho que hiciera su “padre del corazón”, pero la alegra que él pudiera ver. “Estaba muy contento”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ampliar el repertorio</p>
<p>“Estoy concentrada en sacar temas nuevos y en grabar”, dijo Lorena, que como todos los artistas locales no ha podido trabajar desde el inicio de la cuarentena en marzo pasado. Por ello está ansiosa de volver a los escenarios.</p>
<p>“Estoy trabajando en ampliar mi repertorio. Yo hago de todo, me encanta el pop internacional, boleros, rumba, rock nacional… Pero bueno, ahora estoy haciendo algunos tangos, algo que me gusta mucho y cada vez más a medida que pasa el tiempo”, afirmó.</p>
<p>Lorena quiere sumar tangos a su repertorio porque tiene idea de viajar a Europa. También quiere grabar un nuevo CD.</p>
<p>Cuando recién comenzó grabó un disco compacto titulado “Algo de mí”, pero un nuevo álbum para ella es “una deuda pendiente”.</p>
<p>En todos estos años Lorena ha logrado el reconocimiento en la ciudad, donde ha cantado en los más diversos escenarios, desde restaurantes hasta fiestas populares. “También he hecho shows en restaurantes de Puerto Madero, Buenos Aires y en Mar del Plata. Nunca he parado”, afirmó.</p>
<p>“En estos años conocí gente muy amorosa. De todo rescato lindas experiencias. Se me abrió un mundo distinto y la verdad es que es un cable a tierra la música”, dijo Lorena, que desde la adolescencia nunca ha dejado su labor de asesora impositiva.</p>
<p>Ahora trabaja en ampliar su repertorio, para “cuando surja la oportunidad” de volver a los escenarios.</p>
<p>“Siempre apuntando a mejorar, porque uno nunca termina ni de aprender”, afirmó la cantante.///</p>
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                <updated>2020-11-15T02:00:44+00:00</updated>
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            Un enorme corazón de niña
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7iK4JsMCUR0bilp5c9MGnjIlsVE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/11/lujan.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La dura experiencia de una infancia marcada por las necesidades y el dolor, llevaron a Nélida Luján a desear ayudar a los chicos. Desde hace seis años está al frente del merendero 2cientas Sonrisas, en el barrio General San Martín
<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
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<p>Nélida Lujan trabaja incansablemente desde hace seis años en el merendero 2cientas Sonrisas, en barrio General San Martín. Este año, a pesar de la pandemia y la cuarentena, ella ha seguido con la actividad solidaria.</p>
<p>Se pone los guantes y el barbijo y sale a repartir bolsas de alimentos a las familias de los chicos que por las medidas de restricción no pueden asistir al merendero.</p>
<p>“Mi infancia no fue buena. Pasé hambre y frío y eso es lo que me lleva a hacer esto. Yo sé lo que es estar con la panza vacía. Un niño sin comida en el estómago, no tiene salud, no tiene escuela, no tiene nada”, afirmó Nélida.</p>
<p>Por ello, explicó, “lo importante para mí es poderle dar algo”.</p>
<p>“En el barrio los chicos han pasado toda la pandemia jugando afuera y eso lo dice todo. Ojalá pudiéramos darles lo que necesitan”, se lamentó Nélida.</p>
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<p>Aprender sola</p>
<p>Nélida Luján tiene 58 años, ocho hijos y diecinueve nietos. Nació en Necochea, pero pasó una dura infancia en Claraz.</p>
<p>“Empecé a trabajar a los ocho años. Cuando me pude ir de mi casa, prácticamente huí”, recordó. “En ese momento no entendía y pensaba que la violencia era algo cotidiano. Después me di cuenta de que no es así”.</p>
<p>Pero la pequeña Nélida no soportó y se fue a trabajar con su abuela, que tenía un tambo. “Yo me levantaba a las 5 de la mañana a ordeñar con ella. Y a las 8 volvía con los cántaros de metal. Recuerdo que tenía que levantar los brazos porque era tan chica que los recipientes tocaban en el piso”.</p>
<p>“Un día mi papá encontró una señora que le preguntó si no me dejaba ir a trabajar a Necochea”, explicó.</p>
<p>Fue así como a los 12 años, Nélida vino a Necochea a trabajar “con cama adentro”.</p>
<p>Hasta ese momento ella aprendía copiando lo que hacían los adultos, porque su educación formal no había pasado de primer grado. “Era tanta la pobreza que teníamos que no fui más a la escuela”, explicó.</p>
<p>“Pero cuando me vine a trabajar a Necochea, la dueña de casa era una maestra. Gracias a Dios encontré a esta mujer que me mandó al colegio y me celebraba los cumpleaños, algo que yo jamás había tenido”, dijo Nélida.</p>
<p>“Hoy no tengo secundaria, pero tengo muchos diplomas”, explicó Nélida, que ha realizado cuánto curso ha podido y sigue estudiando.</p>
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<p>Trabajo y solidaridad</p>
<p>“Yo trabajo por horas en cinco casas, también para el Club Danés y en el Comedor Municipal, un día a la semana, donde se entrega la vianda a la gente”, explicó Nélida. “En realidad otra cosa no sabría hacer”.</p>
<p>“Me formé con el trabajo, mirando y copiando a las buenas personas que me tocó conocer. Aprendí muchísimo”, afirmó. “La gente me quiere y eso me ayuda mucho a seguir adelante. Hoy, soy feliz, no me sobra, pero no me falta”.</p>
<p>“Siempre tuve la inquietud de hacer algo por los chicos. Pero nunca tomé la iniciativa de hacerlo”, explicó Nélida Luján.</p>
<p>Finalmente, la decisión llegó a partir de la propuesta de su amiga Alejandra Pascale. “Un día me dijo que había que hacer algo por los chicos”, precisó.</p>
<p>Así como comenzó la idea del merendero 2cientas sonrisas. Primero la vivienda de una vecina de Nélida, luego en la vereda de su casa.</p>
<p>“Hace seis años que empecé con esto. Muchas personas me ayudaron. Mi esposo tenía un taller y no podía trabajar más, así que con el aporte de la gente le pusimos un techo y portón corredizo y ahí empezó el merendero adentro, porque sino, cuando llovía, teníamos que  meternos todos apretados en el comedor de mi casa”, señaló.</p>
<p>“Yo siempre me preocupo porque ellos tengan la pancita llena y después pueden ir al colegio.</p>
<p>En estos cinco años les he conseguido camperas, zapatillas nuevas, regalos de Navidad y de cumpleaños… Todas esas cosas las hago porque en realidad yo las viví y sé de muy adentro lo que se siente”, dijo Nélida.</p>
<p>“Nosotros somos muy discriminados por el lugar donde vivimos. Y aparte de lo que pasamos, tenemos que llevar el dolor al hombro, porque todos dicen: en el barrio 200, ni entro.  A mí me duelen esas cosas. No voy a negar que pasan cosas, pero no es como dicen”, afirmó Nélida.</p>
<p>Por eso, sigue trabajando incansablemente por los chicos. “Hay que darle una oportunidad a los niños”, afirmó Nélida, quien a pesar de lo dura que fue su infancia, pudo formar su propia familia y hacer su pequeño gran aporte a la comunidad.  “Se puede. Lo importante es que se puede. Sólo hay que tener ganas y dedicar tiempo”.///</p>
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                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7iK4JsMCUR0bilp5c9MGnjIlsVE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/11/lujan.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La dura experiencia de una infancia marcada por las necesidades y el dolor, llevaron a Nélida Luján a desear ayudar a los chicos. Desde hace seis años...]]>
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                <updated>2020-11-07T23:45:43+00:00</updated>
                <published>2020-11-08T00:12:51+00:00</published>
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            La maestra que se hizo viral por enseñar
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<p>&nbsp;</p>
<p>Por Ian Larsen &#8211; redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando Claudia Norma Zapata comenzó a estudiar para ser docente de primaria, pensó que sería una buena forma de canalizar su amor por la educación y su interés por ver a los chicos aprender. Además, sería una buena manera de agradecer y retribuir todas las herramientas que la educación pública le había otorgado a lo largo de sus años formativos.</p>
<p>Pero si hay algo que jamás se imaginó por aquellos años es que después de dos décadas de haber obtenido el título de docente, su particular forma de ejercer esa vocación que desde chica la movilizaba, la llevaría a convertirse en “viral” en las redes sociales, recibir más mensajes de elogio de los que cualquier persona puede leer al día y a ser foco de decenas de entrevistas y charlas en medios de comunicación de todas partes del país.</p>
<p>Los primeros días de una primavera un poco más fría de lo habitual hacen que el abrigo sea una buena opción. El reloj marca las diez y cinco de la mañana, en la casa situada sobre una calle entoscada, cerca de las afueras de la localidad bonaerense de San Cayetano. Un pueblo que no tiene mucho más de 7.000 habitantes y en el que es raro para los residentes caminar hasta el almacén más cercano sin cruzarse con un conocido y saludarse. Hoy lo hacen sin abrazo, ni beso y con la sonrisa tapada por el barbijo, pero esa frialdad no era lo habitual.</p>
<p>Claudia vive en una casa alquilada, mientras que los fines de semana y feriados construye con sus propias manos esa vivienda propia que tanto ha esperado tener.</p>
<p>Se dispone a abrir la puerta para brindar el reportaje acordado. Desde el primer momento sonríe, pero en la cara se nota que no está muy convencida.</p>
<p>-De a poco me voy acostumbrando a esto. Me parece una pavada igual&#8230;-</p>
<p>En la última semana dio una nota al único canal de televisión que tiene San Cayetano, a una radio de Tres Arroyos y vio su cara en tres o cuatro sitios web de noticias zonales que simplemente vieron el video que tanta gente ya había visto e hicieron sus publicaciones, sin haberla consultado ni saber nada más del contexto en que fue filmado. Cientos comentarios de gente que no conoce y seguramente nunca va a conocer.</p>
<p>Ahora espera que la llamen por notas que quieren los medios nacionales. Incluso tiene una propuesta para darle una clase en vivo al exarquero de la Selección argentina, Sergio Goycochea, y a su compañera de conducción de la TV Pública, Noelia Antonelli. Respondió a las mismas preguntas más de diez veces esta semana y seguramente lo hará la que viene.</p>
<p>-Yo hago mi trabajo que es enseñar, no es nada de otro mundo. Es lo que he hecho siempre-, advierte.</p>
<p>Claudia Zapata se hizo “viral” en las últimas semanas, luego de que se conociera uno de los videos que le envía por WhatsApp todos los días a sus alumnos para arrancar la clase. “La docente que enseña al ritmo de Los Palmeras”, se animaron a titular algunos de los primeros medios que se hicieron eco de ese hecho. Ella se encabrona de solo recordarlo.</p>
<p>-Hice un solo video con esa canción. No es lo único que hago-.</p>
<p>El video fue subido a las redes por la inspectora regional de educación que supervisa a la escuela donde Claudia trabaja. Acompañando ese video que le llegó a través de la directora de la institución, escribió un breve texto en el que manifestaba que ponía en Claudia un ejemplo de lo que espera de los demás docentes, y agradecía el esfuerzo adicional que muchos de ellos están haciendo por seguir motivando a los chicos tras más de seis meses de cuarentena. Esa publicación tiene decenas de miles de reproducciones en Facebook, fue replicada por otros usuarios e incluso trasladada a YouTube. Se trata de una adaptación que ella misma inventó del tema “El embrujo” de Los Palmeras, la banda santafesina de cumbia. Entre baile, risas y karaoke, llama a sus alumnos de segundo grado a sumarse a la clase y poner la fecha en el cuaderno, tal como está escrita en el pizarrón situado detrás de ella.</p>
<p>El pizarrón lo instaló en la pared de la cocina de la casa que alquila, emulando un aula escolar, con afiches educativos alrededor, para que los chicos sientan que quien está en la pantalla es “la seño”, con guardapolvo y todo, y no simplemente una vecina.</p>
<p>Claudia se autodefine como una persona que no tiene intención alguna de amigarse con la tecnología. Sin embargo, la modalidad de enseñanza de la cuarentena la obligó a cambiar su antiguo celular por un smartphone más moderno. Ya con más “cancha”, se ha esmerado en usar aquel dispositivo para atraer la atención de sus alumnos de segundo grado, a través de videos donde los invita a sumarse a la clase bailando, cantando, con salidas al aire libre, haciendo recorridas virtuales por el pueblo y hasta vestida de payasa.</p>
<p>La cuarentena tiene más de 200 días y a los chicos se les pone difícil seguir teniendo la motivación necesaria.</p>
<p>-Pongo una silla arriba de la mesa y ahí apoyo el celular. Así me queda a la altura de la cabeza y apuntando al pizarrón. Así doy la clase-.</p>
<p>Pese a que nunca hubiese pensado en invertir dinero en algo así, se vio obligada a  abandonar el celular, que tenía hacía varios años y que no había querido cambiar, para adquirir uno más moderno, que le permitiese manejar el volumen de archivos que envía y recibe a diario. Claro que el Gobierno a la hora de decretar la suspensión de clases y el comienzo de las cursadas online, nunca tuvo en consideración estos asuntos técnicos que afectaron no solo a los docentes, sino también a los alumnos que no tenían la posibilidad de tener una buena conexión a Internet o un smartphone acorde a las demandas. No llegó ninguna ayuda, ni para pagar internet, ni para pagar la luz, ni para cambiar la computadora, ni se entregaron módems para más velocidad ni nada que se le parezca. Una de las tantas barreras que ha tenido la educación argentina a lo largo de la cuarentena y a las que Claudia se ha ido enfrentando y ha tratado de superar.</p>
<p>&#8211; Cuando uno arranca a estudiar, no hay una materia que se llame “cómo dar clase en pandemia”. Es todo un desafío. Es ver la forma en que íbamos a llegar a los alumnos, pero por suerte desde la dirección de la escuela nos dieron total libertad para buscar la manera que a nosotros nos pareciera apropiada. Yo consideré que, dentro de mis escasos conocimientos, la forma más parecida a un aula era hacer estos videos-.</p>
<p>Las clases se dividen en unos cinco o seis videos diarios.</p>
<p>-Ellos me mandan audios o videos leyendo. Son clases dinámicas, no es que el chico recibe los videos y ya está. Hay un ida y vuelta. Al principio lo hacíamos con fotocopias. Dejábamos un juego de fotocopias en una librería y las familias iban a sacar las copias ahí o desde la escuela se lo llevaban a la casa si vivían lejos. Cuando vimos que iban a ser más de 15 días, que venía para largo, nos dijeron que cada uno busque su forma de seguir. La mayoría no teníamos ni idea de Zoom, ni de Meet ni nada de todas esas aplicaciones-.</p>
<p>Antes de las vacaciones de invierno los alumnos empezaron a mostrar desinterés en las clases virtuales y la falta de motivación de las familias se vio reflejada en una falta de acompañamiento a la hora de encarar las tareas.</p>
<p>&#8211; Los alumnos estaban cansados, las familias también. Hay que entender que las familias están trabajando y que muchas veces se tienen que llevar los celulares, así que los nenes no pueden usarlo hasta que sus padres no vuelven. De 27 alumnos que tengo, cuando arrancó la pandemia había 21 o 22 que trabajaban desde sus hogares en el mismo momento en que yo lo hacía. Después empezó a disminuir hasta quedar solo 11 o 12.</p>
<p>Cuando pasaron las vacaciones, costó que se enganchen a las clases. Arrancaron seis o siete y tuve que empezar a mandar mensajes a la clase. Esto es comunicarse permanentemente con la familia y, si no están de ánimo, tratar de hacer videollamada para ver si puedo engancharlos de nuevo a la clase-.</p>
<p>La docencia en pandemia ha sido un gran desafío, incluso para personas como Claudia, quien lleva más de dos décadas ejerciendo y que por años se ha enfrentado a todas las dificultades que implica el haber sido maestra rural en escuelas del partido de San Cayetano y de Necochea, atravesando caminos intransitables por el barro y hasta yendo a buscar a sus propios alumnos para que puedan ir a la escuela porque las familias no tenían movilidad propia.</p>
<p>Por ahora, la cuarentena continúa y la vuelta a clases no parece ser un tema que se vaya a debatir en el corto plazo, así que seguirá habiendo docentes que le pongan el pecho a esta situación atípica, buscando, como Claudia, incentivar a los chicos de la manera que mejor les salga. Dejando todo en la cancha, a pesar de que el segundo tiempo haya terminado hace rato.///</p>
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                                <category term="116" label="Personajes" />
                <updated>2020-11-01T00:08:09+00:00</updated>
                <published>2020-11-01T00:08:09+00:00</published>
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        <title>
            Un artista que elabora sus obras en cuero
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<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Walter Fidelibus es cordobés, pero no tiene acento porque creció en Cavanagh, una pequeña localidad ubicada casi en el límite con la provincia de Santa Fe y a 150 kilómetros de Colón, en el norte bonaerense.</p>
<p>Aunque ha pasado la mayor parte de su vida en Necochea, lo siguen llamando “El cordobés”. Él, sin embargo, allí donde va, se encarga de remarcar que representa a nuestra ciudad, donde han nacido cinco de sus seis hijos.</p>
<p>Walter creció en el campo y aprendió de su familia a realizar trabajos de soguería y talabartería. No fue hasta que se radicó en Necochea, hace 33 años, que comenzó a convertir esa afición en un oficio y luego en una profesión.</p>
<p>Hoy, los trabajos de soguería y talabartería de Fidelibus se encuentran entre los emprendados de gauchos de todo el país y algunas de sus creaciones han llegado incluso a Estados Unidos, Inglaterra, Uruguay y Chile.</p>
<p>“Yo me crié en el campo. Mis tíos eran sogueros y a mí siempre me gustó la artesanía”, dijo Felidibus, que por la calidad de sus trabajos desde hace tiempo es convocado como jurado de emprendados en fiestas tradicionales en toda la provincia.</p>
<p>Walter vino a la provincia de Buenos Aires como trabajador rural y hace 33 años se radicó en Necochea. Fue aquí donde comenzó a realizar algunos trabajos de sogueria por encargo y lo que comenzó como una actividad que hacía en su tiempo libre, empezó a convertirse en una fuente de ingresos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuero crudo</p>
<p>Mates, fundas de cuchillos, sogas, cabezadas, bozales, cabrestos, riendas, bastos y estribos de los recados, entre otras artesanías tradicionales, comenzaron a llamar la atención de los apasionados de lo gaucho. De los elementos de cuero de uso habitual en el trabajo de a caballo en el campo, Fidelibus pasó a realizar soguería cada vez más fina por pedido.</p>
<p>“Soy un apasionado de lo que hago y siempre trato de superarme”, dijo Walter. Eso lo llevó a convertirse en uno de los sogueros más destacados de la región y no tardaron en convocarlo como jurado de emprendados en domas, desfiles y fiestas tradicionales.</p>
<p>Desde hace años es jurado en la Fiesta Nacional del Emprendado, que se realiza en la ciudad de Mar del Plata. Allí fue elegido como representante de la región.</p>
<p>También realiza tareas de jurado en las fiestas tradicionales de Coronel Dorrego, Ramón Santamarina, Lobería, Tres Arroyos, Benito Juárez, San Cayetano y Juan N. Fernández.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una pasión</p>
<p>Obsesionado y apasionado como es, Walter se puso a estudiar la historia de la silla de montar, los primeros recados y la evolución de los mismos, para tener un conocimiento más amplio sobre el tema.</p>
<p>Aunque su mayor patrimonio son las tres décadas que ha dedicado a trabajar con cuero. “Yo voy a buscar el cuero al matadero, lo lavo, lo desgraso y lo lonjeo”, explicó.</p>
<p>Se trata de un proceso largo y completamente artesanal. A diferencia de otros artesanos, los sogueros no cuentan con maquinaria especializada, todo es manual e incluso las herramientas suelen ser creadas por ellos mismos.</p>
<p>“Es un arte que se ha ido perdiendo con el tiempo”, explicó Fidelibus. “Ya preparar el material es bravo. No hay químicos, no hay máquinas, todo es hecho a mano”, afirmó.</p>
<p>Debido a lo especializado y artístico del trabajo y a que existen cada vez menos sogueros, Fidelibus se ha convertido en toda una referencia de este arte a nivel regional e incluso nacional, donde sus obras son reconocidas.</p>
<p>Walter no firma sus trabajos, entiende que son tan personalizados que no existe uno igual a otro. Por ello también es buscado.</p>
<p>Él, mientras tanto, no se cansa de decir que allí donde va representa a Necochea, a pesar de que todos lo conocen como “El cordobés”. Tras pasar 33 de sus 55 años en la ciudad, indudablemente es más necochense que de Cavanagh, esa pequeña localidad del departamento de Marcos Juárez, en el sur de Córdoba, donde todavía tiene a la mayor parte de su familia.</p>
<p>“Este trabajo me ha dado muchísimas satisfacciones”, dijo Fidelibus, que ha recibido reconocimientos por su labor allí donde va.</p>
<p>Por estos días, la cuarentena no ha podido detenerlo. Siguió trabajando en su taller, dedicando entre ocho y nueve horas al día al oficio. Aunque se ha impuesto como límite sólo trabajar hasta las 19 para no exigir la vista.</p>
<p>“Son muchos años de trabajar fino”, dijo Fidelibus en referencia a las delgadísimas tiras de cuero con las que elabora sus delicadas artesanías.///</p>
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                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KP7vAU41HMDM8XccLmXlYxNd2xo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/10/fideibus.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Walter Fidelibus creció en el sur de la provincia de Córdoba. Aprendió en su familia el oficio de la soguería. En las últimas décadas se ha convertido...]]>
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                <updated>2020-10-25T01:21:15+00:00</updated>
                <published>2020-10-25T00:50:51+00:00</published>
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            Una figura en la playa y bajo los tres palos
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<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como arquero o guardavidas, Francisco José Tieftrunk es una de esas figuras que nunca pasó desapercibida en la cancha o en la playa.</p>
<p>Por estos días, luego de una larga cuarentena, fiel a su filosofía de vida, quiere aprovechar cada minuto y por eso entrena a diario para encontrarse en condiciones para el próximo verano.</p>
<p>Si bien se jubiló como guardavidas municipal hace unos años, desde 2018 trabaja todos los veranos en un balneario céntrico. “Me siento en condiciones, si no no lo haría”, señaló Francisco, que con su característica cabellera larga no da muchas pistas sobre su edad.</p>
<p>Muchos piensan que él es quequenense, por su larga trayectoria como guardavidas en las playas de Quequén, pero Tieftrunk nació en Necochea.</p>
<p>“Yo nací en Necochea, pero en verano soy de Quequén”, dijo el viernes, luego de andar en kayak y nadar en el río.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El guardametas</p>
<p>“Mi carrera futbolística fue entrecortada”, dijo Tieftrunk, que comenzó a jugar en las inferiores de Isabel La Católica, donde atajaba en primera, pero era cinco en la tercera.</p>
<p>Luego pasó a Villa del Parque y jugó en Palermo en 1985.</p>
<p>Pero luego se fue a vivir a Brasil, donde sólo jugó algún que otro partido de fútbol playero. “En el 88 Abel Coria me llamó y me preguntó si quería jugar en el equipo de Grupo Universitario de Tandil”, explicó Francisco.</p>
<p>Su mayor continuidad fue entre los años 95 y 98, cuando jugó en Villa del Parque, en Sudamérica de Miramar, en Estación Quequén y finalmente en Isabel La Católica, donde finalmente colgó los guantes como arquero de torneos de la Liga Necochea de Fútbol.</p>
<p>Sin embargo, nunca dejó de jugar en torneos comerciales, donde aún permanece activo y espera que finalicen las restricciones para volver a atajar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El guardavidas</p>
<p>Francisco Tieftrunk comenzó a trabajar como guardavidas en 1983, en un balneario céntrico. Pero poco después fue contratado por el municipio y fue enviado a Quequén, donde desarrolló toda su carrera, hasta su jubilación, en 2015.</p>
<p>Recordó que comenzó a trabajar José La Torre y Juan Pablo Carricart y que durante los veranos que pasó trabajando como guardavidas, de a poco se fue obsesionando con las playas, hasta sentirlas como propias.</p>
<p>Pero en 2015 se jubiló y pensó que el retiro era definitivo, pero en 2018 lo convencieron para volver a trabajar en el sector privado en el balneario Zeus.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre idas y vueltas</p>
<p>Tieftrunk vivió un largo tiempo en Brasil. Todo fue a partir de la idea de irse de vacaciones con su amigo y compañero de trabajo Jorge Moreno.</p>
<p>“Nos conocíamos de chicos, habíamos jugado juntos en la Escuela Cruz y cuando empezamos a trabajar juntos decidimos irnos después de temporada a Brasil”, explicó.</p>
<p>Cuando llegaron allí la estadía comenzó a alargarse. “Para tener una idea, con lo que acá te tomabas una cerveza, allá te comprabas 13, así que no tardamos en darnos cuenta de que éramos ricos”, bromeó Tieftrunk.</p>
<p>Por ello con Moreno, hoy ya fallecido, tuvieron la idea de volver al año siguiente y comprarse una posada, pero como siempre ocurre con las cambiantes reglas económicas en la región, cuando volvieron las condiciones eran distintas.</p>
<p>No obstante, Francisco vivió en Salvador de Bahía durante tres años. “Allí es carnaval todos los días”, explicó Tieftrunk, que vivió el Mundial de 1986 en Brasil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La banda de Jesucristo</p>
<p>Aunque por su imponente figura y su eterna melena, muchos piensan que Tieftrunk es surfer, él explicó que nunca pudo pararse en la tabla, a pesar de que tuvo como maestro a Pedro de Ilzarbe uno de los pioneros del deporte en Quequén.  No obstante, cuando conoció el bodyboard, se divirtió muchísimo practicando esa especialidad con Germán Moras, otro de sus grandes amigos.</p>
<p>Además, desde 2000 Francisco también se ha dedicado a viajar en bicicleta junto a un grupo de amigos. Así, ha estado en la altura de Salta y recorrido gran parte del país. Más recientemente, viajó junto a Fabián Oholeguy, por la costa hasta Punta Indio.</p>
<p>Y su alta figura también se ha convertido en protagonista en el ámbito del automovilismo, como el “Jesús” de La banda de Jesucristo que acompaña a Juan Bautista De Bendictis en los distintos circuitos del Turismo Carretera.</p>
<p>Si bien la cuarentena lo obligó a dejar el entrenamiento durante 55 días, Francisco retomó con todo la actividad física. Siempre le ha gustado entrenar e incluso fue preparador físico del equipo de Huracán.</p>
<p>El entrenamiento físico es tan necesario para él como respirar. Por ello se encuentra en condiciones de volver a trabajar en la playa en el próximo verano y lo espera con ansias. Y allí seguirá mientras se sienta en condiciones de practicar el rescatismo, con su larga melena y su eterno bronceado.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cyO6cF7CPOcHwjr-850n1mDLmN4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/18-personajes-2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Como arquero de distintos equipos de la Liga Necochea de Fútbol o como guardavidas en Quequén, Francisco José Tieftrunk nunca pasó desapercibido. Sigu...]]>
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                <updated>2020-10-18T02:11:13+00:00</updated>
                <published>2020-10-18T01:09:37+00:00</published>
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            Un apasionado de la guitarra, entre enseñar y tocar
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V-KLnhh2RpvOnmek1sZzWzjNZDE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/10/muttio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Oscar Alberto Muttio tuvo una extensa carrera como docente en la Escuela Municipal de Música. En la adolescencia integró el emblemático trío Cherry y en la actualidad es miembro de la Banda Municipal
<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Fue medio de casualidad”, afirmó Oscar Muttio. Su nombre es sinónimo de música, de guitarra, de docencia. Lleva el mismo nombre que su padre y como él se ha convertido en uno de los profesores de guitarra más reconocidos de la ciudad.</p>
<p>Sin embargo, Muttio hijo explicó que su intención no era dedicarse a la música y su padre incluso quería que él estudiara y tuviera otra profesión.</p>
<p>Al terminar el secundario se fue a estudiar Arquitectura, por eso dice que lo de la música se dio en parte por casualidad, aunque ya antes de aspirar a un título universitario tenía una sólida formación cómo músico.</p>
<p>“Mi papá me mandó a estudiar guitarra a los 5 años”, explicó Oscar Alberto. A los 15 se recibió de profesor en el Instituto Beethoven y cuando se fue a Mar del Plata comenzó a enseñar para poder afrontar los gastos de sus estudios universitarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un año clave</p>
<p>“Mi papá en realidad nunca me presionó para que yo me dedicara a la música”, explicó. “Lo hizo porque a él le gustaba y quería que yo también aprendiera pero lo que quería en realidad, al igual que mi madre, era que siguiera una carrera universitaria”</p>
<p>Sin embargo, sólo estuvo dos años en Mar del Plata y decidió regresar a Necochea.</p>
<p>Y fue entonces cuando se produjeron dos hechos que definieron su vida profesional y musical: ingresó en la Escuela Municipal de Música y poco después en la Banda Municipal.</p>
<p>Era el año 1981 y el municipio estaba reorganizando la escuela de música. “Justo se necesitaba un profesor de guitarra, me conocían y pude ingresar”, dijo Oscar.</p>
<p>Y a finales de ese mismo año, se incorporó como bajista en la Banda Municipal. “En el caso de la escuela trabajé durante 26 años hasta que me jubilé”, explicó.</p>
<p>“Con la banda estuve toda la primera etapa, durante la gestión del intendente Alberto Percario, y en la segunda, durante el gobierno del doctor Daniel Molina y la dirección del maestro Roberto Dabadíe”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Satisfacción de enseñar</p>
<p>“A mí me encantó el trabajo en la Escuela Municipal de Música. Porque nosotros trabajamos con chicos. Era reconfortante”, señaló Oscar.</p>
<p>“La escuela no tenía un perfil académico, como un conservatorio, era más para iniciar a los chicos en la guitarra, piano, batería, etc.  Era muy satisfactorio. Enseñé durante todos esos años con mucho gusto”, explicó Muttio.</p>
<p>Explicó que la docencia fue una experiencia “muy interesante, porque también me permitió ir a dar clases a otros lugares como a San Cayetano, a Mechongué, a Miramar, a La Dulce o Mar del Plata”. También enseñó en forma particular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tocar por tocar</p>
<p>“Yo tuve un grupo emblemático con dos grandes amigos: Adolfo Matar y Sergio Crotti”, recordó Muttio. El trío se llamó Cherry y muchos todavía lo recuerdan.</p>
<p>“Después integré en forma esporádica alguna otra bandita. Pero en esa época mi objetivo principal no era la música, quería estudiar y la música era un pasatiempo”.</p>
<p>Aunque ya más grande, con el Turco Burached y Landy formaron un grupo que se dedicaba a tocar en fiestas y reuniones sociales con el objetivo de conseguir algunos ingresos extras.</p>
<p>También con Burached integró bandas de algún local nocturno.</p>
<p>Incluso Muttio integró con Burached la Jazz Brass Ensamble en los inicios de esa agrupación.</p>
<p>“Siempre fui un tipo todo terreno, bastante versátil”, explicó Muttio. Y eso le sirvió cuando lo convocaron de la Banda Municipal, que precisamente se caracteriza por contar con un repertorio amplio, de distintos géneros musicales.
“Lo único que me faltaba era el tango. Algo increíble porque mi papá se dedicó toda la vida a eso”, precisó Oscar. Incluso con su padre nunca había tocado en un escenario.</p>
<p>“Tuvimos la suerte de preparar algo para ir a Homero Manzi, en Buenos Aires, con un cantante muy bueno de la época de mi papá: Carlos Scabone. Ese fue mi primer contacto con el tango y toqué con mi viejo”, dijo Oscar.</p>
<p>Sin embargo, si bien la guitarra lo apasionó toda la vida, el ambiente en el que debe desenvolverse un músico nunca le atrajo. “Soy una persona casera. Si bien toqué como un trabajo, el tema nocturno no me atrajo nunca. Me costaba muchísimo trabajar en la noche”, precisó.</p>
<p>Por eso se fue desligando de ese ambiente. “Lo último que me quedó fue la Jazz, con la que hacíamos los veranos en un hotel de la Villa, y también la dejé”, explicó Oscar.</p>
<p>“Ahora solo estoy con la Banda Municipal”, afirmó Muttio, que tiene 68 años. Y aseguró que se siente “plenamente satisfecho” por lo que ha hecho tanto como músico como docente.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/V-KLnhh2RpvOnmek1sZzWzjNZDE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/10/muttio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Oscar Alberto Muttio tuvo una extensa carrera como docente en la Escuela Municipal de Música. En la adolescencia integró el emblemático trío Cherry y...]]>
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                <updated>2020-10-11T03:03:18+00:00</updated>
                <published>2020-10-11T01:01:29+00:00</published>
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            Un apasionado que le puso ritmo a su vida
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZDx4YWgxhTGmOzWdX4vfE2aVWuI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/09/turco-burachet.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Carlos Antonio Burached cumple 60 años con la música. Comenzó a los 17 tocando el bongó en grupos tropicales. Con el tiempo incursionó como percusionistas en los más diversos géneros
<p>&nbsp;</p>
<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“En 2020 cumplo 60 años con la música”, dijo con su habitual entusiasmo Carlos Antonio Burached. El Turco tiene 77 años y comenzó su trayectoria de percusionista a los 17 años tocando el bongó.</p>
<p>Una trayectoria que lo llevó a integrar grupos de música tropical en sus inicios y que luego derivó en experiencias de percusión en los más diversos géneros: desde cumbia hasta jazz, pasando por el rock and roll y el folclore.</p>
<p>“Me encanta la música, escucho de todo”, dijo Burached, que hace 16 años integra la Banda Municipal, agrupación en la que ya había tocado 12 años, entre 1981 y 1993.</p>
<p>A pesar de su carácter extrovertido, la sobriedad es lo que le ha permitido al Turco ser convocado para tocar en las más diversas agrupaciones. “El baterista puede tocar un sólo, pero no es el líder, es el acompañante”, explicó.</p>
<p>Y no cualquier acompañante. “Meto toda la carne al asador. Hay que meterse en lo que se toca. Ahí está el secreto”, dijo Burached, dando una pista sobre lo que le ha permitido lograr la versatilidad para acompañar a músicos de todas las edades, géneros y estilos.</p>
<p>Y todo lo ha aprendido tocando. “No estudié. Ese fue un error muy grande”, dijo Burached, que por tocar de oído cree no contar con las herramientas para poder enseñar.</p>
<p>“Una cosa es tocar y otra es enseñar”, afirmó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De gira</p>
<p>Burached nació en Necochea el 2 de abril de 1943 pero de chico se fue a vivir con su familia a Villa Bosch. Su infancia y adolescencia transcurrieron en canchas de fútbol. Jugó en la séptima de Almagro, pero debió dejar para estudiar.</p>
<p>En la escuela nocturna, a los 17 años, se reencontró con un amigo después de años con un amigo del fútbol que tocaba la guitarra y cantaba y allí formaron un grupo.</p>
<p>Con un bongó que le había comprado su padre, primero, y luego con tumbadora y timbareta, Burached comenzó tocó en un grupo que se llamó Los Cinco Tropicales y luego en otro denominado Los Cumaná. Con esos grupos hizo giras por Mendoza, San Luis y Córdoba.</p>
<p>Luego tocó en Sunset, una conocida confitería de Olivos y luego fue convocado para integrar la orquesta del Teatro Nacional, donde fue parte de la orquesta que acompañaba a una revista que tenía como figuras a las hermanas Mimí y Norma Pons, a Ethel Rojo y Alfredo Barbieri.</p>
<p>En aquellos años compartió escenario con Raúl Lavié, Elio Roca y Johnny Tedesco, entre otros.</p>
<p>Pero unas vacaciones en Necochea 1972, donde conoció a Alicia, su mujer, lo decidió a dejar todo y volver a su ciudad natal.</p>
<p>Al poco tiempo ya tocaba en el grupo Los Planetas, que integraban Raúl Ramírez, Mario Ledesma, Baby González, Eduardo Roig y luego Roberto Nebot. En esa banda estuvo 9 años, hasta 1981.</p>
<p>Pero su espíritu inquieto y su versatilidad lo llevó a ser convocado por músicos de todos los estilos. Integró los Cuatro del Trópico, Fantasía, Los Reyes de la Cumbia, el grupo Noi, Raíces y Tenor 4.</p>
<p>Con Armando Di Caro y Juan Carlos Gesualdi fue músico contratado de algunos bares y locales nocturnos de la zona portuaria. También tocó con el Coro Alta Mira, con el Coral Quimey y varios años con la Jazz Brass Ensamble.</p>
<p>Incursionó en el rock progresivo con In Extremis, grupo con el que hizo un show en Auditorium del Casino.</p>
<p>También acompañó a los hermanos Ibarguren y no se le escapó al tango, en el que incursionó junto a Alberto De Pietro y más recientemente con Marita Ventuala. Aunque ha sido con el guitarrista Oscar Muttio, ahora compañero en la Banda Municipal, con quien más ha compartido escenarios.</p>
<p>Mientras tanto, Burached no ha dejado nunca de trabajar como pintor y empapelador. “Me gusta mucho ese trabajo y no me gusta estar en casa sin hacer nada”, aseguró el Turco, que está jubilado hace varios años.</p>
<p>“Mi nieto está tocando la batería. Tiene 10 años y está estudiando”, dijo entusiasmado Burached. Sus dos hijos: Augusto y Valeria, le han dado cinco nietos. Además de su extensa trayectoria como percusionista, su familia es su más grande motivo de orgullo.///</p>
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                <updated>2020-09-20T01:45:23+00:00</updated>
                <published>2020-09-20T00:41:54+00:00</published>
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            Un campeón arriba y abajo del ring
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RIL17xsewFqNsJBNfkg4YQOFY3o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/09/rosales.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Esteban Rosales realizó una destacada carrera como boxeador amateur, llegó a profesional, debió abandonar por una lesión a los 22 años y hoy es un referente del boxeo nacional como entrenador y organizador de festivales
<p>&nbsp;</p>
<p>“Nunca me pongo barreras por delante”, afirmó Esteban Rosales, que a los 54 años parece impulsado por el mismo espíritu que lo animaba cuando todavía siendo un niño se calzó los guantes por primera vez.</p>
<p>“Cuando alguna vez mi papá me quería explicar que no todo se puede, mi vieja le contestaba: lo que él dice lo va a hacer”, recuerda Esteban.</p>
<p>Fue así como cuando aún era un chico que jugaba al fútbol en la quinta de Estación Quequén un día escuchó una convocatoria que realizó Mario Anchorena boxeadores de Necochea a reunirse en el Club Boca Juniors.</p>
<p>“Creo que ni la misma gente del club sabía lo que hizo Mario, pero yo le dije a mi vieja que quería ir y ella me armó un bolsito con un pantaloncito de fútbol de Estación Quequén y una camiseta de Boca”, recordó.</p>
<p>Esteban, que desde los 9 años hacía guantes, tenía 12 o 13 años cuando al llegar al club vio bajar de un auto a uno de sus ídolos boxísticos locales: Víctor Montoya.</p>
<p>Al poco tiempo Esteban formaba parte del numeroso grupo de pupilos que comenzaron a concurrir Montoya.</p>
<p>“A la semana nos hicieron hacer guantes y Montoya me dijo: yo te quiero entrenar a vos”, recordó.</p>
<p>Tenía 13 años cuando debutó ante Jorge Blanco, un púgil de Mar del Plata que entrenaba con el Jabalí Videla.</p>
<p>Esteban realizó cinco peleas con Montoya y luego, todavía un chico, se radicó en Mar del Plata, donde entrenó a las órdenes de Ever Agüero, realizó 40 combates y sólo perdió uno.</p>
<p>En Mar del Plata, siendo todavía muy joven fue sparring de Gustavo Ballas y realizó una pelea de semifondo cuando el campeón supermosca derrotó a Raúl Ojeda en esa ciudad.</p>
<p>En esos años Rosales logró el subcampeonato argentino amateur de la Federación Argentina de Box y luego fue campeón mediano amateur.</p>
<p>“Mi madre, Susana Blanca Lencina, amaba el boxeo.  Cuando gané el título de Campeón Amateur le pude regalar el primer televisor a color y le compré ropa a mis 6 hermanos. Ese día quedó gente afuera del estadio y gané siendo amateur lo que ganaba un campeón argentino”, recordó.</p>
<p>Pero su madre enfermó, lo que lo obligó a volver a Necochea y alejarse del boxeo por un tiempo.</p>
<p>Aunque surgió alguna oportunidad de radicarse en Buenos Aires, Esteban decidió acompañar a su madre y no dudó en volver a Necochea hasta que ella se recuperó.</p>
<p>El regreso al cuadrilátero se produjo de forma inesperada a partir de un tío que vivía en Bahía Blanca y que estaba dedicado a la cría de caballos.</p>
<p>Ya habían pasado varios años, Esteban estaba casado con María Rosa, la mujer que lo ha acompañado 33 años y madre de sus cuatro hijos.</p>
<p>En el sur, tuvo una nueva oportunidad, realizó unas 15 peleas, fue campeón bahiense amateur y campeón del sur e incluso realizó una pelea de fondo cuando se presentó allí Santos Benigno Laciar.</p>
<p>Fue representando al Club Bella Vista que finalmente Esteban pudo debutar como profesional.</p>
<p>“Debuté ganando y el club llegó a comprarme una casa”, dijo Rosales, aún agradecido con esa entidad y con el boxeo, que ha sido todo en su vida.</p>
<p>El sitio especializado BoxRec aún registra su triunfo ante Marcelo Eduardo Sánchez, el 23 de junio de 1989 en Bahía Blanca.</p>
<p>Lamentablemente, poco después de convertirse en profesional y cuando sólo tenía 22 años, las manos comenzaron a jugarle una mala pasada.</p>
<p>Dispuesto a dejar el boxeo, volvió a su querida Necochea con su familia, comenzó a trabajar en una cerealera y a estudiar peluquería.</p>
<p>Precisamente mientras estudiaba en Mar del Plata se reencontró con Ever Agüero, volvió a entrenar, hizo de sparring y surgió la oportunidad de volver como profesional. Incluso se preparó todo para enfrentar a un púgil brasileño con el objetivo de posicionarse para aspirar a algún título.</p>
<p>“Pero cuando faltaban 20 días para la pelea, me estalló una mano”, dijo Rosales, que de esa manera vió definitivamente frustrada su carrera como boxeador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una nueva oportunidad</p>
<p>Hoy Esteban Rosales, con 54 años, cuatro hijos y tres nietos, es uno de los entrenadores de box más reconocidos del país. Logró darle a Necochea su primera campeona mundial de boxeo, entrena a tres boxeadores profesionales y a siete amateurs con grandes posibilidades de hacer historia.</p>
<p>“Dios me ha dado un talento y veo que lo mío sirve. El secreto es la humildad para seguir aprendiendo más y poder enseñar”, dijo Rosales, quien comenzó a entrenar a Jorgelina Guanini cuando ella sólo tenía un puñado de peleas y llegó a sumar 40 combates bajo las órdenes de Esteban.</p>
<p>Hoy otro de sus pupilos, el muy joven y ya profesional José Arias Olivo, se perfila como una gran promesa del boxeo local y lo observan atentamente desde la Promotora Zanfer, la representante de Canelo Alvarez y otros campeones mexicanos.</p>
<p>Rosales se ha convertido en un nombre recurrente en el boxeo nacional, aunque por su perfil bajo él no parece aún sentirse cómodo con ese reconocimiento.</p>
<p>Su trayectoria como entrenador de profesionales comenzó con el quequenense Maxi de la Fuente. Con el apoyo de Gerónimo Venegas, Rosales realizó un relanzamiento de la actividad boxística en la ciudad hace ya varios años.</p>
<p>Desde entonces ha organizado varios festivales transmitidos a nivel nacional y latinoamericano por una de las principales señales de cable del país y boxeadores de la región vienen a Necochea para entrenar con él.</p>
<p>Pese a ello, hoy Esteban no tiene un gimnasio en Necochea. Afirma que esto se le ha dificultado porque nunca ha pensado en vivir de ello. “Yo no vivo del gimnasio. Tenía 40 chicos haciendo boxeo y podía cobrarle a 10”, dijo.</p>
<p>No obstante, considera que por el alcance que han tenido los boxeadores entrenados a sus órdenes en Necochea, contar con un gimnasio sería un aporte al deporte de la ciudad. “Por eso estoy por crear una asociación civil de boxeo”, explicó.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RIL17xsewFqNsJBNfkg4YQOFY3o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/09/rosales.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Esteban Rosales realizó una destacada carrera como boxeador amateur, llegó a profesional, debió abandonar por una lesión a los 22 años y hoy es un ref...]]>
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            En busca de romper sus propios límites
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EPZ23yLIIkwtWr9cf110fu_XlxM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/diaz.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Gabriel Díaz Fabiero sueña desde Helsinki con volver a las competencias de natación de élite. Para ello comenzó a entrenar con el objetivo de llegar al campeonato de España
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<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
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<p>En la tarde del viernes, en Turku, Finlandia, la temperatura llegó a los 23 grados. Gabriel Díaz Fabiero había viajado hasta allí desde Helsinki para acompañar a su novia a ver un torneo de crossfit y “aprovechar el fin de semana”.</p>
<p>Hace sólo cinco años era difícil imaginar, para el propio Gabriel, que un día estaría trabajando como guardavidas en una piscina en el centro de Helsinki y dando clases de natación en inglés.</p>
<p>Considerados por muchos especialistas como la figura de relevo para Eduardo Otero, Gabriel tuvo una impresionante carrera en las categorías formativas y llegó a integrar la selección argentina de natación entre 2005 y 2009.</p>
<p>Esto lo llevó a ser contratado por River Plate en 2010 y a integrar el equipo campeón del Argentino de clubes.</p>
<p>Sin embargo, en ese momento se alejó de la natación y se fue a trabajar a España. Cuando volvió se puso a estudiar el profesorado de Educación Física en el Instituto de Formación Docente Nº 31.</p>
<p>En la última década hizo varios intentos de volver a competir a nivel selección y llegó a ganar el campeonato provincial. “En el 2014 salí campeón argentino universitario representando al Instituto 31 de Necochea”, explicó Gabriel. Al año siguiente representó al Club Regatas de Mendoza en la Copa España en Chile, donde también compitió su hermana Belén.</p>
<p>“Fui al Campeonato Argentino y otra vez salí Campeón Universitario”, recordó Gabriel. Pero después volvió a alejarse de la natación. Aunque como él mismo reconoce: “nunca me alejé del todo”.</p>
<p>En 2019 se fue a España a trabajar como rescatista en la localidad balnearia de Salou, en Tarragona. “Estuve allí siete meses, conocí a una chica finlandesa y me puse de novio”, explicó.</p>
<p>Fue precisamente Maari Lehtoviita, una fisioterapeuta y crossfiter de 27 años, el motivo por el que Gabriel se encuentra este fin de semana en Turku, la vieja capital de Finlandia.</p>
<p>“Terminada la temporada en España nos quedamos un tiempo más en Valencia y desde finales de enero que estoy viviendo en Helsinki”, explicó el nadador.</p>
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<p>Volver a competir</p>
<p>“La cuarentena te hace replantear un montón de cosas y me sirvió para ordenar mis ideas y pensar qué es lo que quería de mi vida. Así que decidí encarar el proyecto de volver a competir”, afirmó Gabriel.</p>
<p>Para ello comenzó a entrenar y siente que ya se encuentra en condiciones para competir en torneos a nivel comunidades en España.</p>
<p>El plan es volver a España junto a Maari. “Estar en Helsinki es circunstancial. Nos queda un mes y medio en Finlandia, luego volvemos a España”, señaló.</p>
<p>Afirmó que vivir en el país escandinavo no es fácil. “Si no hablás finlandés es complicado. Yo hablo inglés, pero no es lo mismo”, comentó.</p>
<p>Mientras tanto, no ha perdido tiempo. “Estoy entrenando desde hace tres meses. Tengo un programa de natación que me armó Federico Diez Andersen, del club Once Unidos de Mar del Plata”, explicó.</p>
<p>“Y estoy trabajando la parte psicológica con Gustravo Ruiz, que es el psicólogo de Paula Paretto”, dijo Gabriel.</p>
<p>Él cree que su éxito depende en gran parte de lograr fortalecer ese punto. “Siempre fui un nadador fuerte en cuanto a lo físico, no sufrí ninguna lesión, pero la cabeza era uno de mis puntos débiles y es donde ahora estoy trabajando”, afirmó.</p>
<p>“Es muy importante, es clave. Básicamente es donde está la diferencia entre un deportista de élite y un amateur”, señaló.</p>
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<p>Volver a España</p>
<p>Los objetivos que Gabriel se ha propuesto para este año son claros. Mientras da clases de natación en inglés, la cuarentena también le permitió incursionar en un campo desconocido como entrenador y profesor de natación a través de la virtualidad.</p>
<p>A través de su página web comenzó a dar clases a distancia y realizar asesorías. Esto también hizo que ya tenga varios alumnos esperando su regreso a España.</p>
<p>El plan al volver a Valencia es federarse a algún club para competir en el campeonato autonómico de la Comunidad Valenciana. Eso le daría la posibilidad de clasificar al campeonato de España. Esa es la primera meta de este nadador de 28 años.</p>
<p>Su sueño es volver al nivel de selección y calzar la celeste y blanca junto a su hermana Belén.</p>
<p>Por estos días Belén se prepara para radicarse en España y competir en el Club Barcelona.</p>
<p>Los roles se han invertido. Hace dos años Gabriel fue el entrenador y asistente de Belén durante las tres etapas del Marenostrum (Barcelona-Canet-Mónaco). Ahora es ella la que lo asesora en su preparación para volver a la competencia.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EPZ23yLIIkwtWr9cf110fu_XlxM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/diaz.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Gabriel Díaz Fabiero sueña desde Helsinki con volver a las competencias de natación de élite. Para ello comenzó a entrenar con el objetivo de llegar a...]]>
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                <updated>2020-08-24T10:34:40+00:00</updated>
                <published>2020-08-24T10:34:40+00:00</published>
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            El relojero que detuvo el tiempo para pensar
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bRYUWYx-1i40jmAQkPsioMXrD-Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/194-PERROTTA.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A los 13 años comenzó a aprender el oficio de reparar relojes y joyería. En la pandemia cerró su negocio y comenzó a escribir con la intención de aportar ideas</p>
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<p>“Yo nunca escribí y tampoco soy un gran lector. Pero con esto de la cuarentena tenía mucho tiempo y empezaron a surgir ideas”, afirmó Osvaldo Bruzzone, un hombre que ha dedicado la mayor parte de su vida a la relojería y la joyería.</p>
<p>Desde los 13 años, cuando empezó a aprender el oficio, Osvaldo nunca había estado tanto tiempo alejado del taller, pero afirma que quedarse en casa es su pequeño aporte a la comunidad, como algunos textos que han comenzado a surgir en estos tiempos de encierro.</p>
<p>Con mucho tiempo libre, Osvaldo comenzó a escribir chistes, aforismos y cuentos como “El desalojo”, que se publica en esta misma página.</p>
<p>En estos escritos, que firma con el seudónimo de Oswal Bruzz, trata de transmitir sus ideas y también incentivar el ejercicio del pensamiento, además de dar esperanza.</p>
<p>Porque Osvaldo ya pasó una pandemia, que dejó serias secuelas en su vida. Cuando era un bebé se contagió de la polio, lo que afectó seriamente sus piernas y le causó un grado de invalidez que lo ha acompañado toda la vida.</p>
<p>Pero además de su movilidad, aquella pandemia dejó también graves secuelas emocionales en su madre. “Mi mamá se enfermó para toda la vida”, dijo Osvaldo, quien afirmó que la gente no debe tener miedo.</p>
<p>“Nosotros éramos muy pobres y dormíamos todos juntos en una habitación. Yo dormía con mi hermano y él no se contagió”, explicó.</p>
<p>La polio no impidió que Osvaldo pudiera aprender un oficio, trabajar y formar una familia junto a su esposa Marta. En unos días cumplirá 76 años y es el orgulloso padre de dos hijos ya grandes: Gabriel, de 51 y Lorena de 36.</p>
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<p>El oficio</p>
<p>Para Bruzzone la relojería y joyería fue prácticamente un legado familiar. Su tío abuelo era relojero y de él aprendieron el padre y el tío de Osvaldo.</p>
<p>“Mi padre era relojero y mi tío grabador, aunque mi papá trabajó durante muchos años en una casa de fornituras, que son las piezas de relojería”, explicó.</p>
<p>Por ello no es raro que él haya comenzado a trabajar en el taller a los 13 años en un negocio de la calle Libertad, en el centro de la Capital Federal.</p>
<p>Poco después, siendo muy joven, abrió su propio negocio junto a su amigo Juancito. Los dos se turnaban para trabajar en el taller y atender a los clientes. Pero cuando el socio enfermó, Osvaldo quedó solo al frente del negocio.</p>
<p>Tuvo una joyería de barrio durante muchos años en Vicente López, mientras su esposa Marta tenía una peluquería en José León Suárez. Pero la familia vivía en Boulogne, por lo que la vida no era fácil.</p>
<p>“Me asaltaron dos o tres veces”, explicó Osvaldo que pese a todas las adversidades comenzaba a ver los frutos del trabajo.</p>
<p>Sin embargo, un día Marta le planteó que no podían seguir viviendo a ese ritmo y por medio de un conocido que se había radicado en Necochea, llegaron a la ciudad en 1974.</p>
<p>“Tuvimos que empezar de nuevo”, afirmó Osvaldo.</p>
<p>En un local donde funcionaba al frente la peluquería de Marta y detrás el taller de Osvaldo, y con “un esfuerzo descomunal”, volvieron a ponerse en marcha.
En su taller Osvaldo comenzó a trabajar para joyerías y relojerías de la ciudad hasta que pudo instalar su propio local en pleno centro. “Todo hecho con estas manos”, afirmó.</p>
<p>A pesar de lo especializado de su trabajo, Bruzzone se define como “un obrero” y afirma que todo lo ha hecho “con un enorme sacrificio”.</p>
<p>Si bien hoy necesita trabajar, como todos, Osvaldo afirma que su aporte a la comunidad es quedarse en casa, por eso ha preferido mantener su joyería cerrada.</p>
<p>Aunque también es consciente de que el escenario está cambiando. “La tecnología mata cualquier oficio. Lo triste es que a pesar de ello no ha permitido abaratar los precios de ningún producto”, se lamentó Osvaldo.</p>
<p>No obstante, no pierde las esperanzas de poder volver pronto a su trabajo. Mientras, sigue escribiendo sus ideas con la intención de hacer reflexionar a quienes leen sus escritos sobre la necesidad hacer un cambio profundo en nuestras vidas.</p>
<p>El desalojo</p>
<p>Un día me acerqué a un sauce porque despertó en mí la curiosidad de saber por qué siempre lloraba, y este me respondió: “Esas lágrimas no solamente son de llanto sino también de alegría”.</p>
<p>De inmediato le pregunté qué sentía cuando eran de alegría y este me contestó: “Esas son cuando sale el sol, cuando llueve, cuando la gente sonríe, cuando veo justicia, cuando veo personas honestas, cuando no hay guerras, y así, podría seguir nombrando muchas otras tantas más”.</p>
<p>Entonces rápidamente le dije: “Bueno, ahora dime por las lágrimas de dolor”.</p>
<p>“Me causa angustia la injusticia, la perversidad, la avaricia, el egoísmo, el poder desmedido, la arrogancia, la deshonestidad; y esto se debe a que los seres humanos no piensan en el desalojo. Nadie en la historia de la humanidad lo ha podido evitar, ni el más rico y poderoso de la Tierra, me refiero al desalojo de la vida nuestra. Puede ocurrir en cualquier momento, por eso pensemos en comportarnos mejor para que esto se materialice y tengamos siempre presente, el desalojo”.</p>
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                <updated>2020-08-10T15:40:02+00:00</updated>
                <published>2020-08-10T15:40:02+00:00</published>
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            Cambió el  caballo por la guitarra
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sFAS3keR3kDHZvzlV6LSgNGxnww=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/2-personajes-1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Ariel Pascualetti creció en el campo y en la adolescencia se convirtió en jinete. Hasta el año pasado participó en jineteadas por todo el país. Pero ya desde hacía un tiempo repartía su tiempo entre el vértigo de montar, el trabajo rural y su pasión por la payada
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<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
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<p>Al paso que la cultura urbana parece arrasar con todo, la música folclórica parece haber ido quedando en los márgenes y sus cultores retrocedido ante el avasallante impulso de ritmos extranjeros, voces en inglés o en un español cargado de acentos caribeños y jerga callejera.</p>
<p>El folclore reina en los pueblos, pero ni siquiera allí hay muchos cultores de la música autóctona.</p>
<p>La música surera, propia de la pampa húmeda, esa que ya vivía en las páginas del Martín Fierro, tiene hoy pocos intérpretes en los pagos de Necochea y menos aún si se trata de payadores.</p>
<p>Al norte del distrito, en Juan N. Fernández, vive Ariel Pascualetti, un trabajador rural de 44 años que tiene la particularidad de reunir en su persona al jinete y al payador.</p>
<p>Hijo de una maestra necochense, Ariel se crió en el campo y a los 14 años decidió dejar sus estudios secundarios para trabajar como peón rural. A los 15 comenzó a montar en las jineteadas.</p>
<p>Fue precisamente como jinete que Ariel se hizo conocido en toda la región. Participó en jineteadas en toda la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Chubut y Santa Cruz. “El Calafate fue lo más al sur que llegué y también monté en El Prado de Montevideo”, explicó.</p>
<p>Si bien a Ariel no le gusta presumir de sus habilidades como jinete, a lo largo de su carrera de 28 años en jineteadas de todo el país obtuvo premios en Necochea, Lobería, Santamarina, Benito Juárez, Cura Brochero (Córdoba), Sarmiento (Chubut), El Calafate, Rauch y en Villa Angela (Chaco).
Mientras tanto, tímidamente, Ariel decidió esforzarse para domar sus propios dedos y aprender a tocar la guitarra con la intención de convertirse en payador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la punta de los dedos</p>
<p>“En mi familia no había músicos, nadie cantaba, pero a mí desde chico me gustó aprender versos criollos”, explicó Pascualetti, que en la actualidad tiene 44 años y dos hijos adolescentes.</p>
<p>Aún recuerda que los primeros versos que aprendió eran de Luis Domingo Berhó, el más grande poeta del campo bonaerense, nacido muy cerca de Necochea, en los pagos de Lobería.</p>
<p>Pero no fue hasta que tuvo más de 20 años que Ariel se propuso dar algún paso más en dirección a la poética gauchesca y decidió aprender a tocar la guitarra.</p>
<p>Tomó las primeras lecciones con Marcelo Grau en Juan N. Fernández y luego comenzó a viajar a Necochea para tomar clases con el payador uruguayo Carlos López Terra, que estaba radicado aquí.</p>
<p>“Ahí fue donde me empecé a largar”, dijo Ariel, que ya en 2005, con 29 años, se sintió lo suficientemente seguro para subir al escenario y payar con amigos en algunas jineteadas.</p>
<p>Luego, con Claudio Iglesias, de Claraz, salieron a hacer algunas presentaciones en contrapunto y tuvieron oportunidad de presentar en radios de Azul y Tandil.</p>
<p>Ya lanzado, Ariel participó en certámenes de Olavarría y tuvo oportunidad de actuar en su doble rol de jinete y payador en dos ocasiones en Villa Ángela, en la provincia de Chaco.</p>
<p>En 2015 grabó un CD: “Jinete y payador”, que tiene cuatro canciones propias y que se difunde en programas de música folclórica de la región.</p>
<p>Pascualetti, que también tomó clases con Gustavo Ibarroule, lamenta no haber tenido todavía la posibilidad de conseguir continuidad como payador.</p>
<p>Él sabía que su carrera de jinete se terminaría y cree que la mejor manera de seguir vinculado al mundo de las jineteadas, que es el que más le gusta, la guitarra y la improvisación pueden ser el camino.</p>
<p>“Improvisar es una práctica, un ejercicio. Creo que en ese sentido haber sido jinete durante tanto tiempo es un punto a favor”, afirmó.</p>
<p>Ariel recuerda como una de sus mayores satisfacciones como payador el haber tenido oportunidad de “improvisar con los número uno: Martita Suint y José Cubelo”.</p>
<p>Ya alejado de las jineteadas y cuarentena mediante, Pascualetti ha perdido el contacto con el mundo de las jineteadas que tanto le gusta. En el futuro tal vez haya un disco con temas propios y un sueño: alcanzar como payador el mismo o mayor reconocimiento que como jinete.///</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sFAS3keR3kDHZvzlV6LSgNGxnww=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/2-personajes-1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Ariel Pascualetti creció en el campo y en la adolescencia se convirtió en jinete. Hasta el año pasado participó en jineteadas por todo el país. Pero y...]]>
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                <updated>2020-08-02T13:23:07+00:00</updated>
                <published>2020-08-02T08:21:23+00:00</published>
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            El trompetista que soñaba con la sinfónica
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<p>Por Juan José Flores</p>
<p>Redacción</p>
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<p>Una de las razones por la que hoy Leandro Melluso es miembro estable de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires es un concierto que la Sinfónica Nacional ofreció en el gimnasio del instituto Alta Mira.</p>
<p>A los 11 años había comenzado a estudiar trompeta con Juan Carlos Gesualdi e incluso había integrado la Pequeña Jazz Band, pero fue escuchar y ver a la Orquesta Sinfónica Nacional lo que definió su camino como músico. Supo en ese momento que quería ser uno de aquellos músicos.</p>
<p>Tal vez uno de los mejores premios al esfuerzo que ha recibido este joven músico es haber tocado como músico contratado durante más de dos años con la Sinfónica Nacional. Leandro no puede definir lo que sintió la primera vez que tocó con esa orquesta: “Es impresionante. Es como ir al cine y de pronto estar dentro de la película”, afirmó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un gran talento</p>
<p>“Mis talentos son la constancia y el trabajo”, afirmó Leandro, que en la actualidad es miembro estable de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.</p>
<p>Esta orquesta, que incluso fue creada dos años antes que la Sinfónica, es una de las más prestigiosas del país y tiene su sede nada menos que en el Teatro Colón.</p>
<p>Melluso logró su ingreso a la OFBA el año pasado, luego de concursar para integrar las principales orquestas sinfónicas del país. Ser parte de la Filarmónica es un premio a la constancia y al esfuerzo de este joven músico necochense.</p>
<p>Para lograrlo dedicó la mayor parte de su vida al estudio. Afirma que aún hoy uno de sus talentos es su capacidad de estudiar.</p>
<p>Todo comenzó cuando con 11 años ingresó al instituto de Juan Carlos Gesualdi. Conocía a un chico que estudiaba allí: Federico Carreras, un saxofonista que hoy reside en Barcelona.</p>
<p>Como es sabido a Gesualdi le gusta que sus estudiantes aprendan tocando, así que no pasó mucho tiempo para que integrara a Leandro a la Pequeña Jazz Band. En aquella banda se encontraba también Federico, Lucas Ferrelli, Nicolás Trucco, Toti Galante, Nelson y Ezequiel Gesualdi y Tomás Halbach (Jeites).</p>
<p>Al terminar el secundario y con la impresión de haber visto a la Orquesta Sinfónica Nacional, Leandro se fue a estudiar a Buenos Aires, al Conservatorio Juan José Castro, con el maestro Hugo Lozano.</p>
<p>Luego estudió en el Conservatorio Nacional (hoy UNA), con el maestro Osvaldo Lacunza, y también el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Músico estable</p>
<p>A diferencia de otros músicos de Necochea que residen y trabajan en Buenos Aires y que Leandro conoce y trata, él se dedicó exclusivamente al estudio. Si bien integró un ensamble y también un grupo de reggae, su principal objetivo en los últimos años fue concursar para alcanzar su sueño de integrar una orquesta sinfónica.</p>
<p>Concursó para integrar las principales sinfónicas del país e incluso llegó a tocar con la de la ciudad de Mar del Plata. Aunque trabajar como contratado de la Sinfónica Nacional fue uno de sus más grandes gratificaciones.</p>
<p>“Tuve la oportunidad de tocar el día que se inauguró el Centro Cultural Néstor Kirchner”, recordó. Hoy el CCK es la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional.</p>
<p>Pero haber concursado e ingresado a la Filarmónica de Buenos Aires es sin duda su mayor logro.</p>
<p>Esta orquesta, integrada por 110 músicos y dirigida por el mexicano Enrique Diemecke, es una de las más prestigiosas del país. Suele tener como invitados a los solistas clásicos más destacados del mundo en sus presentaciones en el Teatro Colón.</p>
<p>Leandro es el único músico de Necochea en la Filarmónica y cree que es el primer necochense en integrarla.</p>
<p>A pesar de los años dedicados al estudio y las exigencias de tocar en una orquesta de estas características, Leandro sigue sintiendo la emoción de ser parte de esa impresionante máquina de sonido. “Es muy gratificando, más allá de la presión”, afirmó.</p>
<p>Además, para un estudioso como él, la orquesta es una oportunidad de constante aprendizaje. “Cada ensayo es un aprendizaje”, afirmó.///</p>
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                <updated>2020-07-26T12:14:52+00:00</updated>
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            “Por muchos aspectos, mi amor por Necochea es incondicional”
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<p>Con el corazón íntimamente ligado a Necochea, y una historia familiar que lo vincula con fuerza a esta región del Sudeste de la Provincia, Carlos Martín Cazenave cumplió el sueño de radicarse en nuestra ciudad y ahora disfruta de la tranquilidad de sus espacios durante todo el año.</p>
<p>Nació en Buenos Aires a fines de noviembre de 1956, aunque sus padres ya estaban afincados en City Bell, una localidad muy cercana a la ciudad de La Plata,  “ahí crecí, pasé toda mi infancia y adolescencia”, contó.</p>
<p>No obstante, nuestra ciudad siempre estuvo presente en su entorno familiar; su padre era de Lobería pero vivió aquí durante la adolescencia y en esta misma ciudad conoció a su esposa, que veraneaba con su familia desde siempre en nuestras playas.</p>
<p>Además, para Cazenave no existe otro lugar donde le interese pasar sus vacaciones, de hecho ha veraneado desde su más tierna infancia en nuestra localidad y desde hace dos años se radicó definitivamente en lo que denomina “su lugar en el mundo”.</p>
<p>Para reseñar algunos pormenores de su afición por Necochea contó que su padre nació en Lobería pero, al momento de cursar los estudios secundarios, se trasladó a nuestro medio.</p>
<p>“En aquella época a los chicos de los pueblos de los alrededores, como La Dulce, Juan N. Fernández y San Cayetano los mandaban a completar sus estudios a Necochea”.</p>
<p>A pesar de la corta distancia que los separaba, sus abuelos, Luis Emilio Cazenave y Cecilia Berrojalbis, extrañaban mucho a su único hijo, que con apenas doce años, vivía en una pensión de estudiantes; “conversaron al respecto y decidieron dejar Lobería”.</p>
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<p>Cambios</p>
<p>Por entonces, su abuelo era el intendente del pueblo y su esposa, directora de la Escuela Nº 1 de la vecina localidad pero ellos resignaron las comodidades de sus puestos para acompañar a su hijo. Así fue que don Emilio fue nombrado secretario en nuestro municipio y Cecilia Berrojalbis, pasó a ser directora de la Escuela Nº 2, “que por entonces funcionaba en el edificio pegado a la iglesia del Carmen”, evocó su nieto</p>
<p>El padre de Carlos Martín prácticamente creció en Necochea, donde cursó el ciclo secundario y se recibió de bachiller en el Colegio Nacional. Luego se fue a estudiar abogacía a La Plata “por entonces conoció a mi madre que pasaba los veranos en el chalet de 83 casi 10 y estuvieron 12 años de novio”.</p>
<p>Vale destacar que, por el lado materno también había predilección por estas playas dado que sus abuelos, Carlos María Emilia y Angélica Lamadrid, luego de veranear durante muchas temporadas en el hotel Marino, decidieron construir su vivienda propia.</p>
<p>En ese sentido, el entrevistado señaló que “un poco por un tema familiar y por otro montón de aspectos, mi amor por Necochea es incondicional. No conozco otro lugar que no sea este y no me interesa”.</p>
<p>Aunque entiende que no conoce muchos detalles de la historia de nuestra ciudad, compartió un episodio de la fundación de este medio y el vínculo entre Murga y Dardo Rocha “Necochea fue fundada el 12 de octubre de 1881 por Victorio de la Canal y Angel I. Murga, y un año después se funda La Plata”.</p>
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<p>Homenaje</p>
<p>En homenaje a su gran amigo, Murga le puso el nombre de Dardo Rocha a la plaza céntrica y relató que “en el centenario de La Plata se sacó la piedra fundamental y en el acta fundacional figuraba un tal Angel Ignacio Murga, del estuario del Río Quequén y lo mismo pasó con el acta de Necochea, porque eran íntimos amigos”.</p>
<p>Hace dos años Cazenave se radicó en nuestro medio, está divorciado y tiene cuatro hijos, un varón y tres mujeres, que residen en City Bell; a quienes no ha podido visitar a raíz de la cuarentena por el covid-19 y comentó que “mis hijos creen que me gusta Necochea en verano, por la playa, el sol o ir a pescar; sin embargo la soledad del resto del año es maravillosa”.</p>
<p>Es abogado y prestó cerca de 44 años de servicio en el Poder Judicial, “estoy tramitando la jubilación como prosecretario federal de Cámara”, expresó.</p>
<p>Encontró “su lugar en el mundo” y lleva una vida tranquila con habituales paseos por la playa, mientras espera poder retomar sus prácticas de golf, “una actividad que me gusta y me sirve para canalizar” y que tuvo que postergar a raíz de la pandemia.///</p>
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                <updated>2020-07-19T21:50:18+00:00</updated>
                <published>2020-07-19T00:05:21+00:00</published>
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